Revista de Humanidades n.º 54: 425-467
ISSN 0717-0491, versión impresa
ISSN 2452-445X, versión digital
DOI: https://doi.org/10.53382/issn.2452-445X.1047
revistahumanidades.unab.cl
El Movimiento Pro-Emancipación de las
Mujeres de Chile (Memch) y la exposición “La mujer en el progreso nacional”
(1939): estrategias de educación popular y operaciones históricas para una
historia de las mujeres[1]
The Pro-Emancipation
Movement of Chilean Women (Memch) and the Exhibition “Woman in National
Progress” (1939): Popular Education Strategies and Historical Operations for a
Women’s History
Claudia
Montero
Universidad de
Valparaíso
Instituto de
Historia y Ciencias Sociales
Serrano 546,
Valparaíso Chile
claudia.montero@uv.cl
ORCID:
0000-0001-5209-0931
Resumen
El artículo
tiene como objetivo analizar la exposición “Actividades Femeninas. Mujeres en
la vida nacional: su contribución a las actividades y el desarrollo político,
social, económico y cultural de Chile” realizada por el Movimiento
Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch) en
1939. Desde un acercamiento teórico de la historia cultural y la historia
feminista, se plantea que para la organización esta exposición corresponde a
una estrategia pedagógica como parte de sus prácticas de educación popular. Su
idea era difundir el discurso feminista tanto dentro como fuera de la
organización, planteando el reconocimiento de las mujeres como sujetos sociales
y políticos. Con ello realizaron tres operaciones históricas: cuestionamiento
al relato historiográfico tradicional, visibilización
de datos sobre las mujeres en la historia y una intervención pública.
Palabras clave: historia
feminista, movimiento de mujeres, historia Chile del siglo XX, Memch.
Abstract
The article aims to analyze the Exhibition “Women’s Activities. Women in National Life: Their Contribution to the
Political, Social, Economic, and Cultural Development of Chile”, organized by the
Pro-Emancipation Movement of Chilean Women (Memch) in
1939. Drawing on theoretical approaches from cultural history and feminist
history, it argues that the organization conceived the exhibition as a
pedagogical strategy within its practices of popular education. Its goal was to
disseminate its feminist discourse both within and beyond the organization,
advocating for the recognition of women as social and political subjects.
Through this initiative, Memch carried out three
historical operations: a critique of the traditional historiographical
narrative, the visibility of data about women in history, and a public
intervention.
Keywords:
Feminist
History, Women’s Movement, History Chile XX Century, Memch.
Recibido: 06/03/2025 Aceptado: 13/05/2025
Esta exposición rinde homenaje a todas las mujeres de
Chile,
desde la más conocida hasta la más humilde y anónima,
y espera que la visión general que aquí se presenta sirva de
estímulo para su acción futura […] Esta exposición
pretende orientar a la mujer sobre sus posibilidades de acción
dentro del progreso del país.
(Folleto de la exposición “La Mujer en la vida
Nacional”, MEMCH:
Antología
para una historia del movimiento femenino en Chile)
En Las
Últimas
Noticias del 1 de enero
de 1940 se publicó una crónica
titulada: “Justo homenaje a la mujer chilena se rinde en la exposición del
Palacio de Bellas Artes”, la bajada del texto contenía un error, una
desprolijidad que no es extraña tratándose de actividades feministas. La
mentada exposición en realidad tenía lugar en el edificio que se preparaba para
albergar al Museo Histórico Nacional en lo que ahora es el Archivo Histórico
(Miraflores 50, Santiago de Chile), a un costado de la Biblioteca Nacional. El
evento se trataba de la Exposición “Actividades femeninas. Mujeres en la vida
nacional: su contribución a las actividades y el desarrollo político, social,
económico y cultural de Chile” realizada por el Movimiento Pro-Emancipación de
las Mujeres de Chile (Memch) entre el 12 de diciembre
de 1939 y el 12 de enero de 1940. La nota escrita por Acevedo de Hernández
continuaba:
No es una exposición
completa, se ha hecho de los recursos y el tiempo con que se contaba, cuanto fué [sic] posible hacer, pero este croquis demostrativo da
una lejana proporción de lo que la mujer chilena vale en todas las actividades.
Cuando se entra, se
ve en primer lugar, un gran panneau debido a la
entusiasta Laura Rodig, que ocupa la muralla del
frente y en él están bocetadas gran cantidad de valiosas figuras femeninas. (5)
El tono
usado por el periodista deja entrever una subvaloración y condescendencia de
las acciones de mujeres y feministas en lo público. A pesar de ello, se ve
impactado por la puesta en escena con la que se encuentra: un lienzo monumental
de 25 metros de largo por 15 de alto en el que se representaba a cincuenta
mujeres importantes en la vida nacional, de autoría de Laura Rodig. Ubicado para que fuera la primera visión que se
tuviera al ingresar al edificio, estaba iluminado dramáticamente para llamar la
atención, impresionar y conmover a los visitantes, que fue exactamente lo que
el cronista relata. A partir de esa primera impresión la exposición conducía a
un recorrido que proponía una nueva lectura sobre la historia de las mujeres en
Chile, acorde con la defensa de sus derechos políticos y sociales. Resulta
interesante rescatar que la primera exposición temporal del Museo Nacional en
su locación de Miraflores estuvo a cargo de una organización feminista que
planteaba una museografía moderna y una interpretación histórica con
perspectiva crítica. Resulta aún más interesante cómo esta exposición se
sustentaba en una lectura crítica de los archivos, una operación que, casi
noventa años después, sería retomada en el mismo edificio por el Archivo de
Mujeres y Géneros del Archivo Nacional de Chile (Archivos).
El objetivo
de este artículo es analizar esa exposición del Memch
como una estrategia pedagógica de la organización, entendida como otra de sus
prácticas de educación popular[2].
Recordamos que desde su fundación en 1935, El Memch se planteó la demanda de derechos políticos, sociales
y civiles de las mujeres, con logros como el reconocimiento del voto municipal
en 1934 (Errázuriz); sin embargo, sus acciones se dirigieron en diferentes
frentes bajo la concepción de una política integral de las mujeres (Rubio y
Montero). Lo que proponemos es que mediante la exposición se elabora un
discurso feminista que porta una narrativa histórica distinta. Considerando que
la organización estableció una estrategia de educación popular que se orientaba
a incorporar críticamente a las mujeres en la historia nacional en el marco de
la ideología del progreso (Rubio y Montero), creemos que el Memch
realizó una serie de operaciones históricas evidenciadas en la exposición[3]:
en primer lugar, cuestionar el relato historiográfico tradicional que excluía a
las mujeres de la historia. En segundo lugar, levantar una serie datos sobre la
presencia de las mujeres en una diversidad de ámbitos del quehacer nacional
como una evidencia irrefutable de la acción de las mujeres en lo público. Y, en
tercer lugar, intervenir públicamente en un momento determinado de la historia
de Chile –primer gobierno del Frente Popular–, en el que se consolidaba a las
mujeres como sujetos políticos.
Creemos que
es importante analizar cómo el movimiento feminista ha pensado integralmente la
relación entre política y educación para nutrir las perspectivas contemporáneas
del movimiento. Las acciones del Memch nos llegan
como reverberaciones, es decir, como ecos que traen el pasado al presente,
según las palabras de Joan Scott, aunque este llega de manera parcial. Si bien
las reverberaciones evidencian una continuidad histórica de la situación de las
mujeres en la sociedad, escuchar esos ecos considerando las condiciones
actuales, nos permiten ir más allá de una historia compensatoria y confirmar
que los intereses de las mujeres son de incumbencia de toda la sociedad tanto
en el pasado como en la actualidad.
En términos
metodológicos, se realizó un análisis documental para seleccionar un conjunto
de fuentes de diverso tipo que nos informaron de la organización,
características, participantes y otros elementos en relación con la exposición[4].
Estos fueron prensa de medios nacionales y regionales, prensa de mujeres,
cartas, archivos personales[5],
además de la discusión académica actual en la historia del arte[6].
Con ello pudimos hacernos de una descripción del evento, cuestión fundamental
ya que se trata de un objeto de investigación con una materialidad y una
temporalidad situada. Dado su carácter efímero, no es posible acceder
nuevamente a la experiencia original, lo que hace indispensable su
reconstrucción para aplicar las herramientas del análisis crítico de discurso,
y comprender las operaciones históricas realizadas por el Memch.
1. Algunos elementos conceptuales
La exposición
como dispositivo formaba parte del repertorio de objetos y fenómenos culturales
disponibles en la primera parte del siglo XX para la creación de sentidos
sociales (Uslenghi 223). Si bien tienen un origen en
la Europa del siglo XVIII, es a partir de la segunda mitad del siglo XIX con
las exposiciones universales, que se plantean como espacios para la
construcción de narrativas fundacionales echando a andar una discursividad
nueva a través de la exhibición (Hernández 266). Considerando el contexto de
los albores del capitalismo, la vida pública implicaba mostrarse y estar a la
vista, de tal forma que la cuestión de la exhibición implica una dimensión
performativa del qué y cómo se expone, se subexpone o sobreexpone. Más allá,
permite mostrar incluso aquello que no existe (o no existe todavía), como era
el caso de mujeres respecto de los derechos plenos en el año 1939. Geraldine
Rogers a partir de su lectura de Benjamin, Huberman y Hamon, plantea que la
exposición debe ser considerada como un entorno diseñado para mostrar; en el
caso del Memch, era mostrar la evidencia de las
mujeres en la historia. Se configura como una presentación racional de textos e
imágenes, y que se traduce en la creación de un espacio medible en metros, que
posee un costo de producción, además de una dimensión ética, estética e
ideológica. Ello queda plasmado en la selección de lo que se muestra, cómo se
expone, la organización de los recorridos y finalmente la suposición de cómo el
público recorrería el espacio (Rogers 21).
