Revista de Humanidades n.º 54: 111-131
ISSN 0717-0491, versión impresa
ISSN 2452-445X, versión digital
DOI: https://doi.org/10.53382/issn.2452-445X.1034
revistahumanidades.unab.cl
Una poética de la incomodidad
lo punk en Mauricio Redolés[1]
A Poetics of Discomfort:
The Punk in Mauricio Redolés
María
Belén Pérez Silva
Pontificia
Universidad Católica de Chile
Av. Vicuña Mackenna 4860, Santiago, Chile
mbperez3@uc.cl
ORCID: 0000-0001-9397-1487
Resumen
En este
artículo se analiza la pose (Molloy) punk en el
quehacer artístico de Mauricio Redolés, lo que se
evidencia en su labor de autogestión, así como también en la estética y
temática de su obra. Se revisarán los textos de Roque Dalton y Carlos Pezoa
Véliz que fungen como articuladores de una genealogía punk personal, así como
también, poemas presentes en la antología El estilo de
mis matemáticas (2017)
que representan motivos ligados al punk (violencia, anarquía, caos, marginalidad)
y una estética acorde (faltas ortográficas, mayúsculas, juegos tipográficos).
Todo lo anterior, con la finalidad de reflexionar en torno a cómo opera la
influencia de este estilo musical en la poética de Redolés.
Palabras clave: punk, pose,
dictadura chilena, marginalidad, exilio
Abstract
The following text analyzes the punk (Molloy) pose in the artistic
practice of Mauricio Redolés, which is evident in his
self-management, as well as in the aesthetics and themes of his work. First, it
examines the texts of Roque Dalton and Carlos Pezoa Véliz, which serve as the foundation of a personal punk
genealogy, as well as poems from the anthology El estilo de mis matemáticas (2017) that
represent motifs linked to punk (violence, anarchy, chaos, marginality) and a
corresponding aesthetic (spelling mistakes, capital letters, typographic play).
All of this is done with the aim of reflecting on how this musical style
influences his poetics.
Keywords:
punk, pose, Chilean dictatorship, marginality, exile
Recibido: 15/01/2026 Aceptado: 29/04/2026
Introducción
El año 1976 creí ver
por primera vez en mi vida a unas mujeres punks. Esto fue a la entrada de un
centro comercial en la ciudad de Birmingham, Inglaterra. Tenían el pelo pintado
de verde, rojo y azul, pero no eran punks. (76)
Este fragmento
corresponde a una escena narrada en Algo nuevo
anterior (recuerdos). Lo
autobiográfico es parte de la obra de Redolés y en
esta vivencia resaltan dos aspectos: el lugar desde donde narra, que
corresponde a un pueblo de Inglaterra, país en el que residió diez años durante
su exilio político. Hecho que marca su escritura y que le permite a Soledad Bianchi
incorporarlo a la generación compilada en Entre la
lluvia y el arcoíris. Antología de jóvenes poetas chilenos (1983), ya que coincide con estos
autores en ciertas características: el uso de una lengua extranjera, el humor y
el lenguaje coloquial. El segundo, es la alusión al punk dado que es un estilo
musical y una subcultura que surge en Inglaterra y de la que Redolés se imbuye tempranamente.
Esta
evocación funciona a la manera de un metarrecuerdo,
puesto que recuerda que recuerda y, en este caso, que recuerda mal, ya que el
aparente error “creí ver” destaca la imposibilidad de marcar un hito inaugural
en que se identifica por primera vez el punk. Sin embargo, de todos modos, lo
escribe e inscribe, debido a que hay un reconocimiento y queda igualmente
situado en un espacio-tiempo. Asimismo, el pasaje enfatiza el carácter visual
del punk, que implica un modo particular de peinarse y pintarse el cabello y,
sobre todo, genera extrañamiento, de manera que el acontecimiento se narra a la
manera del encuentro con una rara avis.
