Revista de Humanidades n.º 54: 425-467

ISSN 0717-0491, versión impresa

ISSN 2452-445X, versión digital

DOI: https://doi.org/10.53382/issn.2452-445X.1047

revistahumanidades.unab.cl

 

 

El Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch) y la exposición “La mujer en el progreso nacional” (1939): estrategias de educación popular y operaciones históricas para una historia de las mujeres[1]

 

The Pro-Emancipation Movement of Chilean Women (Memch) and the Exhibition “Woman in National Progress” (1939): Popular Education Strategies and Historical Operations for a Women’s History

 

 

Claudia Montero

Universidad de Valparaíso

Instituto de Historia y Ciencias Sociales

Serrano 546, Valparaíso Chile

claudia.montero@uv.cl

ORCID: 0000-0001-5209-0931

 

 

 

Resumen

 

El artículo tiene como objetivo analizar la exposición “Actividades Femeninas. Mujeres en la vida nacional: su contribución a las actividades y el desarrollo político, social, económico y cultural de Chile” realizada por el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch) en 1939. Desde un acercamiento teórico de la historia cultural y la historia feminista, se plantea que para la organización esta exposición corresponde a una estrategia pedagógica como parte de sus prácticas de educación popular. Su idea era difundir el discurso feminista tanto dentro como fuera de la organización, planteando el reconocimiento de las mujeres como sujetos sociales y políticos. Con ello realizaron tres operaciones históricas: cuestionamiento al relato historiográfico tradicional, visibilización de datos sobre las mujeres en la historia y una intervención pública.

 

Palabras clave: historia feminista, movimiento de mujeres, historia Chile del siglo XX, Memch.

 

Abstract

 

The article aims to analyze the Exhibition “Women’s Activities. Women in National Life: Their Contribution to the Political, Social, Economic, and Cultural Development of Chile”, organized by the Pro-Emancipation Movement of Chilean Women (Memch) in 1939. Drawing on theoretical approaches from cultural history and feminist history, it argues that the organization conceived the exhibition as a pedagogical strategy within its practices of popular education. Its goal was to disseminate its feminist discourse both within and beyond the organization, advocating for the recognition of women as social and political subjects. Through this initiative, Memch carried out three historical operations: a critique of the traditional historiographical narrative, the visibility of data about women in history, and a public intervention.

 

Keywords: Feminist History, Women’s Movement, History Chile XX Century, Memch.

 

Recibido: 06/03/2025           Aceptado: 13/05/2025

 

 

 

Esta exposición rinde homenaje a todas las mujeres de Chile,
desde la más conocida hasta la más humilde y anónima,
y espera que la visión general que aquí se presenta sirva de
estímulo para su acción futura […] Esta exposición
pretende orientar a la mujer sobre sus posibilidades de acción
dentro del progreso del país.

(Folleto de la exposición “La Mujer en la vida Nacional”, MEMCH: Antología para una historia del movimiento femenino en Chile)

 

En Las Últimas Noticias del 1 de enero de 1940 se publicó una crónica titulada: “Justo homenaje a la mujer chilena se rinde en la exposición del Palacio de Bellas Artes”, la bajada del texto contenía un error, una desprolijidad que no es extraña tratándose de actividades feministas. La mentada exposición en realidad tenía lugar en el edificio que se preparaba para albergar al Museo Histórico Nacional en lo que ahora es el Archivo Histórico (Miraflores 50, Santiago de Chile), a un costado de la Biblioteca Nacional. El evento se trataba de la Exposición “Actividades femeninas. Mujeres en la vida nacional: su contribución a las actividades y el desarrollo político, social, económico y cultural de Chile” realizada por el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch) entre el 12 de diciembre de 1939 y el 12 de enero de 1940. La nota escrita por Acevedo de Hernández continuaba:

 

No es una exposición completa, se ha hecho de los recursos y el tiempo con que se contaba, cuanto fué [sic] posible hacer, pero este croquis demostrativo da una lejana proporción de lo que la mujer chilena vale en todas las actividades.