Las exposiciones de fines del siglo XIX desarrolladas por las naciones
fueron expresiones del deseo de incorporar modelos hegemónicos como signo de
modernidad (Hernández 266). Esta idea fue tomada por organizaciones sociales
que aprehendieron ese modelo para hacer circular sus discursos y propuestas
políticas, releyendo la potencialidad de la exposición para lograr fines de
reconocimiento como grupos de interés social y político. Un antecedente de ello
para el caso del movimiento de mujeres fue la “Sección feminista” en la
Exposición Nacional en Argentina en 1898, donde se exhibieron trabajos
realizados por mujeres de diverso tipo, como manualidades, artes pláticas y
piezas ornamentales asociadas con lo femenino. Según Dora Barrancos, esa
exposición permitió, entre otras cosas, plantear la crítica de la subordinación
femenina y la falta de derechos de las mujeres. En la misma línea podemos
entender la vitrina de la tienda Fulham and Putney rama de la Women’s Social and Political Union en Londres, organización conocida por desarrollar
productos promocionales para el financiamiento de las campañas por el sufragio
femenino en Inglaterra, y que en su vitrina exhibía infografías y materiales de
propaganda política en el tono exposición (Käppeli
550). Si bien no hay trabajos académicos sobre exposiciones realizadas por el
movimiento feminista en otros países, resulta verosímil de acuerdo con estos
antecedentes y la propia exposición del Memch, de que
fue una estrategia utilizada por las organizaciones de mujeres a lo largo del
mundo, que buscaban reivindicar sus derechos, por lo que resultaría interesante
investigar sobre la exposición como lenguaje político usado por el feminismo.
En el caso del Memch, podemos observar las
operaciones del dispositivo descritas por Rogers, al autogestionar una
exposición que tenía fines políticos hacia dentro y hacia fuera de la
organización. No fue una novedad que plantearan este tipo de eventos en Chile,
ya que hubo exposiciones previas para dar cuenta de la producción de mujeres en
el espacio público. Este fue el caso de los organizados por la Sociedad
Artística Femenina y el Club de Damas, que tenían el objetivo de promover la
circulación de obras plásticas de firma de mujeres en un intento de
reconocimiento de su profesionalización en el campo de la pintura. Como
consigna Gloria Cortés, la primera fue en 1913 en los salones de El Mercurio donde se presentaron obras de unas cuarenta
artistas (“Actividades femeninas” 128). Aún más importante fue la de 1927
organizada para celebrar el quincuagésimo aniversario del Decreto Amunátegui.
Si bien estas exposiciones no tenían necesariamente una connotación política,
Gloria Cortés afirma que fueron espacios de autorrepresentación y autolegitimación que cuestionaron subrepticiamente el canon
pictórico de marca patriarcal (“Actividades femeninas”).
El Memch retomó esta tradición
para crear nuevos sentidos sociales y plantear un contradiscurso
a exposiciones como las de la Unión Femenina de Chile 1936. Esta última se
presentó para la celebración del centenario de Valparaíso, donde el objetivo
era mostrar la acción femenina asociada al rol de reproducción asignado
socialmente a las mujeres, ello se traducía en una muestra de trabajos
manuales, artesanías y otros similares. El Memch hizo
una dura crítica a través de la nota publicada en La Mujer Nueva –su órgano de difusión–
titulada “Lo que no se exhibirá en Valparaíso”. En ella acusaron a la Unión
Femenina de ignorar el llamado a la defensa de los derechos de las mujeres y
trabajadoras. Ironizaron diciendo que, por cada bordado, media o zapato
expuesto, se debía indicar la
remuneración de miseria de las trabajadoras que lo ejecutaron (“Lo que no” 1).
Tres años después, arremetieron con una exposición que pretendía resaltar el
aporte de las mujeres en lo político, social, económico y cultural, y también
la “indiferencia y hostilidad que tuvieron que superar para lograrlo” (Cortés,
“Actividades femeninas” 132).
Podemos
entender la exposición del Memch de 1939 como una
respuesta a estas otras exposiciones para plantear la defensa de los derechos
de las mujeres desde la postura feminista concordante con el objetivo de la
organización, que iba más allá de la lucha por el reconocimiento al voto para
las mujeres, sino la transformación de las estructuras sociales, políticas y
culturales que sostenían la desigualdad de género (Rojas y Jiles).
Desde una perspectiva integral, el Memch articuló sus
demandas con reivindicaciones laborales, educativas y de salud sexual y
reproductiva, cuestionando el orden patriarcal en el ámbito público y en el
privado. Sus acciones combinaron la movilización social con una activa
producción de pensamiento feminista en la prensa y en espacios institucionales
(Rubio y Montero). Respecto de la exposición de 1939, suponemos que hicieron
una buena evaluación de los resultados del dispositivo, porque hay registro de
una cuarta exposición en 1946[7],
es decir, hubo dos más de las que no tenemos detalles, más que esta última
estuvo a cargo de Federación Chilena de Organizaciones Femeninas (Fechif) que se formó en 1944 y que contó con la
participación de las memchistas[8].
En una investigación en curso a cargo de Daniela Manzi, se trabaja sobre la
reedición de la exposición en el Congreso Nacional de Mujeres de 1944 en la
Universidad de Chile, citada, a su vez por Alessandri en 1946 en su rol de
presidente del Senado sobre el proyecto de ley de sufragio universal[9].
En tanto
dispositivo, articularon exposición con educación, de acuerdo con las
estrategias de educación popular desarrolladas por el Memch
que tenían el objetivo de construir identidades en el movimiento (Rubio y
Montero). Esta articulación tiene sentido en la medida que son prácticas
sociales que producen una diversidad de sentidos susceptibles de ser leídos o
recibidos desde ángulos diferentes. Mediante la exposición, el Memch creó una pedagogía, ya que estableció una trama de
vinculaciones con otras prácticas sociales (Puiggrós 18): en este caso fuera de
la institucionalidad escolar, para un público adulto, auspiciada por un Estado
a cargo de un gobierno que se asumía progresista como el del Frente Popular, y
desarrollada por una organización que se definía autónoma y feminista.
El Memch tuvo una estrecha relación con el Frente Popular
desde su fundación, particularmente mediante el Partido Comunista que propició
la organización a través de una de sus más importantes integrantes, Marta
Vergara. El Memch adhirió e hizo campaña activa en la
candidatura de Pedro Aguirre Cerda, por lo que el apoyo que obtuvo para
realizar la exposición, como, por ejemplo, el uso del edificio del futuro Museo
Histórico Nacional, puede entenderse como una vuelta de mano. Durante el
gobierno frentepopulista, el Memch
respaldó activamente las políticas de fomento a la educación, la salud pública
y los derechos laborales, especialmente aquellas dirigidas a mujeres
trabajadoras, campesinas y pobladoras. La organización participó en campañas de
alfabetización, en la promoción de leyes de protección a la maternidad obrera y
en demandas por igualdad salarial, interviniendo como un actor social que
demandaba soluciones a las necesidades de las mujeres (Antezana-Pernet).
Las
prácticas de educación del Memch, y entre ellas la
exposición, pueden entenderse como educación popular tal como la define Adriana
Puiggrós, ya que la exposición sería una de las múltiples prácticas en juego
que producen numerosos discursos y gérmenes de discursos pedagógicos. Formaría
parte de las pedagogías diversas que son antagónicas y alternativas en el
propio Estado, y que encarnan el papel de la educación en las transformaciones
que se producen en las relaciones entre las fuerzas sociales. En este caso, del
movimiento feminista y que desbarata la idea de educación solo como una vía
institucionalizada y despolitizada.
Desde la
mirada de las epistemologías feministas, lo que echan a andar las memchistas es su experiencia para producir conocimiento
mediante la exposición. Según Catalina Trebisacce, la
experiencia ha sido el recurso usado para hablar de aquello que no tenía
palabras o reconocimiento, en este caso, para nombrar y poner en evidencia el
efecto de las mujeres en los procesos sociales, políticos y económicos hasta
ese momento invisibilizados por el poder. Para la autora, este poder
“desprecia, deslegitima y subestima y finalmente no ve sujetos subalternos; ni
sus historias, ni sus condiciones específicas de existencia” (288). Se entiende
que este conocimiento producido desde la experiencia es situado, es decir,
asume el lugar desde el que se produce, lo que necesariamente implica una
responsabilidad ética (288), como todas acciones que realiza el Memch a través de su exposición. Por otra parte, en la
exposición también se creó un espacio de memoria alternativa, a decir de Gloria
Cortés al hablar de los museos emancipados. Es una evidencia de los
agenciamientos diversos de las organizaciones políticas de grupos subalternizados para llamar la atención sobre su
constitución como sujetos políticos (“Museos emancipadores”
115).
2. Quién habla a quién
en la exposición
El Memch se formó en 1935 en el contexto de la organización de
la política de frentes populares de la izquierda y la consolidación de un
movimiento de mujeres a nivel internacional. Fue una organización política y
feminista clave en la historia del feminismo en Chile durante el siglo XX, con
el objetivo de buscar el reconocimiento de los derechos políticos, sociales,
económicos y culturales de las mujeres, la legitimación de su acción pública,
con acento en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de las
trabajadoras.
Desde sus
inicios, el Memch se distinguió por ser una
organización amplia y plural, que incluía a mujeres de distintas clases
sociales, en particular aquellas vinculadas al mundo obrero, lo que marcó una
diferencia respecto de otros grupos de mujeres de la élite liberal. Si bien no estuvo formalmente afiliado a
ningún partido político, el Memch mantuvo una
relación cercana con el Partido Comunista, varias de sus miembros también
militaban en el Partido Socialista y el Radical (Antezana-Pernet).
El Memch luchó por una amplia gama de derechos y reformas, que
iban desde el sufragio femenino, hasta la lucha por la protección de la
maternidad, la igualdad salarial, y el acceso de las mujeres a la educación y
al trabajo en condiciones dignas[10].