A su
regreso a Chile, Redolés relata otra experiencia en
torno al punk y
se identifica con él: “una influencia que va más por el lado cultural que
literario. La actitud del punk uno la vivía diariamente: el gallo que iba en el
metro, se metía la mano a la chaqueta y sacaba un guarén, y la gente corría”
(51). Este recuerdo se publica en 1987 y corresponde a una entrevista realizada
por Carolina Díaz titulada: “Mauricio Redolés: poeta rockero”. En esa época el punk estaba en plena aparición en
el underground chileno, pero este desfase temporal[2]
es parte de su vivencia de exilio y lo sitúa como un pionero en asumir una
actitud punk, descrita con la imagen del guarén, un roedor que provoca asco y
rechazo, que suele alimentarse de los restos de la sociedad y que bien podría
funcionar como metáfora de lo marginal (en la narración es manipulado por
personas para amedrentar a otras en el metro, medio de transporte que ubica la
anécdota en la ciudad y, especialmente, en un recorrido popular, de la clase
trabajadora). Finalmente, la rebeldía y agresividad propias de esta subcultura
son incorporadas en la obra de Redolés, en tanto,
explicita en esa misma entrevista que su postura “es punk porque nuestra
realidad lo es” (43).
La frase
genera un distanciamiento, pues describe la realidad, pero pareciera que la voz
que la enuncia no forma parte de ella. En otras palabras, existe un arte punk
porque la realidad lo es y no existe en cambio una identificación, un “soy punk
y por ello mi arte también lo es”. Dado lo anterior, en el siguiente texto, se
plantea que dicho estilo está presente en la poética de Redolés
desde la noción de pose de Sylvia Molloy, es decir,
aquella que
remite a lo no
mentado, al algo
cuya inscripción la constituye la pose misma: la pose por ende representa, es una postura significante; pero 2) lo
no mentado, una vez inscripto y vuelto visible, se descarta ahora como “pose”:
una vez más la pose representa (en el sentido teatral del término) pero como impostura
significante. Dicho aún
más simplemente: la pose dice que se es algo, pero decir que se es algo es
posar, o sea, no serlo. (49)
Esta
aparente paradoja entre lo que se dice y lo que se es, se puede evidenciar en Redolés, en tanto emplea el punk como una pose, puesto que
no pertenece a esta subcultura, pero adopta ciertos gestos; ruido, agresividad,
lenguaje y una estética que son enunciados específicamente como punk. En este
sentido, el presente artículo revisa cómo el cantante/poeta habita la ciudad
desde dicha pose, es decir, desde el rayado, el afiche y desde la actitud de
situarse en los márgenes e incomodar al lector/espectador. Posteriormente, se
indaga en la musicalización de dos poemas de Bello barrio (1987): “Nada” de Carlos Pezoa Veliz y
“Epígrafe” de Roque Dalton, que funcionan como antecedentes significativos, en
tanto, desde épocas anteriores, articulan una sensibilidad afín a lo punk,
marcada por la
marginalidad, la violencia simbólica y la crítica social y que
, por supuesto, son reactivados y actualizados por Redolés
mediante su musicalización en esta clave estética. Finalmente, se analizan
aquellos poemas en los que el autor alude de manera explícita a la subcultura
punk, con el fin de reflexionar en torno a los usos y sentidos que adquiere
esta referencia en su poética.
La
ciudad punk: rayar, empapelar, poetizar
“El desorden también tiene su encanto
Un murciélago lucha con el sol”
Nicanor Parra
Los afiches
visten las paredes de la ciudad y con sus colores e imágenes atraen al
caminante desprevenido hacia un espectáculo, de manera que transforman al
transeúnte en público. El libro Mauricio Redolés,
50 años cantando y recitando. 100 afiches (2025) del autor homónimo captura el recorrido
musical/poético del artista mediante las diversas ilustraciones en las que se
convoca al público a asistir a sus presentaciones. La decisión de narrar dicho
recorrido desde lo gráfico enfatiza un modo de hacer afín a una ética punk, en
tanto privilegia prácticas cercanas al ‘hazlo tú mismo’ y a la autogestión
cultural[3].
Es el propio Redolés quien convoca a una
diversidad de actividades que van desde recitales poéticos, muchas veces
compartidos con otras figuras del ámbito literario, hasta eventos de carácter
político o musical, así como combinaciones de estos registros. En cuanto a la
gráfica, los afiches han sido creados por autores desconocidos o por
diseñadores y fotógrafos con trayectoria; en ocasiones, incluso, por el mismo Redolés, con intervenciones de su hijo cuando era pequeño,
de vecinos o amistades. Se configura así una selección ecléctica de estilos,
motivos y procedencias en la que conviven referentes del rock, la Nueva Canción
Chilena y el punk, entre otros.