Cuando se entra, se ve en primer lugar, un gran panneau debido a la entusiasta Laura Rodig, que ocupa la muralla del frente y en él están bocetadas gran cantidad de valiosas figuras femeninas. (5)

 

El tono usado por el periodista deja entrever una subvaloración y condescendencia de las acciones de mujeres y feministas en lo público. A pesar de ello, se ve impactado por la puesta en escena con la que se encuentra: un lienzo monumental de 25 metros de largo por 15 de alto en el que se representaba a cincuenta mujeres importantes en la vida nacional, de autoría de Laura Rodig. Ubicado para que fuera la primera visión que se tuviera al ingresar al edificio, estaba iluminado dramáticamente para llamar la atención, impresionar y conmover a los visitantes, que fue exactamente lo que el cronista relata. A partir de esa primera impresión la exposición conducía a un recorrido que proponía una nueva lectura sobre la historia de las mujeres en Chile, acorde con la defensa de sus derechos políticos y sociales. Resulta interesante rescatar que la primera exposición temporal del Museo Nacional en su locación de Miraflores estuvo a cargo de una organización feminista que planteaba una museografía moderna y una interpretación histórica con perspectiva crítica. Resulta aún más interesante cómo esta exposición se sustentaba en una lectura crítica de los archivos, una operación que, casi noventa años después, sería retomada en el mismo edificio por el Archivo de Mujeres y Géneros del Archivo Nacional de Chile (Archivos).

El objetivo de este artículo es analizar esa exposición del Memch como una estrategia pedagógica de la organización, entendida como otra de sus prácticas de educación popular[2]. Recordamos que desde su fundación en 1935, El Memch se planteó la demanda de derechos políticos, sociales y civiles de las mujeres, con logros como el reconocimiento del voto municipal en 1934 (Errázuriz); sin embargo, sus acciones se dirigieron en diferentes frentes bajo la concepción de una política integral de las mujeres (Rubio y Montero). Lo que proponemos es que mediante la exposición se elabora un discurso feminista que porta una narrativa histórica distinta. Considerando que la organización estableció una estrategia de educación popular que se orientaba a incorporar críticamente a las mujeres en la historia nacional en el marco de la ideología del progreso (Rubio y Montero), creemos que el Memch realizó una serie de operaciones históricas evidenciadas en la exposición[3]: en primer lugar, cuestionar el relato historiográfico tradicional que excluía a las mujeres de la historia. En segundo lugar, levantar una serie datos sobre la presencia de las mujeres en una diversidad de ámbitos del quehacer nacional como una evidencia irrefutable de la acción de las mujeres en lo público. Y, en tercer lugar, intervenir públicamente en un momento determinado de la historia de Chile –primer gobierno del Frente Popular–, en el que se consolidaba a las mujeres como sujetos políticos.

Creemos que es importante analizar cómo el movimiento feminista ha pensado integralmente la relación entre política y educación para nutrir las perspectivas contemporáneas del movimiento. Las acciones del Memch nos llegan como reverberaciones, es decir, como ecos que traen el pasado al presente, según las palabras de Joan Scott, aunque este llega de manera parcial. Si bien las reverberaciones evidencian una continuidad histórica de la situación de las mujeres en la sociedad, escuchar esos ecos considerando las condiciones actuales, nos permiten ir más allá de una historia compensatoria y confirmar que los intereses de las mujeres son de incumbencia de toda la sociedad tanto en el pasado como en la actualidad.

En términos metodológicos, se realizó un análisis documental para seleccionar un conjunto de fuentes de diverso tipo que nos informaron de la organización, características, participantes y otros elementos en relación con la exposición[4]. Estos fueron prensa de medios nacionales y regionales, prensa de mujeres, cartas, archivos personales[5], además de la discusión académica actual en la historia del arte[6]. Con ello pudimos hacernos de una descripción del evento, cuestión fundamental ya que se trata de un objeto de investigación con una materialidad y una temporalidad situada. Dado su carácter efímero, no es posible acceder nuevamente a la experiencia original, lo que hace indispensable su reconstrucción para aplicar las herramientas del análisis crítico de discurso, y comprender las operaciones históricas realizadas por el Memch.