Un elemento central fue la emancipación, no solo en términos políticos, sino
también en el ámbito social y
económico, entendiendo que la verdadera libertad de las mujeres debía ser
integral. Esto se tradujo en su trabajo de base y su capacidad de movilización.
A través de sus comités locales, logró articular a mujeres de distintas
provincias del país, conectando las luchas de las grandes ciudades con las
necesidades de las zonas rurales, tarea en que la revista La
Mujer Nueva se convirtió
en un espacio fundamental para la formación al interior del movimiento, la
difusión de sus ideas y la articulación del pensamiento feminista de la época hacia afuera de la organización
(Antezana-Pernet).
El discurso del Memch tuvo un carácter
interclasista, democrático, antifascista, internacionalista y pluripartidista,
que se expresaba en un feminismo radical para su época. Esto implicaba la
convicción de que las propias mujeres debían liderar la defensa de sus
derechos. A pesar del apoyo a los partidos de izquierda, cuestionaban las
suposiciones de las organizaciones masculinas que veían la emancipación de las
mujeres como parte de una liberación social más amplia. Se argumentaba que no
debía ponerse en la agenda de reivindicaciones, ya que restaría fuerza a la
emancipación del pueblo. Sin embargo, el Memch
sostenía que esta postura ocultaba la sujeción histórica de las mujeres. En un
entorno donde los derechos individuales no estaban completamente protegidos y
los derechos sociales eran desconocidos, este movimiento promovió una visión
política integral.
Entre sus
formas de funcionamiento, desarrollaron diversas estrategias en vista a la
formación de las mujeres que participaban de la organización. Autoras como
Antezana-Pernet han descrito las reuniones de los
comités locales como espacios fundamentales para la formación política, donde
se recibía el periódico La Mujer Nueva como documento didáctico entre
correligionarias. Otros espacios que funcionaron para la formación mutua fueron
las asambleas semanales en la capital y los congresos nacionales, instancias
que congregaban a la totalidad de las integrantes del movimiento. Esto se
complementaba con mítines, concentraciones y conferencias en las que solían
llenar teatros y ocupar las calles (Antezana-Pernet).
De esta forma, el Memch conformó prácticas
militantes y organizativas articuladas con formas de educación política e
ideológica. Vemos en estas prácticas de educación feminista, un acuerdo con los
discursos pedagógicos del marxismo (Puiggrós), en el sentido que plantean un programa de lucha
dentro de un Estado, que implicaba la formación del sujeto revolucionario a
partir de la educación integral del hombre, en este caso, del sujeto del
feminismo, es decir, la formación integral de las mujeres como sujetos
políticos.
3. Qué se exponía en la exposición
La exposición
“Actividades Femeninas. Mujeres en la vida nacional: su contribución a las
actividades y el desarrollo político, social, económico y cultural de Chile” se
inauguró en diciembre de 1939 luego de seis meses de preparación. Contamos con
los documentos del fondo Elena Caffarena y del fondo
Olga Poblete en el Archivo de Mujeres y Géneros del Archivo Nacional de Chile,
donde rescatamos apuntes de preparación y una serie de cartas enviadas por la
directiva a diversas autoridades realizando solicitudes para la producción, y
otras entre correligionarias del Memch para aportar
fondos y actividades. En cada una de las comunicaciones se evidencia el
objetivo de resaltar el progreso de las mujeres en los asuntos mencionados. Las
dimensiones éticas, estéticas e ideológicas de la
exposición se unían en un discurso que desafiaba las miradas conservadoras
sobre el rol social de las mujeres, haciendo hincapié en exponer la lucha por
sus derechos incluyendo los sociales, políticos, culturales y económicos. Esto
se traducía en una pedagogía popular para la transformación social, que tenía
efectos en la organización y hacia afuera. De hecho, en cartas enviadas por
Elena Caffarena en su calidad de secretaria general
del Memch a comités de provincias, se sugería el
envío de por lo menos dos delegadas para visitar la exposición arguyendo el
aprendizaje que se adquiriría y que pudiese ser replicado a las compañeras en
las ciudades provinciales. Se lamentaba, eso sí, que la organización no pudiese
costear gastos de traslados[11].
Por otra parte, en las memorias del Memch se
declaraba que la exposición tuvo los objetivos de:
“A la mujer que visita la exposicion”
[…] pretende orientar a la Mujer sobre sus posibilidades de acción dentro del
progreso del país, indicando la labor que lleva realizada hasta el momento en
todos los campos de la vida nacional.
“Al hombre que visita la exposicion”
[…] obtener del Hombre un amplio reconocimiento hacia la Mujer, colaboradora
infatigable tanto en su vida individual como en la vida nacional y al mismo
tiempo, lograr del dirigente una más amplia comprensión de las aspiraciones
sociales y políticas de la Mujer Chilena en la actualidad. (Memch: antología 40)
La comisión
organizadora y curatorial estuvo compuesta por miembros del Memch
y profesoras del Liceo Manuel de Salas, además de la participación de
reconocidas intelectuales, artistas, profesionales de diversas áreas,
quienes diseñaron el entorno para mostrar, según lo planteado por Rogers. Este
implicó un costo, que según la correspondencia ascendió a $30.000 de la época,
y que la organización solventó a través de donaciones tanto de entidades
públicas (como la Universidad de Chile que donó $2.000, el Ministerio de
Educación $8.000) o particulares como Jorge Jiles que
donó $10.000[12],
y el presidente de la República $5.000, lo que refuerza la vuelta de mano por
el apoyo del Memch a su campaña presidencial. También
recibieron aportes de los diversos grupos de provincia del Memch,
como queda consignado en un comprobante de recepción de dinero del grupo de
Curicó, dando cuenta de la orgánica del Memch
caracterizada por comités que funcionaban en los barrios a lo largo del país.
Otra forma de financiamiento fue una rifa realizada en coordinación con la
Lotería de Concepción (organización de alcance nacional), de la que queda como
huella el n.º 403 del talonario correspondiente, apoyo que suponemos
proveniente de las redes con las que contaban las memchistas
que formaban parte de la élite.
En una entrevista realizada a una de las organizadoras, declaraba que para
ejecución de la intervención se contaba “francamente, con el puro entusiasmo
del Comité Organizador, y el optimismo, en parte no defraudado de que
contaríamos con el apoyo de las autoridades y de las mujeres de Chile” (“La
exposición” 12). En la práctica, ese apoyo se solicitó mediante una declaración
pública para solicitar fondos a las “mujeres de toda clase social y política”
que fue publicada en diversos medios de circulación regional, como lo muestran
los recortes conservados de El Comercial de Curicó y de otro periódico sin
identificar de Collipulli. En el texto se condensó lo que se desplegó performáticamente en la exposición:
Próximamente, […] se
inaugurará […] una gran Exposición que demostrará el aporte que la mujer
chilena ha dado, en todo orden de actividades, a la vida nacional. Desde los
tiempos más remotos de nuestra historia, ha sido la mujer un elemento social
tan valioso como el hombre, en las más diversas actividades y aportando a todas
ellas capacidad y eficiencia que a la larga han enriquecido nuestra existencia
nacional. En estos momentos en que un Gobierno de avanzada y comprensivo de
todos los problemas sociales y políticos, nos dirige, la mujer chilena debe
hacer presente todos sus valores y obtener definitivamente un amplio
reconocimiento a la acción callada que ha venido desarrollando. […] el Comité
Organizador de la Exposición, apela a las mujeres de todos los sectores sin
distinción de clase, credo político u ocupación, a fin de obtener de ellas una
contribución voluntaria, por modesta que sea, y allegar los fondos necesarios
para materializar esta obra. Nadie podrá negar el alcance que tal Exposición
tendrá y la inmensa repercusión que una obra de tal naturaleza pueda llegar a
tener en la opinión pública general y constituir el argumento más serio en
favor de las aspiraciones de la MUJER CHILENA. (“Exposición de actividades” s.p.)
Suponemos
que es frente a este llamado que, en una entrevista a una de las memchistas parte de la organización, se declara que
recibieron escasa respuesta de las mujeres en términos económicos. Sin embargo,
esto fue recogido por el Memch como argumento para
justificar la importancia de la exposición, ya que “esto es sintomático de algo
que nosotras estamos dispuestas a destruir, pues en el fondo sabemos solo
significa desidia, incomprensión y pesimismo” (“La exposición” 12). De tal forma,
se justificaba la acción política evidenciando la dimensión ideológica que
tiene el dispositivo exposición según los planteamientos de Rogers. Por otra
parte, en la entrevista se reconocía que, en contraposición a la falta de respuesta de la población
femenina general, recibieron el apoyo de las autoridades de gobierno, tanto en
términos monetarios como políticos. Y frente a la necesidad de financiamiento,
manifestaron que pretendían completarlo con la venta de entradas y la venta de stands a instituciones públicas y negocios,
como la Municipalidad de Santiago, la Caja del Seguro Obrero, Telares Minerva,
Fábrica Yarur y la Peluquería Solaris.
La
exposición fue montada originalmente en Santiago y luego itineró
a Valparaíso (Escuela Barros Luco) y Viña del Mar (Liceo de Niñas). El espacio
fue usado de tal manera de conmover en la primera impresión, esa fue la
intención que lograron con el telón de autoría de Rodig[13],
lo que a todas luces fue una expresión de manejo de lenguaje de exposición
articulado con esfuerzos de producción artística (ver Figura 1). Rodig tenía una trayectoria que la abalaba como curadora
con énfasis social formada en París (Valdebenito, Lo
político), y para ello
diseñó un efecto lumínico tanto en el telón como en las estanterías que
conformaron el recinto. Para ello se gestionó la donación de los costos de
electricidad con el presidente de la compañía eléctrica nacional. La directiva
del MEMCH se dirigió a través de carta con un tono de seguridad que develaba la
convicción de la importancia del evento, apoyado, además, por el aval del Presidente de la República. De la misma forma, se solicitó a
José Perotti, director de la Escuela de Artes
Aplicadas, el préstamo de vitrinas para disponerlas para la exposición. Parte
de estos apoyos se fundaban en las redes de las memchistas
de elite, donde algunos maridos que ocupaban cargos en estas organizaciones
visaron los préstamos.
