Revista de Humanidades n.º 54: 223-262

ISSN 0717-0491, versión impresa

ISSN 2452-445X, versión digital

DOI: https://doi.org/10.53382/issn.2452-445X.1038

revistahumanidades.unab.cl

 

 

La revista Familia bajo la dirección de Marta Brunet (1935-1939)

 

Familia under the direction of Marta Brunet (1935-1939)

 

 

Claudia Darrigrandi

Universidad Adolfo Ibáñez

Av. Diag. Las Torres 2640, Santiago, Chile

claudia.darrigrandi@uai.cl

ORCID: 0000-0003-0650-2346

 

 

Resumen

 

En el presente artículo se analiza la revista Familia (1935-1939), editada por Zig-Zag dirigida a mujeres de clase media y alta, a partir de sus contenidos y secciones. Se arguye que la dirección de Marta Brunet favoreció que, en las páginas de la revista, junto con secciones dirigidas a las madres y esposas, circulara un discurso a favor del derecho al trabajo remunerado fuera del hogar. Esta defensa del trabajo de las mujeres se desplegó en registros escritos (columnas, artículos, noticias) y visuales. En ese contexto, se plantea que esta intervención de Brunet logró matizar los contenidos de una revista femenina y exhibió un imaginario de mujer moderna anclado, especialmente, en la imagen de la empleada que cumple funciones administrativas.

 

Palabras clave: Marta Brunet, revista Familia, revista para mujeres, trabajo.

 

Abstract

 

The following article analyzes Familia magazine (1935-1939), a magazine published by Zig-Zag aimed at middle and upper class women, based on its contents and sections. Marta Brunet’s management favored the circulation in the pages of the magazine of a discourse in favor of the right to paid labor outside the home, along with sections aimed at mothers and wives. This defense of women’s work was displayed in written contents (columns, articles, news) and visual records. In this context, it is proposed that this intervention by Brunet managed to nuance the contents of a women’s magazine and exhibited an imaginary of a modern woman anchored in the image of the employee who fulfills administrative tasks.

 

Keywords: Marta Brunet, Familia Magazine, Women’s Magazine, Work.

 

Recibido: 04/11/2024           Aceptado: 14/05/2025

 

 

 

1.      La omnipresencia de Brunet en la revista Familia

 

La segunda etapa de la revista Familia (1935-1939)[1], de la editorial Zig-Zag, ha pasado desapercibida entre muchas otras revisas misceláneas y comerciales que publicó la editorial durante la primera mitad del siglo XX. Entre ellas destacan Zig-Zag (1905-1964), Ecran (1930-1969), Para Todos (1927-1931); y entre las dirigidas explícitamente al público femenino, Margarita (1934-1953) y Eva (1942-1974). En sus ochenta páginas semanales, y con una diversidad de contenidos que la hacen una revista femenina dirigida a mujeres de clase media y alta[2], Marta Brunet instaló una política de contenidos que desmarcan a Familia de ser una revista estrictamente femenina. Para María Isabel Menéndez, estas revistas “serían aquellas de temática femenina (dedicadas al espacio reproductivo y a la feminidad)” a diferencia de las revistas dirigidas a mujeres que “serían las que establecen a las mujeres como público objetivo y cuyos intereses pueden ser diferentes” (193). Por su parte, para Claudia Montero, las revistas femeninas publican contenidos que no cuestionan los estereotipos de género (Y también 261). Pabla Ávila, al referirse a Zig-Zag, plantea una perspectiva que podría aplicarse también a Familia. Al identificar un cruce entre el formato magacín y las revistas de mujeres, señala que “fundamentalmente se trata de información que puede reproducir normas y comportamientos socialmente aceptados, al mismo tiempo que ofrece alternativas que se contraponen con ellos” (85). En este contexto, esgrimimos que la figura de Marta Brunet fue fundamental en ampliar los horizontes de una revista femenina para desarrollar contenidos de una revista para mujeres. Si bien, este tipo de publicación ofrece flexibilidad, como señala Ávila, destacamos que en el marco de este formato –cualidad dada también por su materialidad–, la mayoría de los contenidos bajo la dirección de Brunet está orientada a las mujeres; excluyendo así otros públicos lectores.

A veces directamente, otras de forma oblicua, Brunet promovió el debate y la exposición de problemas atingentes a la condición de las mujeres. Como señala Osvaldo Carvajal, las declaraciones políticas partidistas de Brunet no son frecuentes, son sutiles y las explícitas ocurren en ocasiones muy puntuales (452; 457-462). En “Mosaico”, una sección de Familia a cargo de Rebeca de Fuenzalida, la columnista recuerda un consejo de la directora: “escriba usted a propósito de cualquier cosa, comente lo que mejor le agrade; pero ¡por favor!, no diga nada sobre política chilena” (6). A pesar de esta advertencia, evadiendo lo explícito y excluyendo la palabra feminismo, Brunet incluyó en las páginas de la revista contenidos de carácter político. En ese contexto, uno de los rasgos más destacables de la dirección de Brunet es que instaló un discurso a favor del trabajo de las mujeres, en general, y del trabajo remunerado, en particular, por medio de columnas, reportajes, fotografías e ilustraciones, a diferencia de otras revistas femeninas de Zig-Zag, como Margarita. También es cierto que ese discurso no fue homogéneo ni constante a lo largo de los cinco años que dirigió la revista, probablemente, porque debía matizar o suavizar esa demanda y socialmente no había consenso sobre ese tema. Según Soledad Zárate y Lorena Godoy durante la década de los treinta el trabajo de las mujeres comienza a ser socialmente más tolerado, pero todavía no es totalmente aceptado (Zárate y Godoy 46).

La participación en la prensa de Marta Brunet tuvo varias formas: columnista, cronista, crítica literaria, editora y, por supuesto, también se materializó como colaboradora de poemas, cuentos y otros contenidos. Su trabajo como columnista y cronista ha tenido la atención de Natalia Cisterna, Catalina Concha y Consuelo Díaz, quienes han abordado sus columnas de la revista Ecran, y Karim Gálvez, quien ha editado antologías con selecciones de sus publicaciones en La Discusión, El Sur, La Hora y Familia. Gálvez plantea que Brunet cubrió tres ejes temáticos: artes y letras, viajes y vida cotidiana y mujeres tanto en el mundo público como en el privado (El periodismo 80). Esa participación múltiple en los campos literario y cultural nos habla de una autora heterogénea pero también de una mujer de prensa que ocupó cargos relevantes para el desarrollo del periodismo chileno como miembro del directorio del Instituto de Periodistas (“Noticiario femenino”, 26 en. 1938, p. 59), cuando aún no se fundaban las escuelas de periodismo. También representó a Chile en el Congreso Panamericano de prensa, organizado por el círculo de periodistas de Valparaíso (“Noticiario femenino”, 13 en. 1937, p. 71).