El libro es
publicado por el sello y editorial independiente Beta Pictoris,
nombre que corresponde a una estrella que tiene la particularidad de albergar
las mismas condiciones con las que se inició nuestro sistema solar, de modo tal
que el nombre remite al inicio de una propuesta y se corresponde un acto
autogestión que permite operar por fuera de las lógicas del mercado y publicar
con libertad y con una línea editorial propia.
Entre la
variedad de afiches, destaca por su estética punk “Resistencia cultural”, que
corresponde a una presentación con fecha 19 de agosto del 2000 en San Pablo,
Santiago:
Figura
1
Afiche “Resistencia cultural”

Fuente: Mauricio Redolés,
50 años cantando y recitando. 100 afiches
(89).
El título
del afiche posee una tipografía disímil entre sí, rememora la gráfica punk, ya
que imita al grafiti, a la vez que el evento convoca a exponentes de este
estilo musical como a los Políticos Muertos y los Fiskales.
En la creación de este símbolo, se dejan ver los contrastes: blanco/negro,
vida/ muerte, noche/día y, en la parte inferior, unas cadenas que conforman una
A invertida que simboliza una estructura social opresora en contraposición a la
anarquía. El propio Redolés señala que “el nombre de
este fanzine podía entenderse como un juego de palabras que podía significar
que era algo que se colaba (se cuela) o bien también podía significar secuela
(como consecuencia de algo)” (50 años 88).
El habitar
poético de los textos de Redolés en la ciudad,
también se puede evidenciar en la apropiación que sus oyentes/lectores hacen de
su obra. Un ejemplo de ello es lo que ocurre con la canción “Química” del álbum
Química
(de la lucha de clases)
donde se narra una bofetada que el profesor de química le propina en la cara a
un estudiante y que, tal como se señala en el artículo, “‘Química’, de Mauricio
Redolés: una crónica del movimiento estudiantil en la
dictadura militar chilena” (2022) de Víctor Navarro, da lugar a que parte de su
letra sea elaborada a partir de un grafiti –“yo prefiero el caos a esta
realidad tan charcha”– publicado en La Bicicleta (1986).
Figura
2
Rayado publicado en La Bicicleta

Fuente: Mauricio Redolés,
50 años cantando y recitando. 100 afiches
(27)
De alguna
manera, existe en el oyente/lector de esta canción una actitud
punk
que se despierta. Tal
como señala Navarro:
El sentido de la
frase parece apuntar a un tipo de pensamiento anárquico, contracultural, no
alineado con la estrategia organizada y estructurada que los partidos de la
oposición llevaban adelante para derrocar a la dictadura, lo que también sería
contradictorio con la militancia comunista de Redolés.
(108)
A pesar de
que se cita una entrevista al propio Redolés donde
explica el vínculo de esta frase con el comunismo, de todos modos, se presenta
una sensibilidad punk.
Esta misma
inscripción urbana aparece en el poema “Basura de mi suelo” en el Estilo
de mis matemática, dado que se subdivide el texto en distintos
apartados que corresponden a medios de transporte en la ciudad: Metro 2, Metro
1, Colectivo 1 y culmina con Fuente de Soda 2 (único subtítulo que no
corresponde a un transporte). Precisamente, en Colectivo 1 se enuncia:
MABEL Venero a mi
EN ESTE MOMENTO Diosa desde
TE DESEO TODO antes de
LO BUENO QUE PASAMOS conocerla
PM P.S (y aún no lo hago)
Rayados en el muro
oriente de la pieza de la esquina suroriente del 7777 en julio de 1996. (Redolés 69)
En este
caso, la voz poética explicita que lo que está escrito corresponde a un grafiti
y , a diferencia del rayado anterior que invita a la
reflexión en torno a la política, acá son el caos y la vida misma. En este
fragmento el escrito posee un tono romántico que al mismo tiempo pudiera evocar
un rayado de baño por su temática y, también, porque simula con el uso de
distintas tipografías (uso de mayúsculas y minúsculas) al grafiti, es decir, se
emplea la página a la manera de una pared, una estrategia que podría
identificarse en numerosos poemas, pero que en este se enuncia a sí mismo.
En Subcultura.
El significado del estilo
(2004), Hebdige explica que
El estilo en la
subcultura viene, pues, cargado de significación. Sus transformaciones van
“contra natura”, interrumpiendo el proceso de “normalización”. Como tales, son
gestos, movimientos hacia un discurso que ofenda a la “mayoría silenciosa”, que
ponga en jaque el principio de unidad y cohesión, que contradiga el mito del
consenso. (34)
Respecto de
asuntos como la tipografía punk, Hebdige las
comprende desde esta mirada rebelde, más aún, identifica la tipografía con las
letras recortadas de los secuestros.