Figura
1
Fotografía de telón de Laura Rodig publicada en la portada de La Mujer Nueva
(septiembre de 1940)

La
efectividad del montaje se hizo evidente en las crónicas que hablaban de la
espectacularidad de la puesta en escena donde los más conservadores la
calificaron como de “buen gusto, refinado, sencillo, elocuente” (I. L. L. 5), y
las que mostraban más cercanía con la organización no dudaron en magnificar la
crítica subtitulando crónicas como: “Hermoso aspecto presenta la distribución
de las salas” (“En forma” 8). Este tipo de notas salieron en diversos medios
periodísticos como La Nación, La Hora, Qué Hubo,
Familia. A continuación,
se presenta una tabla con las menciones que tuvo la exposición en distintos
medios de la prensa nacional, lo que da cuenta de su resonancia pública y
cobertura en el debate contemporáneo.
Tabla
1
Menciones en los medios de prensa
nacional.
|
Publicación |
Tipo |
Menciones |
Detalle |
|
El Mercurio
de Santiago |
Periódico |
4 menciones |
1 anuncio |
|
1 crónica |
|||
|
2 artículos de opinión |
|||
|
La Unión (Valparaíso) |
Periódico |
4 menciones |
1 crónica |
|
3 anuncios de programa |
|||
|
La Hora |
Periódico |
13 menciones |
1 artículo |
|
3 crónicas |
|||
|
9 anuncios de programa |
|||
|
Frente Popular |
Periódico |
10 menciones |
1 crónica |
|
5 artículos |
|||
|
3 anuncios |
|||
|
1 reportaje (?) |
|||
|
El Diario Ilustrado |
Periódico |
4 menciones |
2 artículos |
|
1 anuncio |
|||
|
1 crónica |
|||
|
Las Últimas Noticias |
Periódico |
1 mención |
1 noticia |
|
La Opinión |
Periódico |
9 menciones |
7 anuncios de programa |
|
2 artículos |
|||
|
Vea |
Revista |
2 menciones |
2 anuncios |
|
Ercilla |
Revista |
1 mención |
1 noticia |
|
Que Hubo |
Revista |
2 menciones |
1 noticia |
|
1 reseña |
|||
|
La Nación |
Periódico |
13 menciones |
1 reportaje |
|
1 transcripción |
|||
|
10 noticias |
|||
|
1 entrevista |
Fuente:
elaboración propia.
Si bien estos medios eran lejanos al feminismo en términos de línea
editorial, el seguimiento y el tono de los insertos sobre la Exposición revelan
la mano de trabajadoras memchistas o simpatizantes
del movimiento en sus redacciones. Este fue el caso de Marta Brunet que, en
calidad de directora de la revista Familia, entrevistó a Elena Caffarena en diciembre de
1939. La revista formaba parte del grupo Zig-Zag que,
siendo un grupo conservador, era una publicación que mostró la tensión de
alentar a las mujeres en el espacio público y calmar las ansiedades que ello
provocaba (Carvajal 191), y en la acción editorial de Brunet se cuela su
simpatía por el movimiento feminista y hace un guiño a sus amigas del Memch con una entrevista a tres páginas. Un caso distinto
es la propia Marta Vergara que insertó notas relativas al evento en la revista Frente Popular, medio de carácter militante,
donde Vergara usó el espacio en su calidad de doble activismo. También la
voluntad militante se hizo presente en la transmisión radial de la Radio Hucke desde el mismo edificio a través del programa “La
Hora del Público” conducido por la periodista María Teresa (“Novedosa” 12). Estos medios se transformaron en un órgano de difusión de la exposición gracias a la militancia extendida en los
lugares de desempeño laboral de las periodistas. Desplegaron un lenguaje en
extremo convincente de la significación de lo que se presentaba, reforzando el
objetivo del Memch. En los periódicos, se hizo un
seguimiento persistente antes y durante el evento, anunciando los programas de
cada día y comentando las intervenciones que, en la lectura a casi cien años,
siguen despertando las ansias por visitar la exposición al leer frases como: “A
las 19:45 aproximadamente, brilló el ambiente, por los hermosos adornos y la
iluminación, y comenzó la función en la que las mujeres de Chile destacan su
contribución a la Independencia de nuestra nacionalidad” (“En forma” 8). O
cuando dicen que “El conjunto presenta una forma novedosa y original como antes
no se había realizado en Chile en esta clase de torneos” (“El Excmo.” 15), o se
observaba que “Un aspecto extraordinario presentaba el local de la Biblioteca
artísticamente adornado con banderas y flores y con una iluminación
extraordinaria” (“Se inauguró” 4).
Por su
parte, el despliegue de producción se hizo echando mano a un discurso que
recogía elementos de una tradición de superioridad moral de las mujeres en
tanto portadoras de un lugar de respeto como reproductoras de la sociedad.
Mezclado con la seguridad de Elena Caffarena,
coordinadora de la Comisión Organizadora, que contaba con reconocimiento como
figura pública y por su clase social. Este discurso integraba elementos del
programa feminista memchista, que reclamaba como
justos los derechos de las mujeres con el convencimiento de querer cambiar la
narrativa hegemónica que invisibilizaba la acción femenina en la sociedad. Esa
convicción de que se estaba realizando una intervención pública de toda
seriedad e importancia fue desplegada performática y materialmente como en el
uso de papel con membrete de la exposición para las cartas y la impresión de
mil afiches del texto “La Mujer en la Vida Nacional”. Todo para mostrar aquello
que aún no existía y que la exposición permitía crear como horizonte de posibilidad:
mujeres con derechos plenos.
Según la
descripción del diario La Nación, el espacio medible en metros –como
define Rogers– se conformaba por una sucesión de salas temáticas: la sección
enseñanza, presentación de las escuelas de Visitación Social y Enfermeras, sala
de actividades políticas de la mujer, sala de las artes y las letras, sala de
los deportes, un rincón destinado a las luchas por mejores condiciones
económicas en el que se daban a conocer nombres de luchadoras sociales.
Francisca Marticorena indica que la exposición contaba con:
la curaduría […] de
Amanda Flores de Perotti […] las temáticas centrales
fueron desarrolladas por Clara Williams de Yunge, ‘La
mujer en la producción’; Felisa Vergara, ‘Organizaciones femeninas’; Olga
Acevedo, ‘Sección literatura’ y Marta Elba Miranda, quien elabora biografías y
realiza encuestas. (65)
Entre los
papeles de la organización encontramos los apuntes de la planificación de esas
salas, donde se consignaba la encargada de realizarla y sus contenidos.
Destaca la
intención de mostrar los nombres de las primeras mujeres en la ocupación de
cargos públicos, en las organizaciones de mujeres y feministas, en las
profesiones, un ejercicio muy cercano a lo que se ha definido como historia
compensatoria. Es decir, un enfoque historiográfico surgido en la década de
1970 que plantea corregir la invisibilidad de las mujeres en la narrativa
histórica y que cuestiona los sesgos que las ignoraron como sujetos históricos.
Cuarenta años antes en Chile y fuera del espacio académico, las notas
manuscritas agregadas a las actas mecanografiadas del Memch
sobre la organización de la exposición, reflejan lo que se tradujo en las
operaciones históricas realizadas en ella. Esto se materializó en la inclusión
de gráficos, números y otras evidencias que hacían irrefutable la acción de las
mujeres en lo público. Acá unos apuntes de la mano de Caffarena:
Destacar las
dificultades que han debido vencer las mujeres para obtener su título
profesional. / Señalar los requisitos especiales que se ha exigido o se exige a
las mujeres / Gráficos con el número de mujeres que han obtenido y destacar su
aumento por décadas.[14]
En línea
con enfatizar la acción de las mujeres en el espacio público, se ofreció un stand para la editorial Nascimento para vender
el libro de Marta Elba Miranda Mujeres célebres de Chile. En carta de Elena Caffarena
al editor, indicaba que “El Libro […] nos ayudará a nuestra labor de
divulgación de las personalidades femeninas, y al mismo tiempo significará para
la editorial una ventaja comercial pues seguramente será adquirido en gran
número por la exposición”[15].
De la misma forma, se ofrecía
espacio a la editorial Zig-Zag solicitando venta
expresa de libros de autoría femenina, en la lógica de la ganancia mutua:
beneficios por las ventas para la editorial y la promoción de la producción de
mujeres para la organización, que apoyaba el mensaje de resaltar el aporte
femenino en la sociedad.
La
representación racional de textos e imágenes que conformaron un recorrido y que
suponían un público objetivo, según lo planteado
por Rogers, incluyó al ya mencionado montaje de salas temáticas, los materiales
gráficos de datos objetivos sobre la condición de las mujeres en Chile, la
disposición de mobiliario para transformar el vestíbulo del recinto en sala de
concierto, una programación diaria que combinaba conferencias magistrales,
charlas, números artísticos de poesía, baile, teatro y música, presentación de
libros y homenajes.
El
recorrido que se abría en el hall central con el mentado telón se
acompañaba de una escultura de Rebeca Matte, bustos de Gabriela Mistral y otro
de Amanda Labarca, con lo que se rendía homenaje a mujeres vivas aliadas del Memch. El recorrido además incluía un programa de
actividades, donde, por ejemplo, se abría la jornada con la conferencia de
Elena Caffarena “Por qué hemos presentado esta
exposición”, seguía con “Danzas interpretativas de arte nacional y araucano”
por Emilia Graham y música de Agustina Basualto de Olguín. Otro día se contó
con la charla de la embajadora de Estados Unidos en Chile, Mrs. Bowers, dedicada a la mujer chilena, luego en el canto
estuvo Graciela Matte de Magnare, poemas declamados
por Teresa de León. Una charla íntima
titulada “Recuerdos y experiencias de una mujer que superó y mejoró su medio
social”, de una “distinguida escritora chilena” la que estaba reservada a
mujeres, en lo que ahora definiríamos como una reunión “separatista”
(“Programa” 6). Y finalizaba con un homenaje a Ernestina Pérez y Eloísa Díaz
por la agrupación médica femenina de Chile (“Homenaje” 11). Entre las
actividades del mes también dictaron conferencias Ana Mac Aulife
“Madre y Niño”; Felisa Vergara con “El problema carcelario en Chile”, Salvador Allende
(ministro de Salubridad del momento) con “Protección al niño y defensa de la
raza”, Amanda Labarca con “Breve reseña de la evolución cultural de la mujer
chilena” y la alcaldesa de Santiago Graciela Contreras (“La Exposición Femenina
se inaugura” 14; “Amanda Labarca” 5; “La alcaldesa” 13).