En este artículo se propone una lectura de Familia a partir de sus secciones y contenidos y se arguye que, además de implementar un editorialismo programático (Beigel) que hace de Familia una publicación a medio andar entre la revista femenina y la revista para mujeres, el discurso sobre el derecho al trabajo se desplegó en registros escritos y visuales. Parte de esa defensa se desarrolla en la columna editorial y en secciones en las que se abordan temáticas de educación y trabajo, muchas de ellas acompañadas por una iconografía de mujeres en actitud de trabajo. Además, intensificó las posibilidades que la revista entregaba como espacio formativo (Delgado). Y, por último, contribuyó a la (re)construcción de genealogías de mujeres en ámbitos de la historia y la cultura.

Desde sus inicios la revista fue dirigida por Francisco Méndez; sin embargo, en noviembre de 1935 asume la codirección Brunet. No se precisa cuándo Méndez dejó la dirección y, a partir de mayo de 1936, se dio a entender que la escritora chillaneja es la única responsable de la dirección, en un comentario de Mary-Sol, encargada de la sección “Estafeta”. Además, en el número del 21 octubre de 1936, Isabel Morel informó de un homenaje a Marta Brunet como directora de la revista (“Homenaje” 16). Bajo su dirección se construyó como ninguna otra revista del grupo editorial Zig-Zag lo había hecho hasta la fecha, un imaginario de las mujeres modernas en relación con el trabajo. La revista revela un esfuerzo por defender el derecho al trabajo de las mujeres y a su independencia económica. Si bien concordamos con lo que plantea Rubí Carreño al decir “que la ‘orientación’ que propone Familia consiste en fomentar el ingreso de las mujeres a lo público, pero protegiendo a la vez las concepciones tradicionales de los géneros y el vínculo de subordinación entre ambos” (56), también esgrimimos que en la revista circulan intervenciones que cuestionan la subordinación de los géneros. Por lo tanto, lo que se observa es que el modelo tradicional de mujeres y lo moderno convivieron en la revista[3]. Si se consideran los cinco años de su segunda etapa, destaca que esta interpela a mujeres solteras, casadas, fueran empleadas o dueñas de casa, preferentemente de la clase media y alta. Sin duda, la mayoría de los contenidos son para madres, esposas y casaderas, pero se identifican contenidos, visuales y escritos, que se desmarcan de esas potenciales lectoras para acoger a quienes deseaban o tenían la necesidad de tener un empleo.

Familia fue una revista de corte magacín, con contenidos misceláneos para mujeres. En palabras de Eduardo Santa Cruz, el magacín es un “[p]eriódico ilustrado, estructurado sobre la base de numerosas secciones” y añade que “dichas publicaciones contribuyeron de manera importante a una ampliación y expansión de la cotidianidad” gracias a la incorporación de “temas, lugares, personajes y situaciones” (37). En su primer número Familia se presenta como “El semanario que puede entrar en todos los hogares”, afirmación que no solo implicaba la voluntad de llegar a una audiencia amplia, sino también como una herramienta útil para la gestión del hogar:

 

Ferviente anhelo de la dirección será que Ud., lector, se interese por esta revista que nace para servirle y entretenerle; que Ud. coopere con sus ideas y sus colaboraciones; que cuando ella caiga en sus manos, sepa encontrar en sus páginas la resolución de aquellos problemas que le preocupan a Ud., constantemente; que, al contarse como favorecedor de la revista, se acerque a su redacción, porque “Familia”, debe, en todo caso, reflejar el alma de la familia chilena. Hecha en Chile, por periodistas y obreros chilenos. (“Este primer número” 3)

 

Desde el primer año de Familia, Brunet publica bajo el nombre de Isabel de Santillana la columna editorial. Además, colabora con la sección “La señora y la cocina”, sección que incluye un apartado firmado por la Hermanita Hormiga, autora del libro Tratado de arte culinario, publicado en 1931 y del cual Brunet sería la autora. La firma de Brunet también circula en la revista como autora de poemas, de críticas o reseñas literarias, de cuentos y novelas por entrega[4]. Es probable que Brunet se haya hecho cargo de otras secciones y que haya redactado, al menos por temporadas, la sección “Estafeta: Despacha Mary-Sol”. Hasta el año 1937, una de las secciones más estables es “Reflexiones color del tiempo”, firmada por Bárbara, una “niña bien, con auto, perro y pololo” (“Bárbara y el puerto” 12). Detrás de Bárbara también está Marta Brunet[5]. Bárbara demuestra profundos conocimiento de la actualidad literaria y cultural chilena, también comenta sobre el teatro nacional (“Bárbara y las lecturas”; “Bárbara y el teatro nacional”). Ciertamente, muchas otras autoras podrían revelar esos conocimientos, sin embargo, también se presentan temas o anécdotas que se vinculan estrechamente con la biografía de Brunet, como son los problemas a la visión (“Bárbara y la miopía”). Por último, al cumplirse un año de la revista junto con Isabel de Santillana, en su columna editorial, Bárbara es la única en hacer ese reconocimiento, celebra ese primer año con una reflexión sobre su autofiguración en la columna (“Bárbara y yo”).

Bárbara es joven e independiente, pero es una joven que dista mucho de las muchachas frívolas que son blanco de crítica de Isabel de Santillana. En ese sentido, el tono educativo y moralizador también está en Bárbara, aunque a diferencia de De Santillana, en sus columnas también hay mucha ironía. Bárbara enjuicia a las niñas ociosas, los dictados de la moda, critica los matrimonios y los comportamientos desmedidos. Y es, a su vez, una mujer gozadora, que disfruta de su independencia, “hace turismo”, va al teatro con sus amigas, etc.[6]. De este modo, Brunet despliega en la revista no solo un repertorio extendido de mujeres bajo su dirección, sino también exhibe las destrezas de la autora, al explorar en un mismo espacio voces narrativas y personajes que ocupan distintos lugares que los procesos de modernización abrían, muchas veces gracias a ellas mismas, para las mujeres. En un homenaje que se le rinde a Brunet, Isabel Morel destaca su capacidad como editora por ofrecer una mirada amplia de los intereses de las mujeres:

 

Toda la gama de intereses que la mujer demanda está presente en las columnas de esta Revista: la interrogación y la respuesta, la intención y la sugerencia, el romance y el humorismo, cuando no el comentario de sátira fina, pero inflexible, de Bárbara, que, prendiendo banderilla, hace cátedra en la mentalidad de la mujer de hoy. Bárbara o Isabel de Santillana, cálida y agudamente, muestran, cada cual, en su tonalidad, el problema interesante en que precisión y firmeza de juicio, incita a la reflexión y refina el pensamiento. (16)

 

Esta cita invita a pensar que Bárbara también es un seudónimo de Brunet. Ella estaría detrás de dos autoras de columnas; una soltera, más liberal y aventurera; la otra, aunque moderna y defensora de los derechos femeninos, no deja estar anclada al hogar y al deber ser femenino. Si fuera así, habría que destacar la estrategia de Brunet por desplegarse en estas dos voces para convocar a mujeres diferentes de los sectores medios y altos.