Este tipo
de textualidades –el afiche como el grafiti– circulan fuera del libro o del
escenario y se tornan susceptibles de ser reescritas, desplazadas y
resignificadas, reforzando su carácter abierto y su afinidad con lógicas
subculturales. En este sentido, la ciudad se transforma en un espacio de
lectura expandida, donde la poesía se mezcla con el ruido, el tránsito y la
contingencia.
En suma, la
relevancia de afiches y grafitis acentúan en la obra de Redolés
una pose punk, una actitud de “Hazlo tú mismo” propia de esta subcultura y que
le permite enunciar un discurso no hegemónico. Al respecto, se puede recordar
la entrevista en el programa televisivo De Pe a Pa
(1996) donde el propio Redolés afirma que:
en alguna oportunidad
me censuró el Consejo Nacional de Televisión […] Yo sin la televisión estoy
bien […] participo de un circuito que está al margen efectivamente del gran
mundo de la televisión y del espectáculo en mayúscula y que es un territorio
mío.
Finalmente,
la autoexclusión declarada de Redolés respecto de los
medios masivos y del espectáculo en mayúscula no debe leerse como un acto de
aislamiento, sino como una toma de posición que delimita un territorio propio
desde los márgenes. La pose
punk que atraviesa su obra se configura, entonces, como una forma
de resistencia simbólica que insiste en la posibilidad de enunciar desde fuera
de las lógicas dominantes, haciendo de la ciudad un lugar de fricción, de
memoria y de disenso. Así, rayar, empapelar y poetizar no constituyen meras
acciones estéticas, sino modos de intervención que inscriben la poesía en el
conflicto mismo de lo urbano.
Musicalización
de poemas en clave punk
“Solo por diversión cantan las aves”
Nicanor Parra
En la obra de Redolés abundan influencias y referencias a otros poetas:
Carlos Pezoa Véliz (1879-1908), Vicente Huidobro (1893-1948), Nicanor Parra
(1914-2018), Rodrigo Lira (1949-1981) y Roque Dalton (1935-1975), entre otros.
La mayoría son mencionados y comprendidos a partir del vínculo de sus poéticas
con la oralidad.
En este
apartado se analiza la musicalización de los poemas[4]
“Nada” de Carlos Pezoa Véliz y “Epitafio” de Roque Dalton del álbum Bello
barrio (1987). Se
seleccionaron porque dan muestras claras de una impronta punk identificable en
el retrato de personajes marginados e ignorados por la sociedad, en el empleo
de tópicos como el alcoholismo, la muerte, el aislamiento y lo citadino y,
finalmente, en la elección de una sonoridad acorde con el punk.
El poema
“Nada” de Carlos Pezoa Véliz ha sido antologado en numerosas ocasiones, como en
Campanas
de oro (1997), en cuya
introducción, Mario Rodríguez advierte que pululan en su obra personajes como
vagabundos, perros callejeros, o seres maltratados por la sociedad. En relación
con este elemento específico de su obra, señala:
En la época de Carlos
Pezoa Véliz no solo se había expropiado el poder y el saber para el uso de la
clase dominante, también se había hecho lo mismo con una virtual subjetivación,
con un “sí mismo” elaborado por este pueblo. Poemas como “Nada” […] rechazan la
expropiación para mostrar que el pueblo es capaz de “franquear la línea” del
poder y del saber para “cabalgar” ese terrible afuera, donde todo se desvanece
bajo los golpes de la muerte. (12)
El ingenio
está en incluir un personaje que no suele ser retratado como parte del
entramado social y en otorgarle una subjetividad y un modo de moverse en la
ciudad. En detalle, el poema está compuesto por cuatro estrofas rimadas, en las
cuales se narra, a partir de una voz poética en primera persona singular, la
muerte de una persona. Se trata de una voz que atestigua el recorrido de un
sujeto que desde de la primera estrofa es etiquetado como un pobre diablo y que
el hablante exclama, al tiempo que especula: “¡Tal vez un perdido!”. A
continuación, se menciona cómo diversos agentes de la sociedad ignoran lo que
lo condujo a su muerte, entre ellos: el propio hablante, un juez, los vecinos
Pérez y Pinto. En la penúltima estrofa se especula acerca de su identidad, para
rematar con la labor del sepultador y con los últimos versos que ya forman
parte del imaginario nacional: “tras la paletada, nadie dijo nada, nadie dijo
nada…” (Pezoa Véliz 56). Estos versos resuenan en el lector/oyente de Bello
barrio, en tanto,
recuerdan a los detenidos desaparecidos en dictadura, puesto que este es un
motivo que atraviesa el álbum, más aún bajo la censura y silencio que rodea
este hecho. El poema al ser musicalizado se actualiza semántica y
pragmáticamente.