 

1.      Algunos elementos conceptuales

 

La exposición como dispositivo formaba parte del repertorio de objetos y fenómenos culturales disponibles en la primera parte del siglo XX para la creación de sentidos sociales (Uslenghi 223). Si bien tienen un origen en la Europa del siglo XVIII, es a partir de la segunda mitad del siglo XIX con las exposiciones universales, que se plantean como espacios para la construcción de narrativas fundacionales echando a andar una discursividad nueva a través de la exhibición (Hernández 266). Considerando el contexto de los albores del capitalismo, la vida pública implicaba mostrarse y estar a la vista, de tal forma que la cuestión de la exhibición implica una dimensión performativa del qué y cómo se expone, se subexpone o sobreexpone. Más allá, permite mostrar incluso aquello que no existe (o no existe todavía), como era el caso de mujeres respecto de los derechos plenos en el año 1939. Geraldine Rogers a partir de su lectura de Benjamin, Huberman y Hamon, plantea que la exposición debe ser considerada como un entorno diseñado para mostrar; en el caso del Memch, era mostrar la evidencia de las mujeres en la historia. Se configura como una presentación racional de textos e imágenes, y que se traduce en la creación de un espacio medible en metros, que posee un costo de producción, además de una dimensión ética, estética e ideológica. Ello queda plasmado en la selección de lo que se muestra, cómo se expone, la organización de los recorridos y finalmente la suposición de cómo el público recorrería el espacio (Rogers 21).

Las exposiciones de fines del siglo XIX desarrolladas por las naciones fueron expresiones del deseo de incorporar modelos hegemónicos como signo de modernidad (Hernández 266). Esta idea fue tomada por organizaciones sociales que aprehendieron ese modelo para hacer circular sus discursos y propuestas políticas, releyendo la potencialidad de la exposición para lograr fines de reconocimiento como grupos de interés social y político. Un antecedente de ello para el caso del movimiento de mujeres fue la “Sección feminista” en la Exposición Nacional en Argentina en 1898, donde se exhibieron trabajos realizados por mujeres de diverso tipo, como manualidades, artes pláticas y piezas ornamentales asociadas con lo femenino. Según Dora Barrancos, esa exposición permitió, entre otras cosas, plantear la crítica de la subordinación femenina y la falta de derechos de las mujeres. En la misma línea podemos entender la vitrina de la tienda Fulham and Putney rama de la Women’s Social and Political Union en Londres, organización conocida por desarrollar productos promocionales para el financiamiento de las campañas por el sufragio femenino en Inglaterra, y que en su vitrina exhibía infografías y materiales de propaganda política en el tono exposición (Käppeli 550). Si bien no hay trabajos académicos sobre exposiciones realizadas por el movimiento feminista en otros países, resulta verosímil de acuerdo con estos antecedentes y la propia exposición del Memch, de que fue una estrategia utilizada por las organizaciones de mujeres a lo largo del mundo, que buscaban reivindicar sus derechos, por lo que resultaría interesante investigar sobre la exposición como lenguaje político usado por el feminismo.

En el caso del Memch, podemos observar las operaciones del dispositivo descritas por Rogers, al autogestionar una exposición que tenía fines políticos hacia dentro y hacia fuera de la organización. No fue una novedad que plantearan este tipo de eventos en Chile, ya que hubo exposiciones previas para dar cuenta de la producción de mujeres en el espacio público. Este fue el caso de los organizados por la Sociedad Artística Femenina y el Club de Damas, que tenían el objetivo de promover la circulación de obras plásticas de firma de mujeres en un intento de reconocimiento de su profesionalización en el campo de la pintura. Como consigna Gloria Cortés, la primera fue en 1913 en los salones de El Mercurio donde se presentaron obras de unas cuarenta artistas (“Actividades femeninas” 128). Aún más importante fue la de 1927 organizada para celebrar el quincuagésimo aniversario del Decreto Amunátegui. Si bien estas exposiciones no tenían necesariamente una connotación política, Gloria Cortés afirma que fueron espacios de autorrepresentación y autolegitimación que cuestionaron subrepticiamente el canon pictórico de marca patriarcal (“Actividades femeninas”).