 

 

2.      Mujeres y trabajo en Familia

 

2.1. Las columnas de Isabel de Santillana

 

La promoción del trabajo realizado por mujeres y su defensa se proyecta de distintas maneras en la revista. Número a número Isabel de Santillana abre con su comentario editorial en el que en más de una ocasión se hace cargo de temas que se están debatiendo públicamente[7]. La columnista transita entre un modelo convencional de mujer, que recuerda la responsabilidad de las mujeres en el hogar y, en otras ocasiones, se aventura a cruzar estas fronteras para defender el trabajo asalariado, el derecho a ocupar cargos en empleos públicos y privados[8] y a recibir la misma retribución económica que los hombres. Dentro o fuera del hogar, Brunet insiste en que las mujeres deben educarse y servir al país.

En 1936, De Santillana critica el “intento de bajar los cupos para mujeres en los empleos fiscales y semifiscales”, y que no pueda ascender al 20% del total de los empleos (“Trabajos femeninos” 3). Aunque su argumento no enfatiza la libertad y el derecho de las mujeres a trabajar, da cuenta de la resistencia que el trabajo femenino despertaba todavía en la sociedad chilena. De Santillana cierra con una declaración incontestable: “la mujer que trabaja no lo hace ni por esnobismo ni por frivolidad. Lo hace porque lo necesita” (3)[9]. Esta necesidad es un asunto que De Santillana esgrime a lo largo de los cinco años que escribe la columna editorial. Ese mismo año, en diciembre se vuelve a expresar indignada por la ley de los empleados particulares que formalizaría la disparidad de salarios entre hombres y mujeres ante un mismo trabajo, capacidad y eficiencia.

Uno de los rasgos que destaca en De Santillana, a pesar de no pertenecer a ninguna agrupación de mujeres o feminista, es la importancia del colectivo y el sentido de unidad que puede dar la identidad sexo-genérica. Como plantea Natalia Cisterna sobre Marta Brunet, “una de las particularidades de su trayectoria profesional fue su habilidad para leer políticamente su campo cultural, reconocer en él las oportunidades y obstáculos que se le presentaban y así establecer contactos con agentes y generar estrategias de posicionamiento en las esferas letradas” (3). De Santillana deja clara la importancia de la unión de todas las mujeres, más allá de creencias religiosas y políticas y destaca en su discurso que lo que piden es un derecho. Ese deseo de unión y la importancia de omitir barreras de clase, creencias e ideologías tiene su correlato en los contenidos de Familia. En “Solidaridad”, De Santillana, ante la negativa de algunas mujeres para apoyar la igualdad de salarios, señala:

 

¿No somos acaso todas las mujeres, mujeres trabajadoras, obreras de nuestra propia vida, obligadas a ganarnos el pan? Y trabajadoras o no, en la escala social que sea, diferenciadas por nivelaciones, religiones e ideologías, ¿no somos siempre mujeres, debilidad que debe apoyarse en otra debilidad para así adquirir esa fortaleza que da la unión? (3)[10]

 

Brunet ocupó el espacio de Familia para promover en las mujeres el trabajo fuera del hogar y, así, contribuir a naturalizar esa experiencia. La identificación de una desventaja común a todas las mujeres subyace a su labor como editora, periodista y escritora. Plantea Cisterna que en la revista Ecran entre los años 1935 y 1936, mientras en paralelo dirigía Familia, Brunet “participó con sus semblanzas [de escritoras y artistas] en un esfuerzo colectivo de mujeres por definir un nosotras en el mundo cultural” (4). Esta idea del nosotras aparece también en una columna de Isabel de Santillana a inicios de 1939:

 

Cada cual en su puesto en la hora actual, y cada cual sirviéndolo con una honradez que le sale del corazón y que hace realizar el trabajo minuciosamente, buscando alcanzar lo perfecto. Usted, yo, todos. Usted en su trabajo de obrera, yo en este intelectual, todos en la especialidad que tengan, y cada uno entregando de sí mismo lo mejor, forma única de alcanzar esa armonía, ese ritmo que es necesario para nuestra patria. (“Cada cual en su puesto”19)

 

Es necesario destacar esta conciencia de lo colectivo, de los derechos y de la identidad sexo-genérica en las columnas de Marta Brunet. Así, es posible trazar una continuidad en su trayectoria. De Santillana comparte con Marta Brunet de Ecran, la importancia del trabajo para la participación y contribución pública de las mujeres. Si en Ecran, destaca Cisterna, que el trabajo no doméstico es uno de los ejes que dan forma a los perfiles que publica (4-10), De Santillana de forma clara y directa es una férrea defensora del trabajo y de la expresión de las mujeres en espacios públicos. Otras veces, sin embargo, suponemos que dada la resistencia que despertaba el trabajo en los grupos más conservadores, De Santillana recuerda a sus lectoras que la formación y la independencia económica son impostergables, pero deben ir de la mano con una formación para ser una “excelente dueña de casa y madre consciente” (“Dulce hogar” 3).

En consecuencia, esta postura fluctuante de Isabel de Santillana revela los debates que se daban sobre el trabajo realizados por las mujeres fuera del hogar. En la celebración del segundo año de Familia, después de enfatizar que la revista busca potenciar que las mujeres sean excelentes madres, esposas y dueñas de casas, De Santillana señala que no se les puede negar a las mujeres la satisfacción de su deseo por aportar al colectivo:

 

actúe en el hogar, en la escuela, en las profesiones liberales, en las artes y las letras, en el comercio, en la fábrica, en la oficina, donde sea, en fin. “Familia” ha tratado siempre de ser una ayuda, un estímulo contribuyendo por medio de sus colaboradoras a que la mujer chilena sea el modelo de perfecciones que anhelamos recónditamente. (“Dos años” 3)

 

En la medida que el empleo femenino suscitaba críticas porque amenazaba el de los hombres, o en el caso de que las mujeres tuvieran dificultades para salir de hogar, De Santillana promueve en más de una ocasión pensar en otras opciones:

 

Como hay demasiados médicos, hay demasiados oficinistas y la mujer, inteligentemente, debe empezar a mirar otras cosas, otras ocupaciones, otros oficios que le presenten mayores seguridades para el porvenir inmediato. Mujeres jardineras, en una pequeña quinta puedan prestar su servicio. Mujeres enfermeras, que las reclaman médicos y clínicas […] Mujeres agricultoras, con enorme demanda en la granja. Mujeres queseras derivado de la industria de la leche, que está tomando entre nosotros un auge enorme. Y así se podría enumerar, largamente, la lista en que la mujer con espíritu innovación hallaría campo propicio. (“Para la mujer” 3)

 