En el
ejercicio de resignificación del poema, se lo tiñe de una actitud y fuerza
punk, en tanto tiene motivos como la preponderancia del escenario citadino,
pero, por sobre todo, el darle relevancia a un
personaje que habita en los márgenes de la sociedad. Además, al poseer una
estructura rimada facilita su musicalización, en este caso, un ritmo acelerado
y sin pretensiones.
Por otra
parte, “Epitafio” de Roque Dalton, aunque más melodioso musicalmente, evoca una
marcha militar, un juego habitual de la estética punk como reacción frente a
las instituciones y la represión[5].
De ahí que al emplear símbolos de autoridad y de la cultura hegemónica, por
ejemplo, banderas y bototos militares, entre otros, la musicalización se
condice con este tipo de artificio disruptivo y provocador. En cuanto al poema,
está escrito en segunda persona y relata la vida de una persona llamada
“Phillips O’Mannion” y, al igual que con el poema de
Pezoa Véliz, el lector/oyente es enfrentado a la temática de la muerte, sin
embargo, esta vez el difunto posee un nombre propio, dado que se quiere
enfatizar que es un extranjero que muere lejos de Irlanda, extrañando su
tierra. Así, en lugar de rememorar a los detenidos desaparecidos, trae a la
palestra la figura del exiliado.
“Nada” de Carlos Pezoa Veliz y “Epitafio” de
Roque Dalton funcionan como antecedentes literarios y como evidencia de un
sentimiento histórico de marginalidad, de un hablante que es capaz de percibir
a personajes que no participan de la sociedad y que habitan en los bordes. En
cuanto a la musicalización en clave punk, ambos poemas se plantean desde
diversas aristas: en “Nada” el foco está en la rapidez y en “Epitafio” en la
simulación de una marcha militar. Cabe destacar que en ambos existe una
preponderancia de la voz de Redolés, un elemento que
ha sido analizado en la música punk:
este estilo musical
se desenvuelve con una instrumentalización de guitarra, bajo y batería. Por su
parte, la voz se convierte en uno de los elementos sonoros más importantes en
la ejecución performática, utilizándola y entregándole diferentes matices, ocupándola
para generar disonancias con ruidos y gritos además del canto. Esta expresión
generalmente utiliza altos volúmenes vocales. (Canales 86)
En
consecuencia, la musicalización de “Nada” y “Epitafio” no pueden entenderse
como un mero acompañamiento sonoro, sino como una operación estética que
reactualiza los poemas al inscribirlos en una poética
punk
marcada por la oralidad,
la urgencia y la confrontación, pues en ambos la voz se oye fuerte y decidida. Redolés desplaza textos provenientes de tradiciones
literarias distintas hacia un nuevo régimen de escucha, donde la voz adquiere
un rol testimonial. Ya sea mediante la aceleración rítmica y despojada de
“Nada” o por la simulación de una marcha militar en “Epitafio”, la
musicalización tensiona el sentido original de los poemas y los rearticula en
diálogo con la experiencia histórica de la marginalidad, el exilio y la
violencia política. De este modo, la voz fuerte y decidida de Redolés no solo acentúa el carácter performativo del punk,
sino que también convierte al hablante lírico en un testigo que interpela al
oyente desde los bordes, actualizando estas escrituras en el presente y
reafirmando su vigencia como formas de resistencia simbólica.