El Memch retomó esta tradición para crear nuevos sentidos sociales y plantear un contradiscurso a exposiciones como las de la Unión Femenina de Chile 1936. Esta última se presentó para la celebración del centenario de Valparaíso, donde el objetivo era mostrar la acción femenina asociada al rol de reproducción asignado socialmente a las mujeres, ello se traducía en una muestra de trabajos manuales, artesanías y otros similares. El Memch hizo una dura crítica a través de la nota publicada en La Mujer Nueva –su órgano de difusión– titulada “Lo que no se exhibirá en Valparaíso”. En ella acusaron a la Unión Femenina de ignorar el llamado a la defensa de los derechos de las mujeres y trabajadoras. Ironizaron diciendo que, por cada bordado, media o zapato expuesto, se debía indicar la remuneración de miseria de las trabajadoras que lo ejecutaron (“Lo que no” 1). Tres años después, arremetieron con una exposición que pretendía resaltar el aporte de las mujeres en lo político, social, económico y cultural, y también la “indiferencia y hostilidad que tuvieron que superar para lograrlo” (Cortés, “Actividades femeninas” 132).

Podemos entender la exposición del Memch de 1939 como una respuesta a estas otras exposiciones para plantear la defensa de los derechos de las mujeres desde la postura feminista concordante con el objetivo de la organización, que iba más allá de la lucha por el reconocimiento al voto para las mujeres, sino la transformación de las estructuras sociales, políticas y culturales que sostenían la desigualdad de género (Rojas y Jiles). Desde una perspectiva integral, el Memch articuló sus demandas con reivindicaciones laborales, educativas y de salud sexual y reproductiva, cuestionando el orden patriarcal en el ámbito público y en el privado. Sus acciones combinaron la movilización social con una activa producción de pensamiento feminista en la prensa y en espacios institucionales (Rubio y Montero). Respecto de la exposición de 1939, suponemos que hicieron una buena evaluación de los resultados del dispositivo, porque hay registro de una cuarta exposición en 1946[7], es decir, hubo dos más de las que no tenemos detalles, más que esta última estuvo a cargo de Federación Chilena de Organizaciones Femeninas (Fechif) que se formó en 1944 y que contó con la participación de las memchistas[8]. En una investigación en curso a cargo de Daniela Manzi, se trabaja sobre la reedición de la exposición en el Congreso Nacional de Mujeres de 1944 en la Universidad de Chile, citada, a su vez por Alessandri en 1946 en su rol de presidente del Senado sobre el proyecto de ley de sufragio universal[9].

En tanto dispositivo, articularon exposición con educación, de acuerdo con las estrategias de educación popular desarrolladas por el Memch que tenían el objetivo de construir identidades en el movimiento (Rubio y Montero). Esta articulación tiene sentido en la medida que son prácticas sociales que producen una diversidad de sentidos susceptibles de ser leídos o recibidos desde ángulos diferentes. Mediante la exposición, el Memch creó una pedagogía, ya que estableció una trama de vinculaciones con otras prácticas sociales (Puiggrós 18): en este caso fuera de la institucionalidad escolar, para un público adulto, auspiciada por un Estado a cargo de un gobierno que se asumía progresista como el del Frente Popular, y desarrollada por una organización que se definía autónoma y feminista.

El Memch tuvo una estrecha relación con el Frente Popular desde su fundación, particularmente mediante el Partido Comunista que propició la organización a través de una de sus más importantes integrantes, Marta Vergara. El Memch adhirió e hizo campaña activa en la candidatura de Pedro Aguirre Cerda, por lo que el apoyo que obtuvo para realizar la exposición, como, por ejemplo, el uso del edificio del futuro Museo Histórico Nacional, puede entenderse como una vuelta de mano. Durante el gobierno frentepopulista, el Memch respaldó activamente las políticas de fomento a la educación, la salud pública y los derechos laborales, especialmente aquellas dirigidas a mujeres trabajadoras, campesinas y pobladoras. La organización participó en campañas de alfabetización, en la promoción de leyes de protección a la maternidad obrera y en demandas por igualdad salarial, interviniendo como un actor social que demandaba soluciones a las necesidades de las mujeres (Antezana-Pernet).

Las prácticas de educación del Memch, y entre ellas la exposición, pueden entenderse como educación popular tal como la define Adriana Puiggrós, ya que la exposición sería una de las múltiples prácticas en juego que producen numerosos discursos y gérmenes de discursos pedagógicos. Formaría parte de las pedagogías diversas que son antagónicas y alternativas en el propio Estado, y que encarnan el papel de la educación en las transformaciones que se producen en las relaciones entre las fuerzas sociales. En este caso, del movimiento feminista y que desbarata la idea de educación solo como una vía institucionalizada y despolitizada.