Otro espacio en que los estudios y el trabajo ocupa un lugar relevante son las secciones de correspondencia. Destaca la sección “Estafeta: Mary-Sol”, que cumplía la función de ser mediadora entre la audiencia lectora y los responsables de las secciones y la dirección de la revista. La estafeta resuelve dudas sobre suscripción o concursos de la revista hasta asuntos de vestuario, modales y estudios u oportunidades laborales, por ejemplo, en el número de 13 de enero de 1937, Mary-Sol responde que: “Para ser Visitadora Social y Enfermera, es decir: para ser admitida en la escuela respectiva, es necesario haber dado el bachillerato y para la última profesión es requisito también indispensable tener más de veinte años” (85). En el ejemplar del 17 marzo de ese mismo año nuevamente resuelve consultas sobre estudios:

 

Puede usted asistir a la Escuela Técnica Femenina que está ubicada en la Alameda esquina de Santa Rosa, siguiendo el curso de juguetería que a usted le interesa. Expóngale usted su situación a la señora Directora, que es una gran mujer, muy inteligente y comprensiva. Ella le indicará todo lo que debe hacer. (70) [11]

 

 

2.2. Familia como un espacio formativo

 

Desde otra perspectiva, la revista en sí misma –su producción y factura– es evidencia de la participación de las mujeres en el mercado laboral, en este caso, en la prensa y el área editorial. La mayoría del equipo estaba compuesto por mujeres, salvo un par de excepciones. Marta Brunet fortaleció la revista como un espacio formativo (Delgado) y, además, gestionó un cambio significativo en la visibilización de las mujeres que estaban detrás de la factura de la revista, aunque muchas de ellas usaron seudónimos. Si bien, en otras revistas de la editorial Zig-Zag como Para Todos, Ecran y Margarita la participación de mujeres era también común, en Familia se destaca y se exhibe dicha participación.

Al cumplirse un año de la revista, por primera vez aparece en la portadilla, en un lugar destacado, el nombre de Marta Brunet como directora y los nombres de cada una de las colaboradoras, algunas de las cuales participaron en la revista desde los inicios de su segunda etapa, al igual que Brunet (fig. 1). Pero no vuelve a ocurrir hasta diciembre de 1936 cuando se adopta como política editorial (figs. 2 y 3). Junto con exhibir los nombres que componían el equipo editorial, el 23 de diciembre de 1936 también cambió el epígrafe a “La revista hecha por mujeres chilenas para las mujeres chilenas”, expresión que la Estafeta Mary-Sol ya había utilizado para referirse a la revista al responderle a uno de los lectores, en el número del 13 de mayo de 1936, en la sección “Estafeta: Despacha Mary-Sol”, la responsable le responde a un lector (no se publica la pregunta) lo siguiente:

 

En la dirección y redacción de la revista hay exclusivamente mujeres, muchas de ellas escritoras muy conocidas y cuyas firmas han de serle a usted familiares […] Bien se puede decir que es una revista hecha por mujeres chilenas para las mujeres chilenas. (86)

 

Este epígrafe que ya circulaba internamente en mayo, reemplazó oficialmente en diciembre al que tenía desde sus inicios: “El semanario que puede entrar en todos los hogares”.

 

 

Figura 1

Familia, 27 de mayo de 1936, 3.

 

 

Figura 2

Familia, 23 de diciembre de 1936, 3.

 

 

Figura 3

Familia, 17 de marzo de 1937.

 

 

La inclusión de los nombres de las colaboradoras en la portada o portadilla no era común en las revistas del período y en el caso de Familia duró solo unos pocos meses. En el número del 24 de marzo de 1937 esta información se elimina y al número siguiente, el del 31 de marzo de 1937, se cambia el epígrafe a “Todo lo que a Ud. le interesa”. La fugacidad de ese epígrafe es una, entre otras señales, que invitan a pensar en que las decisiones de Brunet podían ser cuestionadas por la casa editorial. Estos cambios abruptos que tienen relación con la visibilidad de las mujeres y la expresión de roles menos convencionales para el período de su publicación constituyen pistas sobre la constante negociación que Brunet debe haber tenido con Zig-Zag y, por qué no, con la audiencia lectora que no necesariamente simpatizaba con todas las propuestas de la revista.

Para potenciar el trabajo de las mujeres la revista lanzó una convocatoria para atraer corresponsales mujeres que indicaba que “el trabajo no exige conocimientos previos” y que la revista “enviará a las señoras y señoritas que se interesen amplios datos y las instrucciones técnicas para facilitarles su tarea” (“Corresponsales de Familia” 3). Esta convocatoria refuerza el carácter formativo de la revista. El anuncio se repite durante los primeros meses de 1938, y conforme se van sumando las nuevas corresponsales sus aportes son expuestos con especial dedicación (figs. 4, 5 y 6). Entre las múltiples noticias sobre las actividades de artistas, escritoras, periodistas, deportistas, educadoras e intelectuales, desde que se incorporan las corresponsales esta sección incluye un recuadro especial para ellas y sus notas, el que muchas veces va acompañado de una fotografía de los eventos informados y/o de la corresponsal a cargo. Esta decisión editorial es similar al gesto que señala Cisterna con la publicación de fotografías en las columnas que Brunet publicó en Ecran (9). Es el trabajo y su disposición a este el que la revista Familia destaca, sean mujeres artistas, visitadoras sociales, educadoras o deportistas.

Una síntesis de ese ímpetu por potenciar el trabajo de las mujeres de la forma adecuada lo expresa claramente Isabel de Santillana en la celebración del cuarto año de Familia:

 

Dirigir una revista, buscar redactores, disponer temas, distribuir secciones, tal vez no sea cosa difícil. Pero buscar el tono, sí que lo es. “Familia” quería ser la revista de la mujer en tren de cultura, inquieta por aprender, que ansía desenvolver su personalidad, con miras a un trabajo que le independice económicamente […].

Y venía la pregunta: ¿Cómo reaccionarían ustedes? Una revista no vive de sí misma, vive del público. Nuestra razón de ser eran ustedes.

Y la respuesta fue la acogida entusiasta. (“Cuatro” 4)

 

En términos de Paulette Silva Beauregard, las revistas ilustradas, género al que se adscribe el magacín, constituyeron espacios educativos complementarios en la medida en que llenaban vacíos en el área de la educación y cultura que el Estado, incipiente durante el fin de siglo XIX, no podía asumir. Además, señala que la temprana modernidad estaba generando otros espacios para los procesos de instrucción (377). Aunque la autora refiere a revistas venezolanas de finales de siglo XIX, estas ideas son extrapolables a las revistas comerciales de inicios del siglo XX chileno. Gonzalo Catalán, señala que en 1914 en Chile se publicaban 531 diarios, periódicos y revistas, señal de un mercado de impresos dinámico y en expansión (102). Y si bien el mercado del libro también se había expandido, en los años treinta no existían revistas de casas editoras comerciales, orientadas hacia las mujeres de clase media que deseaban o tenían que trabajar fuera del hogar; sí existían los materiales desarrollados por los establecimientos de educación comercial (Queirolo 66). Por lo tanto, en el contexto de la formación y educación de las mujeres chilenas, sin duda que Familia contribuyó con sus contenidos a hacer del trabajo asalariado de las mujeres una realidad cotidiana visible y como mediadora entre las instituciones educativas y la audiencia lectora.