Figura
2
Programa de la exposición
publicado en La
Nación (21 de diciembre 1939, p. 6).

La
dimensión performática se desplegó de manera evidente el día de la
inauguración. Las crónicas consignaron la presencia de las autoridades, desde
el presidente de la República, sus ministros, cuerpo diplomático y autoridades
de educación (figs. 3 y 4). Todos atendidos por la directiva del Memch con Caffarena a la cabeza,
quienes actuaron según el rango que asumían tenía la exposición como
reconocimiento a la acción de las mujeres en lo público: de la más alta
importancia. El objetivo era dejar la marca de la presencia de las mujeres en
la historia de Chile a partir de ese momento y nunca más retroceder hacia la invisibilización. Podemos ver la seriedad desplegada en
trajes formales, el protocolar uso de sombreros, gestos de formalidad como el
estrechamiento de manos. Esto último
es especialmente decidor del cambio social hacia un reconocimiento de las
mujeres como sujetos políticos por parte de un gobierno de Frente Popular.
Vemos a Caffarena con mucha seguridad reproduciendo
la performance de los hombres de política: brazo firme y sonrisa frente al
presidente de la República (fig. 4). Esto como símbolo de la devuelta de manos
por el apoyo dado por el Memch en la campaña
presidencial y la promesa de Aguirre Cerda de reconocer el voto a las mujeres
(cosa que no llegó a suceder). De esta forma se puede entender la nota
aparecida en la revista Frente Popular:
No es casual que esta
Exposición no se haya realizado antes, y no es en el espíritu de hacer
propaganda política que afirmamos que ella se inaugura justamente cuando en
Chile adviene un régimen auténticamente democrático, que abre vastos campos a
la actividad creadora de todos los grupos sociales, y muy especialmente a la
mujer, relegada hasta ahora al oscuro destino de la mal organizada familia
chilena. (“La mujer se ubica” 3)
Figura
3
Fotografía de la inauguración de
la exposición en la revista Qué Hubo
(9 de diciembre de 1939, p. 11)

Figura
4
Fotografía de la inauguración de
la exposición publicada en Frente Popular
(16 de diciembre de 1939, p. 5).

Una muestra
del éxito del efecto que quería lograr el Memch se lee cuando un cronista escribe:
La tarde del sábado
la dedicamos los hombres a aquellas actividades que no nos merecen una especial
importancia. Así, con cierto excepticismo(sic),
llegamos al hermoso salón clásico que reunirá la historia objetiva y
clasificada de Chile […] Así reaccionamos con algo de vergüenza por nuestra
ignorancia, al recorrer la exposición femenina […] Creemos que los hombres
tienen la obligación de conocer cuanto ignoran de sus madres, hijas, hermanas,
novias y amigas. Creemos que del hogar algo saben pero
estamos ciertos de que ignoran todo o casi todo de ellas en sus actividades
humanitarias, intelectuales, educativas, profesionales, administrativas, y aún
artísticas: visiten entonces esta Exposición y comprenderán, en toda su
intensidad, que ellas son tan grandes, tan capaces, tan nobles como ellos.
Llegamos escépticos y salimos rabo antes de plenas ilusiones es el progreso de
Chile que cuenta con tan excelsa capacidad femenina. (I. L. L. 5)
4. Las operaciones históricas del Memch en su exposición
Como afirmamos
en la introducción, el Memch realizó por lo menos
tres operaciones históricas que fueron desplegadas en la medida que entendían
que la exposición era una estrategia
pedagógica parte de su propuesta de educación popular. El análisis
historiográfico que confirmaba la invisibilización de
las mujeres se articulaba con la demanda de derechos que se podía experienciar mediante el recorrido del montaje que
planteaba la nueva narrativa histórica. En ese sentido, entendemos que es una
operación histórica, ya que, si bien el planteamiento no tiene vocación
historiográfica, es una acción que busca producir conocimiento histórico, a la
vez que cambio social. Son gestos que recogen y proponen y que resuenan con los
planteamientos de De Certeau sobre las operaciones
historiográficas. El autor plantea que la historia necesariamente se hace desde
un presente que refleja tensiones entre quien estudia el pasado y el pasado
mismo. Y si bien lo hace para reflexionar sobre la historiografía en el
contexto de su renovación en los años sesenta, no es menos cierto que en la
historiografía chilena hacia 1939 ya se había producido una apertura con la
emergencia de la historia marxista que visibilizaba a sujetos sociales
excluidos como los obreros (Villar y Elgueda). Con ello se definía una
condición de posibilidad en la disciplina para la proposición de nuevas
narrativas históricas que reconocieran la acción de otros excluidas como las
mujeres. De Certeau define tres dimensiones de estas operaciones: la práctica
del lugar, las prácticas epistemológicas y la escritura narrativa para dar
sentido al pasado. En ellas, se debe considerar el contexto social e
institucional desde donde se produce la historia, los métodos y técnicas que se
usan para construir las narrativas, y su escritura, que es la que configura el
sentido del pasado (Zeitler), ideas cercanas a las
operaciones que hizo el Memch.
La primera
operación fue el cuestionamiento a la exclusión de las mujeres del relato
historiográfico. Para el Memch esto formaba parte de
su acción política, y tenía antecedentes, ya que “el oficio de la historia ha
sido en Chile más campo de batalla que torre de marfil, más enfrentamiento
político que mero ejercicio académico” (Pinto 7). De tal forma, el relato historiográfico
hegemónico, influido por el positivismo y una idea de la historia de progreso
basada en la política de los grandes hombres, no reconocía a las mujeres como
sujetos históricos, cuestión que disputó el Memch:
Hay que reconocer que
la historia de la mujer es algo, más o menos desconocido. El papel
eminentemente doméstico que se le asignó hasta el pasado siglo solo hacía
pensar en ella a través de los madrigales. Hoy la sociedad moderna la ha
incorporado plenamente a todas sus actividades, es de elemental justicia que
tenga entonces también el rango que le corresponde en nuestra historia
nacional. (“Las enseñanzas” 6)
Uno de los
gestos en esta operación fue nombrar a mujeres, tanto de la actualidad como de
la historia, usando los diversos lenguajes presentes en el montaje: textual,
plástico, teatral y musical. Por ejemplo, los nombres de las mujeres conocidas
que participaron en la Independencia fueron insistentemente mencionados en las
conferencias. También sus hazañas fueron representadas a través de acuarelas de
autoría de dos niñas escolares, Carmen Badosa y
Clementina Hernández, que la crítica dijo:
han logrado dar vida
con propiedad y elegancia a los episodios que esas heroínas vivieron. Son finas
de color, poseen el sentido de la composición y demuestran que podrían captar
cuánto de bello tiene la Historia de Chile. Creo que nunca antes de ellas, esos
temas se habían tratado con mayor acierto. (Acevedo de Hernández 5)
De la misma
forma, se realizaron representaciones teatrales de escenas del período histórico,
reconociendo a las grandes mujeres de la historia. Sin embargo, más allá de
alimentar los mitos o jugar al empate levantando nombres para responder a una
historiografía de carácter patriarcal, el Memch
planteó la idea de reconocer la condición de la mujer como sujeto social y
visibilizó al colectivo femenino en los diversos períodos:
Ahora, repasando
hechos y períodos nos hemos preguntado: ¿cuál ha sido la característica social
de la mujer chilena?, ¿ha luchado verdaderamente por su país, por sus derechos
o por sus intereses? Y remontándonos a la Independencia, o sea, a los comienzos
de nuestra historia nacional, nos hemos encontrado como respuesta, con acciones
extraordinarias de un valor poco común: vemos que junto a la tímida niña detrás
de la reja existió la patriota valiente y audaz, cuyos actos si bien aislados
no fueron por eso menos importantes.
Más tarde, cuando
llega la hora de luchar por algo solo de ella, también nos encontramos con
acciones aisladas, con pequeños grupos clarovidentes,
con mujeres de raro carácter que se esfuerzan por toda una generación, que
recogen otros ejemplos de energía espiritual y enriquecen nuestro patrimonio de
libertades y derechos. Existen evidentemente mayores esfuerzos femeninos
organizados que los que se suman a la conquista de los derechos exclusivos de
la mujer, pero estos se aplican a las luchas políticas de distintos bandos y
sobre todo a la obra de caridad o religiosa.
En el pueblo la
encontramos que, valiente hasta la heroicidad cuando se une a la lucha ofrece
su vida y aun la de sus hijos, pero que también abnegada y humilde, acepta las
tareas inferiores contribuyendo a la conquista de ventajas sociales en las que
los beneficios del hombre y la mujer no están equiparados. La vemos batallar
por ella y por los suyos, como si estuviese sola frente a su destino. Poco sabe
unir su hombro al de otra mujer hasta formar un muro y de ahí esos gráficos que
podrán contemplarse, y que representan cientos de miles de mujeres trabajando
en situación cual si fuera de seres indefensos. (La Comisión Organizadora 7)
Se enfatiza
la presencia de las mujeres en la historia en labores reproductivas y
productivas, lo que se relaciona con la idea de reescribir la historia,
cuestión planteada por Virginia Woolf en Un cuarto
propio una década antes.