El punk nombrado
con todas sus letras
“En la sinceridad está el peligro
Yo me gano la vida a puntapiés”
Nicanor Parra
En Mauricio Redolés, lo punk opera como una estrategia subversiva, ya
que se vale de sus temas recurrentes y su estética para dar testimonio de una
realidad que violenta. El poeta-músico se sitúa desde los márgenes para
enunciarse y es, por ello, que recurre estratégicamente al punk, en tanto
estilo musical propio de una subcultura, inclusive como significante que
esconde su experiencia del exilio (Pérez 2023). Sin embargo, lo punk no se
limita solo a una pose, actitud o estrategia, sino que también permea su
escritura, tal como el punk es identificado por Yanko González en la
introducción de la antología El estilo de mis matemáticas:
poemas donde las
vocalizaciones atonales o el ruidismo son
protagónicas. Desarmonías, vibraciones inestables y afinaciones cambiantes que
se emparentan con la sensibilidad cruda y descuidada del rock, pero
fundamentalmente con la agresividad disruptiva del punk: destruyendo la
linealidad melódica del poema mediante la celeridad rítmica y la ruptura de la
sintaxis. El carácter fronterizo de esos “textos” ha resultado a la postre lo
menos digerible –y soportable– para nuestra tradición literaria, aunque, paradójicamente,
como prueban las anécdotas de censura, son los que más se han enraizado en la
lectoría y la escucha, justamente por su eficacia disruptiva, en su sola
sencillez y descuido estético punk: el poema como gesto sin más pretensiones.
(González 15)
En algunos
poemas de Mauricio Redolés, la voz y el sonido
adquieren un rol protagónico, privilegiando la disonancia, el ruido y la
ruptura del ritmo y la sintaxis. Esta forma de escritura es cercana a la
estética punk, sin embargo, también se pueden hallar algunos poemas en los que
se menciona explícitamente la palabra punk y que permiten comprender una
postura del hablante en relación con esta subcultura, al tiempo que analizar
los elementos propios de este estilo que son identificados y empleados como parte
de una estrategia escritural. Por ejemplo, en el siguiente poema que es
transcrito de manera íntegra:
MUJER PUNK EN
BICICLETA CASI ATROPELLA A MUJER DE PELO NORMAL EN KING’S CROSS
frena a tiempo
y su pelo rojo es
como una bandera ahogada
vuela hacia adelante
y termina de ir y vuelve
la mujer de pelo
normal no me sugiere nada. (Redolés 46)
En este
poema el título en mayúsculas no cumple su función tradicional, esto es, en
tanto palabra o frase que da cuenta de lo que tratará el texto, sino que
desafía la estructura clásica al formar parte del poema. Además, es enunciativo
y narra un encuentro entre dos mujeres que aparentemente estuvieron al borde de
un choque. Una de ellas es identificada como punk y anda en bicicleta, mientras
que la otra es normal e ignoramos si va en bicicleta o caminando. El relato
construye una metáfora en la que la mujer que va a mayor velocidad es punk,
mientras que quien es normal se ve interceptada por la aparición de alguien que
irrumpe sorpresivamente en su camino. Su cabello es rojo, un color imposible,
en tanto es de fantasía y pueden funcionar como metáfora de alarma y fuego,
pero, asimismo, la imagen se enfatiza con la comparación: “y su pelo rojo es
como una bandera ahogada” (46). Nuevamente, se busca escandalizar mediante la
asimilación de un símbolo patriótico con el pelo de una mujer y, en especial,
de una mujer punk.
En cierta medida, se trata de un emblema que es vulgarizado, no obstante, el
poema expresa movimiento en relación con el punk, pero se detiene cuando en el
último verso afirma que “la mujer de pelo normal no me sugiere nada” (46).
Otro poema
en el que se alude explícitamente al punk es “Bello barrio” título homónimo al
del álbum. El poema es extenso y profundiza en la descripción de un barrio de
Santiago que no ha sido corrompido. La crítica Macarena Urzúa destaca este
aspecto: “En el poema de Redolés se observa aún esa
añoranza del espacio en el que existe esa convivencia y cabe preguntarse si el
sentido de comunidad de la poesía tiene el poder de subvertir ese orden” (67),
al tiempo que lo relaciona con la elaboración de una “añoranza de ese espacio
utópico” (67).
El punk,
sin embargo, no responde
a la nostalgia, sino que funciona como metonimia de las minorías marginales, de
aquellos que habitan los espacios periféricos de la ciudad. Es así que
finalmente no son parte del bello barrio, pero son bienvenidos. Se los nombra en
una extensa anáfora, de la que solo se cita un fragmento: “Aquí nadie
discrimina a los pankis porque todos somos/ pankis” (180) Sin embargo, la anáfora reitera la idea de
que todos son recibidos en el barrio y, especialmente, no son discriminados:
negros, obreros, mujeres, chicanos, comunistas, chilenos, rockeros,
pankis, mapuche, hindúes. La enumeración de estas
minorías y la inclusión del punk entre ellas se condice con el afán de
crear un espacio utópico que no puede ser más que imaginado.