Desde la mirada de las epistemologías feministas, lo que echan a andar las memchistas es su experiencia para producir conocimiento mediante la exposición. Según Catalina Trebisacce, la experiencia ha sido el recurso usado para hablar de aquello que no tenía palabras o reconocimiento, en este caso, para nombrar y poner en evidencia el efecto de las mujeres en los procesos sociales, políticos y económicos hasta ese momento invisibilizados por el poder. Para la autora, este poder “desprecia, deslegitima y subestima y finalmente no ve sujetos subalternos; ni sus historias, ni sus condiciones específicas de existencia” (288). Se entiende que este conocimiento producido desde la experiencia es situado, es decir, asume el lugar desde el que se produce, lo que necesariamente implica una responsabilidad ética (288), como todas acciones que realiza el Memch a través de su exposición. Por otra parte, en la exposición también se creó un espacio de memoria alternativa, a decir de Gloria Cortés al hablar de los museos emancipados. Es una evidencia de los agenciamientos diversos de las organizaciones políticas de grupos subalternizados para llamar la atención sobre su constitución como sujetos políticos (“Museos emancipadores” 115).

 

 

2.      Quién habla a quién en la exposición

 

El Memch se formó en 1935 en el contexto de la organización de la política de frentes populares de la izquierda y la consolidación de un movimiento de mujeres a nivel internacional. Fue una organización política y feminista clave en la historia del feminismo en Chile durante el siglo XX, con el objetivo de buscar el reconocimiento de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de las mujeres, la legitimación de su acción pública, con acento en la lucha por la mejora de las condiciones de vida de las trabajadoras.

Desde sus inicios, el Memch se distinguió por ser una organización amplia y plural, que incluía a mujeres de distintas clases sociales, en particular aquellas vinculadas al mundo obrero, lo que marcó una diferencia respecto de otros grupos de mujeres de la élite liberal. Si bien no estuvo formalmente afiliado a ningún partido político, el Memch mantuvo una relación cercana con el Partido Comunista, varias de sus miembros también militaban en el Partido Socialista y el Radical (Antezana-Pernet).

El Memch luchó por una amplia gama de derechos y reformas, que iban desde el sufragio femenino, hasta la lucha por la protección de la maternidad, la igualdad salarial, y el acceso de las mujeres a la educación y al trabajo en condiciones dignas[10]. Un elemento central fue la emancipación, no solo en términos políticos, sino también en el ámbito social y económico, entendiendo que la verdadera libertad de las mujeres debía ser integral. Esto se tradujo en su trabajo de base y su capacidad de movilización. A través de sus comités locales, logró articular a mujeres de distintas provincias del país, conectando las luchas de las grandes ciudades con las necesidades de las zonas rurales, tarea en que la revista La Mujer Nueva se convirtió en un espacio fundamental para la formación al interior del movimiento, la difusión de sus ideas y la articulación del pensamiento feminista de la época hacia afuera de la organización (Antezana-Pernet).

 

El discurso del Memch tuvo un carácter interclasista, democrático, antifascista, internacionalista y pluripartidista, que se expresaba en un feminismo radical para su época. Esto implicaba la convicción de que las propias mujeres debían liderar la defensa de sus derechos. A pesar del apoyo a los partidos de izquierda, cuestionaban las suposiciones de las organizaciones masculinas que veían la emancipación de las mujeres como parte de una liberación social más amplia. Se argumentaba que no debía ponerse en la agenda de reivindicaciones, ya que restaría fuerza a la emancipación del pueblo. Sin embargo, el Memch sostenía que esta postura ocultaba la sujeción histórica de las mujeres. En un entorno donde los derechos individuales no estaban completamente protegidos y los derechos sociales eran desconocidos, este movimiento promovió una visión política integral.