Esta reescritura debería apuntar a reconocer la presencia de las mujeres en su
estatus de sujeto social y no como un accesorio o como un estanco separado de
la historia. Esto es especialmente sensible en momentos en que aún no se les reconocían los derechos plenos y que, sin embargo,
se tematizó teóricamente hasta casi el fin del siglo XX, como lo hizo Joan
Scott en los años ochenta.
Otro gesto
de la operación histórica de cuestionar el relato historiográfico hegemónico
fue plantear una periodización específica que incluyera a las mujeres. Lo
hicieron en el montaje de la sala sobre Historia de la educación de las
mujeres, que ordenaron en los períodos de Colonia y República, y esta última dividida en 1810-1842; 1842-1852;
1852-1879; 1880-1900; y 1900-1930. Los subperíodos que componían la etapa republicana fueron definidos en
relación con procesos de la historia política y social de Chile, con la
intención de pugnar por un espacio en ellos. La teoría contemporánea ha
observado cómo las narrativas históricas seleccionan unos eventos por sobre
otros, invisibilizando a ciertos sujetos históricos (Chartier), lo que es
particularmente desarrollado a propósito de las mujeres desde la historia de género con autoras como Joan Scott. La apuesta
de esta última es crear
nuevas periodizaciones que cuestionen exclusiones y silenciamientos, además de
visibilizar la experiencia de las mujeres[16],
que fue lo que hizo el Memch cuarenta años antes de
los planteamientos de la teoría de la historia contemporánea. El llamado a la
crítica historiográfica estaba en sintonía con los cambios políticos y sociales
del Chile de las primeras décadas del siglo XX que vio la emergencia de nuevos
sujetos sociales entre ellos, las mujeres. Recordamos que el movimiento de
mujeres comenzamos a verlo a partir de la década de 1870, todavía sancionado
como legítima expresión política. Fue a partir de la primera década del siglo
XX con la crisis del sistema político oligárquico, que se reconoce la acción de
las mujeres en lo público, y a regañadientes. En entrevista en La
Nación a María Marchant
de González Vera, profesora de Liceo Manuel de Salas, declaraba:
Desde la mitad del
último siglo, las mujeres tuvieron la fortuna de que hombres de gran visión y
de gran poder –como Bulnes, Santa María, Balmaceda y Miguel Luis Amunátegui– se
ocuparan de la educación femenina y le crearan una educación durable, propia de
estadistas verdaderos. Desde entonces la mujer chilena, si se la quisiera
comparar con las mujeres del centro y del sur del continente, ha tenido
oportunidades de privilegio, no porque se lo conquistaran, sino por la
excepcional circunstancia que he mencionado. Llamará la atención a que don
Andrés Bello y don Diego Barros Arana no figuren en ella. Ello se debe a que no
se ocuparon especialmente de la educación femenina. (“El 15 se inaugura”
13)
La ironía
que se usa para evidenciar el silenciamiento por parte de grandes intelectuales
que pensaron la historia de Chile, da cuenta de la rigurosidad al momento de
plantear su lectura crítica. Esta incluyó una mirada que discriminó entre los
grandes hombres aliados en el reconocimiento a los que no.
Por otra parte, se daba cuenta de la falta de trabajos que analizaran la
historia de las mujeres en particular, reconociendo que no necesariamente se
debía a la falta de fuentes, sino a que no concitaban interés por parte de
estudiosos de matriz patriarcal. Sin embargo, se reconocía la necesidad de
archivo, lo que se traducía en la muestra de documentos en lo que se podía
reconocer la acción femenina. La miopía frente a las mujeres en la historia se
hizo grito tanto en el montaje, como en la campaña comunicacional para
difundirla. Un ejemplo de ello fue la conferencia de la primera alcaldesa de
Santiago en funciones en ese mismo momento, Graciela Contreras, que pasó
revista por la presencia de las mujeres en la historia de Chile desde la
Independencia. Lo mismo hicieron conferencistas como Amanda Labarca con su
trabajo “Breve reseña de la evolución cultural femenina en Chile”, y la
embajadora de Estados Unidos en Chile, Mrs. Bowers.
En la prensa se publicaron diversas notas generadas por la comisión organizadora
como la del miércoles 13 de diciembre de 1939 en La Nación, titulada “La mujer en el progreso nacional”. Una
cuestión que emerge es el énfasis en la historia de Chile a partir de la República,
incluyendo la independencia, una valoración que puede dar luces de líneas de
lectura historiográfica críticas a las lecturas conservadoras que rescataban la
colonial como un valor nacional. El conjunto de presentaciones que reconocían
el papel de las mujeres en la historia logró el objetivo de generar nuevos sentidos sociales para hacer una historia
de las mujeres en el sentido contemporáneo de la disciplina.
La segunda
operación fue entregar evidencia de la acción de las mujeres en la historia y
en la vida nacional, este gesto se puede comparar con la historiografía de
mujeres en su etapa reivindicativa. Esta implica la recuperación,
reinterpretación y valorización de las contribuciones de las mujeres,
entregando datos que permitan afirmar la participación de las mujeres de manera irrefutable (Queirolo),
objetivo que se logró al leer críticas como la siguiente, que se valora aún más
viniendo de El Mercurio:
Una vez más tendremos
que inclinarnos respetuosos ante la laboriosidad femenina. Considerada esta
Exposición con un criterio nuevo que tiende a presentar un panorama de las
actividades femeninas, encerradas en los marcos de una estructuración
científica y cronológica que permitía al espectador junto con apreciar una
muestra magníficamente organizada, recibir una visión de conjunto del aporte
femenino. (H. 3)
Se destaca
la presentación de evidencia científica a través de gráficos, estadísticas,
fotografías, recortes de periódicos, mapas, que componían las salas temáticas
para generar el recorrido de la Exposición que daba vida a la experiencia
pedagógica. Esta operación es consciente por parte de la organización, y así lo
explicaron en sus comunicados:
Esta exposición […]
ha de servir también de magnífica fuente de información sobre los aspectos más
sobresalientes de la vida femenina en el país. En primer término, se ha
recogido con admirable acierto un abundante material que refleja, en sus
diversos aspectos, lo más notable y sobresaliente de la actuación de la mujer
en Chile. Así, junto a secciones dedicadas a la historia, a la enseñanza y a la
cultura, se exhiben elementos que revelan el valor intelectual y social de la
mujer en todas las esferas del país. En este sentido, la exposición se coloca
en un plano admirable de proyección pedagógica, ya que se ha orientado la
preparación de una serie de gráficos, estadísticos y otros elementos de interés
nacional. […] Se ha hecho algo que merece meditación profunda. Se ha señalado,
con admirable acierto, a través de la historia educativa de la mujer, su
cooperación en el campo de las ciencias sociales, médicas, artísticas y del
magisterio, con lo cual se demuestra cómo las mujeres chilenas no se han
quedado rezagadas en la lucha por la cultura y la educación. Además, se ha
destacado también la importancia que ha tenido la mujer en los diversos
sectores del trabajo, desde los comienzos de la época de la independencia nacional, y la
importancia que tiene la educación en la preparación para la vida pública de la
mujer chilena. Al respecto, cabe mencionar que en la exposición figuran
valiosos documentos de gran interés histórico y social, los cuales han sido
clasificados y analizados para ofrecer al visitante una idea precisa de los
logros obtenidos por las mujeres en los últimos años en los más diversos campos de la
actividad humana. Señalemos también, entre los elementos más importantes de la
exposición, los gráficos relativos a la distribución geográfica de las mujeres
en las diversas profesiones liberales. A este respecto, cabe decir que la
exposición ha permitido demostrar que las mujeres chilenas han incursionado en
casi todos los campos profesionales, desde la medicina hasta la abogacía,
pasando por la enseñanza y la literatura. Por otra parte, es preciso hacer
notar que la exposición cuenta con una valiosa sección dedicada a las primeras
mujeres que han obtenido un título profesional en Chile. (H. 3)
Los hechos
indiscutibles eran utilizados para cumplir un doble objetivo hacia adentro de
la organización como dispositivo didáctico y hacia afuera como creadora de
nuevos sentidos sociales sobre el rol de las mujeres. Se hacía evidente la
intención de formar al colectivo político de mujeres con la entrega de datos
que permitieran demandar derechos, ya que a la luz de la evidencia no se
pudiera negar la participación de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida nacional. El Memch sabía que eran una minoría demandando derechos y que
era necesario formar a las mujeres para ello. A la vez, querían contribuir a la
generación y/o fortalecimiento de las políticas públicas, así lo expresaron en
la prensa de la época:
abordar problemas
como el analfabetismo, tomadas separadamente cada sexo; ausentismo de las
escuelas primarias y secundarias, el auge de las escuelas, etcétera. Se
presentará también un mapa educacional que permitirá apreciar cómo hay
provincias bien atendidas en sentido escolar y otras casi abandonadas. (“El 15
se inaugura” 13)
Haciendo la
separación estadística entre varones y mujeres se podían hacer análisis basados
en la diferencia sexual para desarrollar programas específicos para mujeres.
Han tenido que pasar casi noventa años para entender ese ejercicio realizado
por el Memch.