 

Figura 4

 “Noticiario femenino”, Familia, 26 de enero de 1938, p. 59

 

 

Figura 5

“Noticiario femenino”, Familia, 2 de febrero de 1938, p. 58

 

 

Figura 6

“Noticiario femenino”, Familia, 17 de noviembre de 1937, p. 58

 

 

 

3.      Mostrar y decir: el imaginario de la empleada

 

Brunet potenció los elementos gráficos y expositivos que materializaron un imaginario femenino diverso, en el que destacó la imagen de la mujer trabajadora, empleada y profesional[12]. A las columnas de Isabel de Santillana se suman reportajes y notas sobre las mujeres que trabajan, su personalidad y sus condiciones laborales, entre otros temas. Geraldine Rogers propone que “pensar las publicaciones periódicas como construcciones destinadas a mostrar (poner a la vista, dar a leer) implica en primer lugar atender a una dimensión performativa que puede o no coincidir con las declaraciones explícitas” (14). Con el paso del tiempo, el “Noticiario femenino” dedica más espacio a las noticias para exponer el trabajo de las mujeres en diversas áreas, no solo del ámbito cultural que es uno de los más recurrente en sus primeros años, sino también aumenta la información sobre regiones y provincias. Las noticias de estudiantes universitarias, institutos comerciales y escuelas técnicas se incrementan. En ese sentido, la proliferación y enriquecimiento de estas noticias puede ser entendido como una respuesta performática a la decisión de eliminar el epígrafe “La revista hecha por mujeres chilenas para las mujeres chilenas”. Por otra parte, siguiendo las ideas de Rogers, la sección se circunscribe casi siempre al ámbito de las noticias y no al de las ideas, como una columna de opinión, por lo tanto, surge la pregunta de las posibilidades que entrega el género noticia para exponer, exhibir y de este modo publicitar, aparentemente, de un modo neutral. Esta información se convierte en un contenido fundamental que tensiona, o por lo menos equilibra, las otras secciones de la revista centradas en las labores reproductivas y de cuidado doméstico no remunerado. Por otra parte, la figura de las mujeres profesionales también es tematizada por Isabel de Santillana en su columna editorial, como cuando refiere a las enfermeras o cuando convierte su columna en un espacio para informar sobre las escuelas de verano o cursos que dictan otras intelectuales como ella en universidades y otros espacios educativos. De este modo, se establece un diálogo y una correspondencia, entre esa sección que abre la revista, que marca el tono –parafraseando a Brunet– con lo que después se muestra. Brunet establece un trayecto desde la columna editorial firmada por De Santillana, en las primeras páginas, hasta el “Noticiario femenino” que solía publicarse en el último tercio de la revista.

La revista dedica un espacio importante, aunque no siempre destacado a la reproducción de imágenes de mujeres realizando trabajos de escritorio o sentadas en un escritorio desarrollando alguna actividad vinculada al trabajo administrativo o intelectual. Como señala Queirolo, los trabajos administrativos, de secretaria y dactilógrafa se expandieron en las primeras décadas del siglo XX: “Fue hacia mediados de los años treinta, momento en que las burocracias privadas incrementaron su expansión, cuando la ocupación de secretaria se conformó en la cumbre de la carrera laboral de las mujeres en los empleos administrativos, especialmente dentro de las burocracias privadas” (60).

Para el caso de la revista Zig-Zag, Carlos Ossandón plantea que “el mostrar y la mirada se constituyen en los nuevos poderes, el decir y la lectura ya no son tan avallasadores como antes, y tanto el mostrar como el decir quedan igualmente tocados por la coexistencia o fricción que se establece entre ambos” (63). En este contexto, es importante destacar las ilustraciones que acompañan las secciones o contenidos escritos. Son muchas, aunque a veces pequeñas, las ilustraciones sobre mujeres sentadas en escritorios o manipulando alguna herramienta propia del trabajo de escritorio o de las comunicaciones. Estas imágenes nutren y refuerzan un imaginario de la mujer empleada. Por ejemplo, Mylena que da consejos a los padres se ilustra hablando por teléfono (fig. 10), Mary-Sol, la estafeta, está sentada en un escritorio con un cuaderno (fig. 9), las columnas de Isabel de Santillana que refieren a las empleadas muchas veces son acompañadas con ilustraciones de oficinas o empleadas sentadas en escritorios o mujeres realizando algún trabajo intelectual (figs. 7, 8 y 12). De este modo hay un énfasis en la mujer que desempeña trabajos administrativos o que desempeña una actividad relacionada con la escritura.

 

Figura 7

Familia, 20 de mayo 1936, p. 3.

 

 

Figura 8

Familia, 15 de julio de 1936, p. 3.

 

 

Figura 9

Familia, 11 de diciembre de 1935, p. 58.

 

 

Figura 10

Familia, 1 de abril de 1936, p. 79.

 

 

Figura 11

Familia, 8 de marzo de 1939, p. 4.

 

 

Figura 12

Familia, 29 de septiembre de 1937, p. 14.

 

 

Si bien no fue una constante durante los cinco años, sí hay períodos en que se publicitan centros de estudios técnicos (fig. 11). Aunque Isabel de Santillana invita a las mujeres a que desarrollen una diversidad de actividades con el objetivo de “hacer algo” (porque está el mandato de servir a la sociedad), evitando así el ocio, o a ganarse el sustento, visualmente la revista enfatiza el imaginario de la mujer desempeñando empleos de escritorio. Estas inclusiones gráficas dialogan también con folletines en que el mundo de la oficina, las secretarias y las dactilógrafas cobran protagonismo. De nuevo, según lo planteado por Cisterna, se observa un patrón en el estilo de Brunet. Según Cisterna, las imágenes de Alrededor de una mujer refuerzan la representación de autoras activas, dedicadas por entero a sus labores creativas e intelectuales y cuya mejor carta de presentación es su propia obra (“Alrededor de una mujer” 9). En este caso, mientras se expone la obra de las mujeres en la sección “Noticiario femenino”, también circula de forma persistente la imagen de mujeres que trabajan sentadas en un escritorio.

 

 

4.      Viejas y nuevas secciones: construyendo genealogías de mujeres

 

Familia tuvo otros espacios para mostrar la contribución de las mujeres chilenas o extranjeras al desarrollo de sus respectivas sociedades. En “Entrevistas de familia”, se observa una predilección por entrevistar a mujeres en comparación a figuras masculinas y, sean hombres o mujeres, las preguntas versan sobre educación, desarrollo laboral, profesional y derechos relevantes para las mujeres. Respecto de esto, destacan algunas entrevistas centradas en el voto femenino y las candidaturas de mujeres a cargos municipales (“Entrevistas de familia: con doña Elena Döll de Díaz” p.17). Entre los años 1937 y 1938 se inauguran nuevas secciones que exhiben el trabajo de mujeres tanto del pasado como del presente: “Voz de mujer en la penumbra”, “Mujeres chilenas”, “La santa de la semana” y “Nuestras escritoras”.