A
modo de conclusión
La trayectoria
vital y estética de Mauricio Redolés puede leerse
como una pose autoral, en el sentido propuesto por Sylvia Molloy,
en tanto forma de autofiguración pública mediante la
cual el sujeto construye estratégicamente su identidad y su lugar de
enunciación. Desde esta perspectiva, la experiencia del exilio, su retorno y su
posicionamiento marginal en el campo cultural no operan solo como antecedentes
biográficos, sino como recursos performativos que le permiten situarse
críticamente frente a la realidad social, cultural y política que habita. Así,
el punk emerge como una estrategia estética y discursiva para expresar los
márgenes, tensionar lo hegemónico y producir una poética de la incomodidad que
se manifiesta tanto en su escritura como en su performance y en la circulación
de sus textos.
La ciudad
emerge como un espacio central y permite un desplazamiento de la poesía fuera
del libro y la inscribe en prácticas como el afiche y el grafiti. Estas
textualidades urbanas refuerzan una postura del “hazlo tú mismo” que es
identitaria del punk, no solo como estilo musical, sino como actitud frente a
los circuitos oficiales de legitimación cultural. En este sentido, la
autoexclusión declarada de Redolés respecto de los
medios masivos no implica aislamiento, sino la delimitación de un territorio
propio desde el cual enunciar.
Asimismo,
la musicalización de poemas de tradiciones literarias diversas –“Nada” de
Carlos Pezoa Véliz y “Epitafio” de Roque Dalton– evidencia una operación
estética de resignificación, donde la aceleración rítmica, la simulación de una
marcha militar y la centralidad de la voz inscriben estos textos en una clave
punk marcada por la oralidad, la urgencia y la confrontación. La voz de Redolés adquiere, así, un carácter testimonial que
reactualiza los poemas y los vincula con experiencias históricas de marginalidad,
exilio y violencia política.
Finalmente,
en aquellos poemas donde el punk es nombrado explícitamente, se confirma que
esta referencia no responde a la nostalgia ni a una pertenencia subcultural
estricta, sino que funciona como una metonimia de las minorías y de los sujetos
desplazados que habitan la ciudad. De este modo, el punk en Redolés
se configura como una forma de resistencia simbólica que, más que definir una
identidad, posibilita una práctica poética situada en los bordes, capaz de
incomodar, intervenir y reescribir el espacio urbano como lugar de disenso y
memoria.
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de Letras, n.º
42, 2008, pp. 57-72.
[1] Agradezco a Ignacio Sánchez
Osores por su lectura acuciosa y por su acompañamiento en el proceso
escritural, así como a Cristóbal Fernández por las conversaciones sostenidas y
el tiempo generosamente brindado.
[2] Se ha documentado en
textos como Punk Chile No: (1986- 1996) 10 años
de autogestión (2019) de Jorge Canales que el
surgimiento del punk en Estados Unidos e Inglaterra ocurre al menos diez años
antes que en Chile. Además, cabe destacar que el modo en el que ingresa a Chile
es precisamente a través de los casetes y vinilos que traían los exiliados
retornados. Es por ello, que la fecha de la entrevista a Mauricio Redolés es
relevante, más aún, si se considera que el primer festival punk se había
realizado el año anterior, 1986.
[3] Parte de la filosofía
punk incluye consignas como el “do it your self”, que se refleja en la
autogestión cultural, creación de editoriales y fanzines, entre otras
expresiones. Para mayor profundización, respecto de la cultura escrita, se
puede revisar Notes from Underground: Zines and the Politics of Alternative
Culture (1997) de Duncombe.
[4] El presente análisis se
enfoca en la reflexión en torno a los gestos y poses punks. Se especifica al
respecto, dado que existe una línea de estudios enfocada en comprender
distintas variables de la musicalización de poemas. Algunos exponentes de la
crítica chilena son Eisner, Meza, Carrère.
[5] Tal como señala Hebdige,
el punk empleó la técnica del bricolage así como la desacralización de objetos para escandalizar, un
ejemplo que menciona es el uso de la esvástica.