Entre sus formas de funcionamiento, desarrollaron diversas estrategias en vista a la formación de las mujeres que participaban de la organización. Autoras como Antezana-Pernet han descrito las reuniones de los comités locales como espacios fundamentales para la formación política, donde se recibía el periódico La Mujer Nueva como documento didáctico entre correligionarias. Otros espacios que funcionaron para la formación mutua fueron las asambleas semanales en la capital y los congresos nacionales, instancias que congregaban a la totalidad de las integrantes del movimiento. Esto se complementaba con mítines, concentraciones y conferencias en las que solían llenar teatros y ocupar las calles (Antezana-Pernet). De esta forma, el Memch conformó prácticas militantes y organizativas articuladas con formas de educación política e ideológica. Vemos en estas prácticas de educación feminista, un acuerdo con los discursos pedagógicos del marxismo (Puiggrós), en el sentido que plantean un programa de lucha dentro de un Estado, que implicaba la formación del sujeto revolucionario a partir de la educación integral del hombre, en este caso, del sujeto del feminismo, es decir, la formación integral de las mujeres como sujetos políticos.

 

 

3.      Qué se exponía en la exposición

 

La exposición “Actividades Femeninas. Mujeres en la vida nacional: su contribución a las actividades y el desarrollo político, social, económico y cultural de Chile” se inauguró en diciembre de 1939 luego de seis meses de preparación. Contamos con los documentos del fondo Elena Caffarena y del fondo Olga Poblete en el Archivo de Mujeres y Géneros del Archivo Nacional de Chile, donde rescatamos apuntes de preparación y una serie de cartas enviadas por la directiva a diversas autoridades realizando solicitudes para la producción, y otras entre correligionarias del Memch para aportar fondos y actividades. En cada una de las comunicaciones se evidencia el objetivo de resaltar el progreso de las mujeres en los asuntos mencionados. Las dimensiones éticas, estéticas e ideológicas de la exposición se unían en un discurso que desafiaba las miradas conservadoras sobre el rol social de las mujeres, haciendo hincapié en exponer la lucha por sus derechos incluyendo los sociales, políticos, culturales y económicos. Esto se traducía en una pedagogía popular para la transformación social, que tenía efectos en la organización y hacia afuera. De hecho, en cartas enviadas por Elena Caffarena en su calidad de secretaria general del Memch a comités de provincias, se sugería el envío de por lo menos dos delegadas para visitar la exposición arguyendo el aprendizaje que se adquiriría y que pudiese ser replicado a las compañeras en las ciudades provinciales. Se lamentaba, eso sí, que la organización no pudiese costear gastos de traslados[11]. Por otra parte, en las memorias del Memch se declaraba que la exposición tuvo los objetivos de:

 

A la mujer que visita la exposicion” […] pretende orientar a la Mujer sobre sus posibilidades de acción dentro del progreso del país, indicando la labor que lleva realizada hasta el momento en todos los campos de la vida nacional.

Al hombre que visita la exposicion” […] obtener del Hombre un amplio reconocimiento hacia la Mujer, colaboradora infatigable tanto en su vida individual como en la vida nacional y al mismo tiempo, lograr del dirigente una más amplia comprensión de las aspiraciones sociales y políticas de la Mujer Chilena en la actualidad. (Memch: antología 40)

 

La comisión organizadora y curatorial estuvo compuesta por miembros del Memch y profesoras del Liceo Manuel de Salas, además de la participación de reconocidas intelectuales, artistas, profesionales de diversas áreas, quienes diseñaron el entorno para mostrar, según lo planteado por Rogers. Este implicó un costo, que según la correspondencia ascendió a $30.000 de la época, y que la organización solventó a través de donaciones tanto de entidades públicas (como la Universidad de Chile que donó $2.000, el Ministerio de Educación $8.000) o particulares como Jorge Jiles que donó $10.000[12], y el presidente de la República $5.000, lo que refuerza la vuelta de mano por el apoyo del Memch a su campaña presidencial. También recibieron aportes de los diversos grupos de provincia del Memch, como queda consignado en un comprobante de recepción de dinero del grupo de Curicó, dando cuenta de la orgánica del Memch caracterizada por comités que funcionaban en los barrios a lo largo del país. Otra forma de financiamiento fue una rifa realizada en coordinación con la Lotería de Concepción (organización de alcance nacional), de la que queda como huella el n.º 403 del talonario correspondiente, apoyo que suponemos proveniente de las redes con las que contaban las memchistas que formaban parte de la élite. En una entrevista realizada a una de las organizadoras, declaraba que para ejecución de la intervención se contaba “francamente, con el puro entusiasmo del Comité Organizador, y el optimismo, en parte no defraudado de que contaríamos con el apoyo de las autoridades y de las mujeres de Chile” (“La exposición” 12). En la práctica, ese apoyo se solicitó mediante una declaración pública para solicitar fondos a las “mujeres de toda clase social y política” que fue publicada en diversos medios de circulación regional, como lo muestran los recortes conservados de El Comercial de Curicó y de otro periódico sin identificar de Collipulli. En el texto se condensó lo que se desplegó performáticamente en la exposición:

 

Próximamente, […] se inaugurará […] una gran Exposición que demostrará el aporte que la mujer chilena ha dado, en todo orden de actividades, a la vida nacional. Desde los tiempos más remotos de nuestra historia, ha sido la mujer un elemento social tan valioso como el hombre, en las más diversas actividades y aportando a todas ellas capacidad y eficiencia que a la larga han enriquecido nuestra existencia nacional. En estos momentos en que un Gobierno de avanzada y comprensivo de todos los problemas sociales y políticos, nos dirige, la mujer chilena debe hacer presente todos sus valores y obtener definitivamente un amplio reconocimiento a la acción callada que ha venido desarrollando. […] el Comité Organizador de la Exposición, apela a las mujeres de todos los sectores sin distinción de clase, credo político u ocupación, a fin de obtener de ellas una contribución voluntaria, por modesta que sea, y allegar los fondos necesarios para materializar esta obra. Nadie podrá negar el alcance que tal Exposición tendrá y la inmensa repercusión que una obra de tal naturaleza pueda llegar a tener en la opinión pública general y constituir el argumento más serio en favor de las aspiraciones de la MUJER CHILENA. (“Exposición de actividades” s.p.)

 

Suponemos que es frente a este llamado que, en una entrevista a una de las memchistas parte de la organización, se declara que recibieron escasa respuesta de las mujeres en términos económicos. Sin embargo, esto fue recogido por el Memch como argumento para justificar la importancia de la exposición, ya que “esto es sintomático de algo que nosotras estamos dispuestas a destruir, pues en el fondo sabemos solo significa desidia, incomprensión y pesimismo” (“La exposición” 12). De tal forma, se justificaba la acción política evidenciando la dimensión ideológica que tiene el dispositivo exposición según los planteamientos de Rogers. Por otra parte, en la entrevista se reconocía que, en contraposición a la falta de respuesta de la población femenina general, recibieron el apoyo de las autoridades de gobierno, tanto en términos monetarios como políticos. Y frente a la necesidad de financiamiento, manifestaron que pretendían completarlo con la venta de entradas y la venta de stands a instituciones públicas y negocios, como la Municipalidad de Santiago, la Caja del Seguro Obrero, Telares Minerva, Fábrica Yarur y la Peluquería Solaris.

La exposición fue montada originalmente en Santiago y luego itineró a Valparaíso (Escuela Barros Luco) y Viña del Mar (Liceo de Niñas). El espacio fue usado de tal manera de conmover en la primera impresión, esa fue la intención que lograron con el telón de autoría de Rodig[13], lo que a todas luces fue una expresión de manejo de lenguaje de exposición articulado con esfuerzos de producción artística (ver Figura 1). Rodig tenía una trayectoria que la abalaba como curadora con énfasis social formada en París (Valdebenito, Lo político), y para ello diseñó un efecto lumínico tanto en el telón como en las estanterías que conformaron el recinto. Para ello se gestionó la donación de los costos de electricidad con el presidente de la compañía eléctrica nacional. La directiva del MEMCH se dirigió a través de carta con un tono de seguridad que develaba la convicción de la importancia del evento, apoyado, además, por el aval del Presidente de la República. De la misma forma, se solicitó a José Perotti, director de la Escuela de Artes Aplicadas, el préstamo de vitrinas para disponerlas para la exposición. Parte de estos apoyos se fundaban en las redes de las memchistas de elite, donde algunos maridos que ocupaban cargos en estas organizaciones visaron los préstamos.