“Voz de mujer en la penumbra”, a cargo de María Cristina Menares, se compone de dos páginas donde se publican breves columnas, notas sueltas, poemas y pequeños perfiles biográficos de mujeres de distintas geografías y tiempos como Colette, Farida, Susana Lenglen, Wallis Simpson, por mencionar unos pocos ejemplos. Por su parte, “Mujeres chilenas” es una propuesta original para rescatar distintas figuras en el ámbito de la historia y la cultura. Se crea un archivo y construye una genealogía de mujeres que han ocupado un lugar destacado en la historia de Chile, en la literatura (sean autoras o personajes de ficción) y en las artes. De este modo, cada número ofrece una breve reseña biográfica de una figura literaria, histórica, artística o de la acción social. Es así que se publican notas y reseñas de mujeres como Paula Jaraquemada, Luisa Recabarren, Emilia Herrera, Cora Mayers, Isidora Zegers, Mercedes Marín, “La hechizada”, de Fernando de Santiván, Marina de Gaete, Mariana Cox, “Amalia”, de Armando Moock, Isabel Riquelme y Rosario Orrego, entre otras. Algo similar ocurre con la sección “La santa de la semana” y “Nuestras escritoras”, esta última a cargo Estela Miranda. Es decir, la revista, desde sus rasgos característicos como un soporte que se sustenta en la actualidad, lo nuevo o novedoso y la serialidad se constituye en un aporte para la construcción de genealogías. Este gesto recuerda la reflexión sobre el ensayo de género propuesto por Mary Louise Pratt, en el que una de sus variantes corresponde a la construcción de genealogías y archivos de mujeres. Por lo tanto, mientras De Santillana reflexiona sobre la condición de las mujeres, la revista, de forma material y performática, construye una galería de imágenes y breves notas biográficas de mujeres chilenas y extranjeras. La revista, de este modo, se suma a la elaboración de antecedentes que validan y le dan continuidad al quehacer de las mujeres que leyeron Familia en la década de los treinta y expone a las que se estaban desempeñando en trabajos fuera del hogar. Es así que Familia rescata, muestra, construye una historia y normaliza la disposición y el derecho al trabajo para las mujeres.

 

 

5.      La salida de Brunet

 

Cuando Marta Brunet deja la dirección de la revista en agosto de 1939, publica un texto de despedida para sus lectoras y, entre otros asuntos, cuando se refiere a las colaboradoras que número a número se hicieron cargo de las secciones, columnas y noticias, señala: “llenas de un fervor extraordinario por esta tarea de dar a conocer la obra de acción social, de expansión de la cultura que en cada ciudad la mujer chilena realiza” (“Marta Brunet se despide” 19). Argüimos que esta manera de despedir busca calmar tensiones: referirse al trabajo de las mujeres como “obra de acción social” y “expansión de la cultura” matiza otras ideas de la autora chillaneja que circularon en la columna editorial y mediante otras decisiones editoriales que ya se han expuesto. De este modo, no se desdice, pero renombra el trabajo de las mujeres con palabras clave vinculadas al servicio y a la beneficencia.

Se sabe que Brunet deja la revista para aceptar el cargo de cónsul en Argentina y no existe información sobre si ocurrió alguna censura explícita a su trabajo como directora. Como directora tuvo mucho poder para intervenir la revista; sin embargo, como señala Montero, Brunet era una editora empleada (“Un panorama” 301-303), una asalariada más como las tantas mujeres que buscó representar al abrir espacios simbólicos, literarios y materiales en Familia sobre el trabajo remunerado realizado por mujeres. Montero, además, ofrece una lectura que ayuda a entender la contradicción de contratar mujeres en un contexto en que el trabajo fuera del hogar aún era cuestionado. Señala la autora: “En una operación que tiene cierta paradoja, serían mujeres las que podrían entender y evacuar un producto en el tono de las necesidades de sus congéneres: solo mujeres entenderían qué quieren leer las mujeres” (“Un panorama” 302). Lo que quizás no previó la dirección de la editorial Zig-Zag es que Brunet utilizaría la revista para hacer del trabajo un tema más de interés para las mujeres.

Antes de la partida de Brunet, la revista Familia ya había sido cuestionada públicamente. En diciembre de 1937, la directora publicó en la primera página de la revista, un comunicado en el que respondía a las críticas que las revistas infantiles y femeninas habían recibido de parte del sacerdote Oscar Larson, colaborador de El Diario Ilustrado, un periódico conservador y católico (“Familia protesta”). La respuesta de Brunet deja ver que la revista, como muchas otras, era cuestionada desde un punto de vista moral, pero la acusación no era lo suficientemente precisa para identificar la razón, al menos para el caso de Familia.

Durante 1939 se observa que hay más espacio, sea en entrevistas o columnas, para reflexionar sobre los problemas de convivencia en los matrimonios, al mismo tiempo, que se plantea la soltería puede ser una opción para las mujeres. El divorcio aparece como un debate importante el año 1939 y eso se proyecta en la revista. En el número del 4 de enero de 1939, por ejemplo, se publica un texto firmado por Berta en que se le da instrucciones a la novia o joven esposa de cómo evitar a toda costa las desavenencias y discusiones con el marido (“Cuando se haya casado”); es decir, se la hace responsable de la armonía del hogar, recordando la figura del ángel del hogar tan característica de la literatura finisecular. Y en la página siguiente, el artículo está dedicado a las mujeres solteras que a los 40 o 50 años, después de haberse dedicado a cuidar a sus padres ancianos, deben buscar un trabajo, sea porque deciden dar un cambio en sus vidas o tienen la necesidad económica de hacerlo: “Es necesario tener carácter para empezar la vida a los cuarenta años […] Si usted necesita ganar dinero, hay muchos caminos para una mujer con iniciativa” (Zeta 18).

En el marco de un ciclo de “Encuestas”, revelador del editorialismo programático de la revista, destacan los siguientes temas: en diciembre 1938, se propone que la encuesta de familia verse sobre “¿Por qué trabaja la mujer chilena?”; en enero 1939 se propone la siguiente pregunta, “¿Por qué se casaría Ud.?”; en marzo 1939, se invita a responder si “¿Puede existir una verdadera amistad entre hombres y mujeres?”; en junio 1939, “¿Qué profesiones encuentra Ud. más apropiadas para la mujer?”, y en julio 1939, el mes anterior de la salida de Brunet, se propone la pregunta sobre el divorcio: “¿Es Ud. partidaria del divorcio?”. Nótese que la pregunta va dirigida a las lectoras, no a lectores. Regularmente los resultados se publicaban durante un mes, en este caso fueron publicados durante julio y agosto, dada la cantidad de respuestas recibidas[13].