Una vez
montada la exposición, su efecto fue logrado cuando intelectuales como Lenka Franulic reconocían que:
esta Exposición ha
constituido una verdadera revelación sobre la capacidad de organización de sus
promotoras, al mismo tiempo que ha sido una sorpresa para las propias mujeres
de Chile que en cierto modo ignoraban, por no haber tenido nunca antes la oportunidad
de apreciar en la forma panorámica en que ha sido presentada esta vez, el
alcance y trascendencia del progreso alcanzado por la mujer chilena desde las
luchas por la independencia hasta las más recientes en favor de su
emancipación. Estoy cierta de que al abandonar el Museo Histórico donde se
efectuó dicha Exposición, cada mujer lo hacía, en cierto modo, consciente de su
importancia dentro del desarrollo del país a la vez que con una nueva sensación
de responsabilidad. (“Opinan las mujeres” 9)
A las
referencias se sumaron intervenciones teatrales sobre escenas de mujeres en la
historia, como fue el caso de la Independencia con Javiera Carrera, Ángela Monasterio y Paula Jaraquemada,
entre otras. La diversidad de formas de probar la acción femenina formaba parte
del programa para el cambio social que implicaba la educación popular y la
consecuente formación del sujeto político para ese cambio, en este caso, las
mujeres:
Por eso, esta
exposición que presentará el conjunto de actividades aisladas y organizadas,
los hechos heroicos popularizados y desconocidos, los sacrificios anónimos y
glorificados en un siglo de vida nacional tenderá a ser un clamor y una alerta
popular, ya que junto a las que han dado y no han pedido, habemos
otras que conocemos esta necesidad de alzar la voz como un acicate del
progreso. (La Comisión Organizadora 7)
Los
recursos desplegados en la exposición continuaron usándose en los distintos
dispositivos con que contaba el Memch para difundir
su programa político, así en La Mujer Nueva, su órgano de difusión desde su fundación en 1935,
se transcribió parte de los
contenidos expuestos: “Hoy al aparecer de nuevo al público nuestro periódico
queremos extraer de ella todavía beneficios, haciendo un recuento de sus
secciones más importantes, sobre todo la educacional, para aquellas compañeras
que, por vivir en las provincias u otros motivos, no la visitaron” (“Las
enseñanzas” 6). Según Yocelyn Valdebenito el propio
proceso de organización permitió la consolidación de la agrupación, ejemplo de
ello fue el primer encuentro en medio de “ese hormigueo de mujeres” entre Olga
Poblete y Elena Caffarena, dos de las más importantes
feministas de Chile del siglo XX (Lo político 230). Por su parte, la propia
organización declaró que fue “uno de los esfuerzos más interesantes que se han
hecho en los últimos tiempos por
enriquecer los conocimientos colectivos” (“Las enseñanzas de nuestra” 6).
La tercera operación fue poner de manera evidente a las mujeres en lo
público. Esta era una estrategia conocida en la prensa de mujeres (Montero, Y también), y que el Memch
desarrolló en su revista La Mujer Nueva, donde incluían
fotografías de mujeres en diversas actividades en todos los números y se hacían
reseñas de intervenciones de todo sentido: desde felicitaciones por
titulaciones o crónicas de delegaciones a conferencias internacionales. Así, se
entiende la serie de técnicas pedagógicas desplegadas como el telón de
dimensiones monumentales con imágenes de mujeres chilenas, las conferencias
realizadas por personalidades del momento con nombre y apellido, además de las
intervenciones artísticas todas ejecutadas por personalidades femeninas. Vemos
en este acontecimiento una participación de un amplio rango de mujeres en lo
público que ocupaban una diversidad de lugares sociales y políticos, haciendo
más evidente aún el gesto de marcar esa presencia. De este modo tenían sentido
las preguntas que se planteaba el Memch para la
exposición: “¿Por qué hemos luchado? ¿Qué hemos obtenido?” (“Nuestra independencia” 1). Al
respecto, Yocelyn Valdebenito destaca la opinión de
Elena Caffarena que afirmaba que el centro de la
actividad era destacar el rol de la “lucha en contra de la ignorancia y los
prejuicios. Contra las ventajas que sobre ella tiene el hombre en la pelea
diaria por la vida” (Lo político 229). Para la
autora, los énfasis de esta exhibición estaban
alineados políticamente con los discursos feministas nacionales e
internacionales de la época. Un ejemplo fue la cobertura de la exposición, sobre todo en los
medios donde suponemos trabajaban simpatizantes o activistas del Memch: en La
Nación, el día 12 de enero se anunció la charla de la alcaldesa de Santiago,
Graciela Contreras, indicando que “se propone revelar por primera vez, en forma
detallada los esfuerzos que ha tenido que desarrollar para vencer los
prejuicios que se han opuesto al desempeño de su cargo por el solo hecho de ser
mujer. Valiéndose de fotos y estadísticas”. El subtítulo remarcaba que “Por
primera vez, revelará la lucha que ha debido sostener para vencer los
prejuicios que se oponen a que funciones públicas sean servidas por la mujer”
(“La alcaldesa” 13). Es evidente la crítica a la política excluyente en esa
descripción, una suerte de desquite por ver a una mujer en el cargo por primera
vez. En fin, al día siguiente, la crónica sobre el evento una vez acontecido
dio cuenta que la alcaldesa, fiel a la dignidad de su rango no realizó una
crítica descarnada a la política nacional, sino que echó mano a la operación
histórica de revisar a las mujeres en la historia de Chile e hizo una cuenta
pública de su gestión alcaldicia hasta ese momento (“Ante numerosa” 11).
Sin
embargo, la exposición con las características y el mensaje del Memch solo pudo ejecutarse en el contexto en el que se dio.
Si bien aún no se reconocía legalmente el voto de las mujeres y el Código Civil
las seguía considerando dependientes de algún varón, ya existía una trayectoria
del movimiento de mujeres que reconocía la incorporación de la fuerza de
trabajo femenina en el sistema de producción capitalista y las consecuentes
transformaciones en relación con la educación y relaciones familiares, entre
otros aspectos:
Ha tenido lugar en un
magnífico momento. Hoy día la mujer en Chile puede aspirar a todo. Tiene razón,
desde ser útil a la sociedad…
Además, la mujer cuenta con excelentes medios. Tiene hogar, tiene vida social… ¡Claro que existen lagunas! ¿Qué razones existen, pongo por caso, para que la mujer no
pueda ser diputado? (“Opinan las mujeres” 9)
A ello se
sumaba un gobierno progresista que había prometido devolver la mano por el
apoyo recibido en campaña con el reconocimiento de los derechos políticos a las
mujeres.
No es casual que esta
Exposición no se haya realizado antes, y no es en el espíritu de hacer
propaganda política que afirmamos que ella se inaugura justamente cuando en
Chile adviene un régimen auténticamente democrático, que abre vastos campos a
la actividad creadora de todos los grupos sociales, y muy especialmente a la
mujer, relegada hasta ahora al oscuro destino de la mal organizada familia
chilena. (“La mujer se ubica” 3)
5. Para concluir
Recibimos los
ecos de la exposición “La mujer en el progreso nacional” organizada por el Memch con las ansias de poder asistir ese 12 de diciembre
de 1939 a la inauguración. Imaginamos la magnificencia del telón de Laura Rodig con el rostro de cincuenta mujeres chilenas, del que
solo queda una fotografía reproducida en una de las portadas de La
Mujer Nueva. Casi
podemos sentir la efervescencia de la actividad para tener todo a tiempo, y
sostenerla por un mes: no faltaba ninguna de las mujeres conocidas del momento,
y podemos suponer una organización acuciosa con tareas y turnos asignados para
cumplir labores en una tercera jornada extraordinaria de trabajo femenino.
Sin duda el
esfuerzo de esta intervención fue coherente con el programa político del Memch, comprometido con el reconocimiento de los derechos
de las mujeres en Chile con un cambio social real. La exposición fue una
estrategia educativa para lograr ese objetivo y evidencia la perspectiva
integral de la política que tenía la organización. Se trató de una acción que
se transformó en una pedagogía antagónica a los discursos tradicionales,
logrando formas novedosas y efectivas, considerando la realidad y diversidad
del público que querían alcanzar. Buscaba así incorporar críticamente a las
mujeres en la historia nacional, demandar derechos que se hacían evidentes a la
luz de los datos, reconocer a las mujeres como sujetos políticos y cohesionar
al colectivo en su lucha.
Bibliografía
Acevedo de Hernández, Antonio. “Justo homenaje a
la mujer chilena se rinde en la exposición del Palacio de Bellas Artes”. Las Últimas Noticias, 1 en. 1940, p. 5.
“Amanda
Labarca H. en la Exposición de Actividades Femeninas”. La
Nación, 11 en. 1940, p.
5.
Anderson, Bonnie S., y Judith P. Zinsser.
A History of Their Own: Women in Europe from
Prehistory to the Present. Nueva York: Harper
& Row, 1988.
“Ante
numerosa concurrencia dictó ayer su charla la alcaldesa de Santiago”. La
Nación, 13 en. 1940, p.
11.
Antezana-Pernet, Corinne A. El Memch hizo historia. Santiago: Imprenta SEIT, 1997.
“Archivos
Mujeres y Géneros: Quiénes somos”. Archivo
Nacional de Chile.
www.archivonacional.gob.cl.
Barrancos, Dora. “Primera
recepción del término ‘feminismo’ en la Argentina”. Labrys:
Estudos Feministas/ Études Féministes, n.º 8, 2005. www.labrys.net.br.
Boletín de la Federación Chilena de Instituciones
Femeninas, n.º 5, nov. 1947. Archivo de Mujeres y
Género del Archivo Nacional de Chile, fondo Elena Caffarena,
caja 6, archivador 4, sobre 9.
Carvajal,
Osvaldo. El rol de los textos periodísticos sobre mujeres en la
trayectoria literaria de Marta Brunet. Tesis doctoral, Universidad de Chile, 2023.
Certeau, Michel de. La invención de
lo cotidiano,
I: Artes de hacer. Ciudad de México:
Universidad Iberoamericana, 1999.
Chartier, Roger. El mundo como representación. Barcelona: Gedisa, 1992.
Cortés Aliaga, Gloria. “Actividades femeninas:
Women’s collective exhibitions in Chile between 1914 and 1939”. Artl@s Bulletin, vol. 8, n.º 1, 2019, pp. 124-136.
_. “Laura Rodig: Lo
que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo”. Laura
Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace
al pueblo. Santiago:
MNBA, 2020. 10-27.
_. “Museos emancipadores: la acción colectiva
feminista en el Museo Nacional de Bellas Artes (Chile)”. Revista
Eletrônica da ANPHLAC, n.º 35, 2023, pp. 113-131.
www.revista.anphlac.org.br.
Duby, Georges, y Michelle Perrot, eds. Historia de
las mujeres: del Renacimiento a la Edad Moderna. Madrid: Taurus, 1991.
“En forma
brillante fue inaugurada ayer tarde la Exposición La mujer en la vida
nacional”. La Hora, 16 dic. 1939, p. 8.
“El Excmo.
señor Aguirre Cerda inaugurará mañana la exposición femenina”. La
Nación, 14 dic. 1939, p.
15.
“El 15 se
inaugura exposición de la mujer en el progreso nacional”. La
Nación, 12 dic. 1939, p.
13.
Errázuriz, Javiera. “Discursos en torno al sufragio femenino en Chile1865-1949”. Historia, vol. 2, n.º 38, 2005, pp. 257-286.
“Exposición
de actividades femeninas en Chile”. El Comercial
de Curicó, 16 nov. 1939,
s.p.
H. “La mujer
en el progreso nacional”. El Mercurio (Santiago), 13 di. 1939, p. 3.
Hernández, Carmen.
“Chile a fines del siglo XIX: exposiciones, museos y la construcción del arte
nacional”. Galerías del progreso: museos, exposiciones
y cultura visual en América Latina. Editado por Beatriz González Stephan y
Jens Andermann. Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2006.
261-290.
“Homenaje
a doctoras Eloísa Díaz y Ernestina Pérez se rinde hoy”. La Nación, 16 dic. 1939, p. 11.
I. L. L. “La
mujer en el progreso nacional”. La Nación, 19 dic. 1939, p. 5.
Käppeli,
Anne-Marie. “Escenarios
del feminismo”. Historia de las
mujeres, tomo 4: El siglo XIX. Dirigido por George Duby y
Michelle Perrot. Madrid: Taurus, 2020. 521-558.
“La alcaldesa
de Santiago dará esta tarde una charla en la Exp. de
Actividades Femeninas”. La Nación, 12 en. 1940, p. 13.
La Comisión Organizadora. “La mujer en el progreso nacional”. La
Nación, 13 dic. 1939, p.
7.
“La
Exposición Femenina se inaugura esta tarde”. La Nación, 15 dic. 1939, p. 14.
“La
exposición femenina que se inaugura esta tarde”. La Hora, 15 dic. 1939, p. 12.
“Las
enseñanzas de nuestra exposición femenina ‘La Mujer en el Progreso Nacional’”. La
Mujer Nueva, sept. 1940,
p. 6.
“La mujer se
ubica socialmente”. Frente Popular, 16 dic. 1939, p. 3.
“Lo que no se
exhibirá en Valparaíso”. La Mujer Nueva, n.º 8, jul. 1936, p. 1.
Marticorena, Francisca. “Más allá de un siglo llega hasta el presente: La expresión artística y
política feminista de Laura Rodig”. Laura
Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace
al pueblo. Santiago:
MNBA, 2020. 61-66.
Memch: antología
para una historia del movimiento femenino en Chile. Santiago: Minga, 1983. Fondo Olga
Poblete, Archivo Mujeres y Género, Archivo Nacional de Chile.
Montero, Claudia.
“La conformación de discurso feminista en diálogo con los discursos sociales:
Las mujeres frente a los problemas sociales del 30”. Revista
Universum, vol. 30,
2015, pp.153-171.
_. Y también
hicieron periódicos: cien años de prensa de mujeres en Chile 1850-1950. Hueders, 2018.
“Novedosa
audición radial se hace hoy desde la Exposición Femenina”. Frente
Popular, 8 en. 1940, p.
12.
“Nuestra
independencia y nuestra paz”. La Mujer Nueva, sep. 1940, p. 1.
“Opinan las
mujeres: la Exposición puso de relieve su capacidad y progreso”. Ercilla, en. 1940, p. 9.
Pinto, Julio. La historiografía chilena durante el
siglo XX: cien años de propuestas y combates. Valparaíso: América en Movimiento, 2016.
“Programa de
la exposición de Actividades femeninas”. La Nación, 21 dic. 1939, p. 6.
Puiggrós, Adriana.
La
educación popular en América Latina: orígenes, polémicas y perspectivas. Buenos Aires: Colihue, 2017.
Queirolo, Graciela.
“Mujeres, historias y feminismos: Reflexiones desde Argentina y Chile”.
Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas, vol. 22, 2020, pp. 1-10.
Rogers, Geraldine.
“Las publicaciones periódicas como dispositivos de exposición”. Revistas,
archivo y exposición: publicaciones periódicas argentinas del siglo XX. Coordinado por Verónica Delgado y
Geraldine Rogers. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2019. 11-27.
Rojas, Claudia y Ximena Jiles. “La extraordinaria acción política
protagonizada por el Movimiento pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, (Memch): 1935-1949”. Izquierdas, n.º 49, 2020, pp. 3352-3372.
Rubio, Graciela y Claudia Montero. “El Movimiento pro-Emancipación de las Mujeres de
Chile (Memch): desarrollo de una política integral y
formas de educación popular para el reconocimiento de los derechos de las
mujeres, 1935-1941”. Trashumante, n.º 17, 2021, pp. 174-197.
Scott, Joan. Gender and the Politics of History. Nueva York: Columbia University Press, 1988.
_. “Reverberaciones feministas”. Revista
CS, n.º 10, 2012, pp.
339-369.
“Se inauguró
la exposición femenina”. Diario Ilustrado, 16 dic. 1939, p. 4.
Trebisacce, Catalina. “Una historia crítica del concepto de
experiencia de la epistemología feminista”. Cinta Moebio,
n.º 57, 2016, pp. 285-295.
Uslenghi, Alejandra. Reseña de Argentina en
exposición: Ferias y exhibiciones durante los siglos XIX y XX, Quinto Sol, n.º 14, 2010, pp. 223-225.
Valdebenito, Yocelyn. “Infancia, historia y museo: Laura Rodig Pizarro, pionera en el desarrollo de la educación en
museos en Chile”. Laura Rodig:
lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo. Santiago: MNBA, 2020. 29-37.
_. Lo político
es un verbo: Laura Rodig Pizarro (1901-1972). Santiago: Cuarto Propio, 2023.
Villar Vásquez, Gorka y Guillermo Elgueda Labra. “Historia de la historiografía en Chile
y su relación con la política (siglo XX)”. Sur y Tiempo, n.º 8, 2023, pp. 162-184.
Woolf, Virginia.
Un
cuarto propio. Santiago:
Cuarto Propio, 2010.
Zeitler, Tomás Elías. “Cuarenta años de La
escritura de la historia:
reflexiones en torno a la operación historiográfica, de Michel de Certeau a
Paul Ricoeur”. Historiografías, vol. 9, 2015, pp. 65-80.
[1] Este artículo forma
parte del proyecto Fondecyt regular 1210431,
“Escrituras maestras: docentes en el campo cultural chileno (1880-1950)”.
[2] Para un análisis más
detallado sobre las prácticas de educación popular del Memch,
véase el artículo de Graciela Rubio y Claudia Montero.
[3] El concepto de operaciones históricas es
analizado por Michel de Certeau en La invención de lo cotidiano, I: Artes de hacer.
[4] El trabajo de archivo
fue hecho por la doctora Andrea Robles y la licenciada Ángela Zamora.
[5] Se revisaron los fondos
de Elena Caffarena y Olga Poblete del Archivo Mujeres
y Géneros del Archivo Nacional de Chile. Este trabajo estuvo a cargo de Ángela
Zamora.
[6] Los análisis sobre la
exposición que se han hecho hasta ahora han sido desde la historia del arte,
donde se reconoce el aporte de Gloria Cortés (“Actividades feministas”; “Museos
emancipadores”), Yocelyn Valdebenito (“Infancia”; Lo
político) y Francisca Marticorena.
[7] La información puede ser
revisada en Boletín de la Federación Chilena de
Instituciones Femeninas, n.º 5 (nov. 1947)
disponible en el Archivo Mujeres y Género, Fondo Elena Caffarena,
caja 6, archivador 4, sobre 9.
[8] El Memch
se disolvió en 1942, luego de ello, varias de sus militantes continuaron su
participación en política organizada en la Fechif.
[9] Agradezco a Daniela
Manzi que en conversación académica me dio estos datos de su investigación.
[10] Para más detalles acerca
de la lucha del Memch consulte la obra de Claudia
Montero (“La conformación”).
[11] En diversas cartas se
menciona esta petición, por ejemplo, Carta a Esther H. de Irarrázaval (17
noviembre 1939), miembro del comité local Memch
Antofagasta; Carta a Yolanda Moraga (22 noviembre 1939), miembro del comité
local Memch Concepción. Ambas cartas disponibles en
el fondo Elena Caffarena, Archivo Mujeres y Género
del Archivo Nacional de Chile.
[12] Jorge Jiles
era el esposo de Elena Caffarena, por lo tanto, nos
cabe la pregunta si estos fondos correspondían al señor Jiles,
o pudieron ser de Elena que, según la ley de la época, el manejo de sus bienes
estaba a cargo del marido.
[13] Lamentablemente solo se
conserva una reproducción de una fotografía del telón publicada por el
periódico La Mujer Nueva (fig. 1). A propósito de la fragilidad de la conservación de la
producción de Laura Rodig, Gloria Cortés ha realizado
una reflexión crítica de la Exposición “Laura Rodig:
lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo” del 2020.
[14] Este documento puede ser
consultado en el Archivo Mujeres y Género del Archivo Nacional, fondo Elena Caffarena, caja 7, documento sin número (manuscrito).
[15] Archivo Mujeres y Género,
Archivo Nacional de Chile. Fondo Elena Caffarena,
caja 7, documento sin numeración (mecanografiado).
[16] Revisar autoras como Joan Scott (Gender); Georges Duby y Michelle Perrot; Bonnie
Anderson y Judith P. Zinsser.