El primer número en que Brunet ya no es directora es el del 9 de agosto de 1939, sin embargo, todavía es posible apreciar su trabajo, por artículos como “El matrimonio no es el único porvenir para la mujer” (15). El texto firmado por Silvia defiende la importancia de la preparación de las mujeres para trabajar porque es un beneficio para el colectivo. No obstante, enfatiza que nunca debe perderse la feminidad, que no se debe arrebatar los empleos a quien realmente los necesita, y fuera o dentro del hogar, el trabajo de las mujeres debe estar orientado al servicio colectivo. Planteamos, entonces, que entre los debates sobre el divorcio y la convivencia conyugal y la defensa del trabajo de las mujeres, es muy probable que Familia fuera foco de escrutinio por parte de la dirección de la editorial Zig-Zag.

Al inicio del número del 9 de agosto, destaca un anuncio en el que se consulta a las lectoras si están satisfechas con el contenido de la revista o si quisieran cambios:

 

¿Desearía Ud. alguna modificación? ¿Podría usted sugerirnos ideas nuevas que vinieran a relevar nuestra intención de entrar a la familia americana cuanto la mujer necesita para su esparcimiento y para sus labores? ¿Qué opinión tiene usted acerca de las secciones que le son familiares? ¿Cree usted que se necesitaría mayor suma de frivolidad o mayor suma de intensa gravedad orientadora? ¿Podría usted decirnos si prefiere el relato sentimental o la tragedia vivida, conservando siempre naturalmente, el sendero inamovible que presenta esta revista como elemento indispensable para todas las edades? ¿Prefiere usted literatura exquisita o cuentos intrascendentes y solo de entretención? (“Familia se dirige a sus lectores” 3)

 

¿Por qué se requerían cambios si la revista presentaba una continuidad en sus secciones y en sus colaboradoras y parecía no tener problemas de venta? La gestión de Brunet no pasó desapercibida y cruzó las fronteras más de lo esperado, al menos para la audiencia masculina. Brunet no solo había tematizado en la revista muchos asuntos que desestabilizaban las relaciones de género, sino que, además, había hecho de la revista una tribuna de voces femeninas. De mujeres escribiendo y hablando para mujeres. Este llamado a la audiencia para comentar los contenidos y expresar sus deseos sobre lo que les gustaría leer se mantuvo a lo largo de todo el mes de agosto. Un pequeño dato, pero no menor, refuerza la hipótesis presentada anteriormente y añade una pista concreta para afirmar que fue la audiencia masculina la que puso presión sobre esta revisión. En uno de estos anuncios de fines de agosto se invita directamente a los hombres a responder la demanda que la nueva dirección instalaba: “¿Qué modificaciones prefieren los hombres?” (“Familia se dirige a sus lectores” 21). A pesar de que en su presentación inicial la revista se dirigía a toda la familia, los hombres casi nunca fueron interpelados de forma explícita en la revista, nunca hasta ese número de agosto de 1939. Asimismo, tras la partida de Brunet la página editorial reforzó el imaginario tradicional de las mujeres al incorporar fotografías evocadoras de la maternidad como las del 16 y 23 de agosto de 1939 (figs. 13 y 14). Las imágenes de niños o las de figuras maternas, a excepción de los números iniciales, fueron muy escasas en la página editorial bajo el mandato brunetiano.

 

Figura 13

Familia, 16 de agosto de 1939.

 

 

Figura 14

Familia, 23 de agosto de 1939.

 

 

Brunet fue reemplazada por Isabel Morel, quien sí estuvo vinculada al movimiento feminista de forma concreta[14], pero que al hacerse cargo de la revista implementó cambios que opacaron el discurso a favor del trabajo de las mujeres y otros temas relativos a sus derechos e independencia económica. Es evidente que Familia implementa medidas para volver a destacar las figuras de la esposa y madre. Por ejemplo, el 30 de agosto se anuncia un “Curso de preparación para el matrimonio” (10). Se mantienen todas las secciones que estaban dirigidas a la administración del hogar y a la crianza y fueron eliminadas o intervenidas las que se centraban en un imaginario de mujeres diferente. Las secciones nuevas de 1937 y 1938, “Voz de mujer en la penumbra”, “Mujeres chilenas”, “La santa de la semana”, dejaron de publicarse a inicios de 1939. Solo duró un tiempo más, “Nuestras escritoras”. A las pocas semanas del cambio de dirección, “El noticiario femenino” fue reemplazado por “El noticiario de Familia” cuyo foco estaba en ser un “Panorama de actualidad social y mundial, mesa revuelta de valores femeninos y masculinos: la noticia de interés para todos” (p. 32). Luego, esta se cambia por “Antena de familia”, donde hay espacio para cualquier tipo de noticia o comentario, sin ninguna definición de lector ideal. Paralelamente, no se hicieron más encuestas de temas polémicos y se procura tener respuestas de hombres y mujeres. A fines del mes de agosto también se crea la sección “Antifaz y guante blanco” para que las mujeres expresen sus opiniones, pero con antifaz para que la audiencia no sepa quiénes son realmente y las familias de las autoras no se vean afectadas. Y guante blanco refiere al tono en el que se espera que se expresen las mujeres. De los cambios, el más radical es la inclusión de secciones en las que se le da voz exclusivamente a los hombres (“Lo que ellos piensan” y “Tribuna masculina”). Es posible que estos cambios hayan generado cierta reacción adversa entre las lectoras porque Isabel Morel tuvo que retomar en algunos comentarios editoriales el lugar protagónico de las mujeres en la sociedad, sin embargo, ese rol protagónico volvía a estar anclado en ideas tradicionales sobre el lugar de las mujeres.

 

Conclusión

 

Las revistas comerciales o de corte magacín suelen quedar en un segundo plano en comparación con las culturales por ser consideradas frívolas o superficiales. No obstante, son impresos fundamentales para acceder a la vida cotidiana. Las revistas marcan el pulso de una época y en sus páginas se expone de forma extensa y diversa lo que llamamos actualidad. Algunos planteamientos que se han hecho de las revistas culturales aplican, en el marco de los temas aquí abordados, para revista Familia, aunque desde su tipología, no sea una revista cultural. Para Alexandra Pita, “las revistas permiten visualizar las principales tensiones del campo cultural de un período, ubicándose en la intersección de los proyectos individuales y grupales que muestran las preocupaciones estéticas, políticas y de identidad de la modernidad (177). Para Gramuglio, por su parte, las revistas culturales “revelan el pulso de los tiempos en que se desarrollan, ponen en escena las novedades, recogen o protagonizan los debates de la época, definen posiciones en el campo intelectual” (192). Aunque Familia no está centrada en debates intelectuales ni culturales en cuanto a lo que refiere al arte o a la historia de las ideas, sí da cuenta de tensiones políticas, sociales y culturales en el marco de las discusiones sobre la independencia económica de las mujeres y sus posibilidades para ocupar libremente otros lugares políticos y sociales. Entonces, en el entramado de sus secciones se observa una permanente “negociación” que, con la salida de Brunet, pareciera ser una derrota. Pero la labor editorial de Brunet no debe pasar desapercibida; la misma censura da cuenta del impacto que causó su dirección de la revista. Años más tarde, la revista Eva también de Zig-Zag, entre 1947 y 1948, tomará la posta inaugurando una sección sobre nuevas profesiones femeninas, que realmente hayan sido nuevas en algunos casos es discutible, porque en Familia ya estaban circulando casi una década antes, pero señala un nuevo cambio de pulso al abrir las puertas, una vez más, a exhibir y tematizar el (derecho al) trabajo.

 

 

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[1]     La primera fue durante 19010-1928.

 

[2]     La revista no estaba dirigida a las obreras; sin embargo, en ocasiones y sobre todo en su primer año, la columna editorial hacía referencia a la situación de las mujeres obreras (“Hecho en Chile”). Algunos reportajes tiene en el foco a las obreras (“Cuatro pesos diarios es el salario medio de la obrera santiaguina”).

 

[3]     La revista Familia destaca por tener estabilidad en su política de secciones. La mayoría, si no todas, de las que estaban destinadas a apoyar a las mujeres con las labores domésticas y del hogar, y otras vinculadas al comentario de social o de actualidad, permanecieron durante toda la segunda etapa: además de la columna editorial de Brunet firmada bajo el nombre de Isabel de Santillana, habría que mencionar “Mosaico” (por Rebeca de Fuenzalida), “La aguja y el dedal”, “Buen tono” (por Anne), “Ser bella es saber ser bella” (por Kara Vislovna), “High Life” (por Curious Lady), “Casas e interiores”, “La señora y la cocina” (por la Hermanita Hormiga), “El plumero y la cocina”(por Tía Jacobita), “Tejidos de Familia”, “Moldes de Familia”, y las páginas dedicadas al cine y a las estrellas de Hollywood.

 

[4]     Entre los cuentos identificados podemos mencionar “Gabriela”, “Ana María”, “Romani”; “Dos hombres junto a un muro”, la novela policial “El crimen del Hotel Rex” que se publicó por entregas y la leyenda “Demonios sueltos”.

 

[5]     Agradezco a Natalia Cisterna por ayudarme a resolver esa duda a partir de una lectura conjunta de las columnas firmadas por Bárbara.

 

[6]     Entre otras columnas de la sección “Reflexiones color del tiempo”, véanse “Bárbara y la niña que no hace nada”; “Bárbara y la moda”, “Bárbara y Clark Gable”, “Bárbara y el puerto”, “Bárbara y la escuela rural”.

 

[7]     Son numerosas las columnas editoriales de Isabel de Santillana que promueven la educación, con el objetivo de entregar herramientas a las mujeres para su independencia, y el trabajo. En otras destacan: “Papá fisco” “Protesta”; “Solidaridad”, “Enfermeras”, “Para la mujer”, “Servir”, “Iniciativa femenina”, “Trabajos femeninos”, “Nuestro orgullo, “Pequeño trabajo”. Brunet se dirige a mujeres en distintas condiciones: las que están obligadas a trabajar por necesidad y las que simplemente quieren hacerlo, las que desean tener un ingreso adicional sin salir de su casa, las que deberían prepararse para un futuro incierto. En algunos casos la defensa es indiscutible, en otras ocasiones retoma la importancia de esa educación para desarrollar los quehaceres del hogar o expresa una reflexión aguda sobre el Estado como único empleador posible.

 

[8]     A veces Brunet retrocede con el discurso que promueve el trabajo asalariado fuera del hogar, como por ejemplo en “Educación práctica femenina”, cuando plantea que: “Sería necesario hacer de la escuela primaria femenina una prolongación del hogar dando una instrucción absolutamente encauzada a hacer de la mujer una buena dueña de casa y una excelente madre de familia. ¿Para qué engañarnos? Ese es el final natural nuestro: casarnos y tener hijos” (3).

 

[9]     En la columna del 5 de agosto de 1936, Santillana agradece al presidente Alessandri por evitar que las mujeres pierdan el derecho al trabajo (“Agradecidas” 3).

 

[10]    Y continúa: “Solo así, conectadas por las grandes corrientes que llevan a una aspiración común, logrará la mujer que se le tome en cuenta, que se lo reconozca su mérito, que se pese su opinión, que se le asigne el sitio a que tiene derecho” (3). En la edición anterior, De Santillana ya se había referido al problema, al presentarse el proyecto de ley: “Las mujeres de Chile, en un solo haz, protestamos de este acápite que va en mengua de nuestros derechos conseguidos después de tantas pruebas de eficiencia y de capacidad. Y esperamos que los Honorables componentes de ambas Cámaras, antes de pronunciarse sobre la ley en referencia, acuerden una modificación que ponga a la mujer que trabaja en el mismo plano que el hombre que trabaja, igualdad a que tiene derecho” (“Protesta” 3)

 

[11]    Durante los cinco años se publican numerosos artículos o reportajes, además de la columna editorial, que versan sobre la educación y el trabajo de las mujeres. Por ejemplo, “¿Se capacita a la mujer en el desempeño de oficios…?” (Matus de Zurita 14). Otros artículos intentan explicar el “fenómeno” de las mujeres que trabajan (Hunt).

 

[12]    Graciela Queirolo identifica que en 1952 del total de las mujeres asalariadas en Santiago, un 11% trabajaba en el sector administrativo privado, un 40% en el servicio doméstico, el 22% en otras ocupaciones sin especificar y el 27% eran obreras (64-65).

 

[13]    La propuesta de la encuesta en julio de 1939 sobre el divorcio se anuncia extensamente y se ofrece una breve reseña histórica sobre los proyectos de ley que habían existido hasta la fecha con sus respectivos derroteros. Así comienza la invitación: “Escabroso tema este, que hará arrugar el ceño a más de alguna lectora. Sin embargo, es preciso abordarlo. Necesitamos auscultar el sentir de la mujer en esta materia, con mayor razón ahora que la prensa ha anunciado que se halla en tabla para tratar durante este período de sesiones ordinarias del Congreso, el Proyecto Ley sobre divorcio” (“Tema de julio: ¿Es Ud. partidaria del divorcio?” 21 de junio de 1939, 28). Asimismo, con la encuesta se intenta contribuir a una reflexión profunda dada la cantidad de anulaciones de matrimonios y la indefensión en que quedan los hijos. La nota, por medio de palabras de Labarca, recuerda el doble estándar de muchos sectores sociales frente al divorcio.

 

[14]    Isabel Morel es el seudónimo de Delia Ducoing Cunich (1885-1947). Fue parte del movimiento feminista y de la masonería. A diferencia de Brunet se vinculó directamente con la institucionalidad que surgía al alero de la lucha por los derechos de las mujeres. Fue presidenta de la Unión Femenina de Valparaíso y dirigió la la revista Nosotras. Después se suma a la Legión Femenina de Educación Popular (Rojas Quioza).