 

 

 

Figura 1

Fotografía de telón de Laura Rodig publicada en la portada de La Mujer Nueva (septiembre de 1940)

 

 

La efectividad del montaje se hizo evidente en las crónicas que hablaban de la espectacularidad de la puesta en escena donde los más conservadores la calificaron como de “buen gusto, refinado, sencillo, elocuente” (I. L. L. 5), y las que mostraban más cercanía con la organización no dudaron en magnificar la crítica subtitulando crónicas como: “Hermoso aspecto presenta la distribución de las salas” (“En forma” 8). Este tipo de notas salieron en diversos medios periodísticos como La Nación, La Hora, Qué Hubo, Familia. A continuación, se presenta una tabla con las menciones que tuvo la exposición en distintos medios de la prensa nacional, lo que da cuenta de su resonancia pública y cobertura en el debate contemporáneo.

 

Tabla 1

Menciones en los medios de prensa nacional.

 

Publicación

Tipo

Menciones

Detalle

El Mercurio de Santiago

Periódico

4 menciones

1 anuncio

1 crónica

2 artículos de opinión

La Unión (Valparaíso)

Periódico

4 menciones

1 crónica

3 anuncios de programa

La Hora

Periódico

13 menciones

1 artículo

3 crónicas

9 anuncios de programa

Frente Popular

Periódico

10 menciones

1 crónica

5 artículos

3 anuncios

1 reportaje (?)

El Diario Ilustrado

Periódico

4 menciones

2 artículos

1 anuncio

1 crónica

Las Últimas Noticias

Periódico

1 mención

1 noticia

La Opinión

Periódico

9 menciones

7 anuncios de programa

2 artículos

Vea

Revista

2 menciones

2 anuncios

Ercilla

Revista

1 mención

1 noticia

Que Hubo

Revista

2 menciones

1 noticia

1 reseña

La Nación

Periódico

13 menciones

1 reportaje

1 transcripción

10 noticias

1 entrevista

 

 

Fuente: elaboración propia.

 

Si bien estos medios eran lejanos al feminismo en términos de línea editorial, el seguimiento y el tono de los insertos sobre la Exposición revelan la mano de trabajadoras memchistas o simpatizantes del movimiento en sus redacciones. Este fue el caso de Marta Brunet que, en calidad de directora de la revista Familia, entrevistó a Elena Caffarena en diciembre de 1939. La revista formaba parte del grupo Zig-Zag que, siendo un grupo conservador, era una publicación que mostró la tensión de alentar a las mujeres en el espacio público y calmar las ansiedades que ello provocaba (Carvajal 191), y en la acción editorial de Brunet se cuela su simpatía por el movimiento feminista y hace un guiño a sus amigas del Memch con una entrevista a tres páginas. Un caso distinto es la propia Marta Vergara que insertó notas relativas al evento en la revista Frente Popular, medio de carácter militante, donde Vergara usó el espacio en su calidad de doble activismo. También la voluntad militante se hizo presente en la transmisión radial de la Radio Hucke desde el mismo edificio a través del programa “La Hora del Público” conducido por la periodista María Teresa (“Novedosa” 12). Estos medios se transformaron en un órgano de difusión de la exposición gracias a la militancia extendida en los lugares de desempeño laboral de las periodistas. Desplegaron un lenguaje en extremo convincente de la significación de lo que se presentaba, reforzando el objetivo del Memch. En los periódicos, se hizo un seguimiento persistente antes y durante el evento, anunciando los programas de cada día y comentando las intervenciones que, en la lectura a casi cien años, siguen despertando las ansias por visitar la exposición al leer frases como: “A las 19:45 aproximadamente, brilló el ambiente, por los hermosos adornos y la iluminación, y comenzó la función en la que las mujeres de Chile destacan su contribución a la Independencia de nuestra nacionalidad” (“En forma” 8). O cuando dicen que “El conjunto presenta una forma novedosa y original como antes no se había realizado en Chile en esta clase de torneos” (“El Excmo.” 15), o se observaba que “Un aspecto extraordinario presentaba el local de la Biblioteca artísticamente adornado con banderas y flores y con una iluminación extraordinaria” (“Se inauguró” 4).

Por su parte, el despliegue de producción se hizo echando mano a un discurso que recogía elementos de una tradición de superioridad moral de las mujeres en tanto portadoras de un lugar de respeto como reproductoras de la sociedad. Mezclado con la seguridad de Elena Caffarena, coordinadora de la Comisión Organizadora, que contaba con reconocimiento como figura pública y por su clase social. Este discurso integraba elementos del programa feminista memchista, que reclamaba como justos los derechos de las mujeres con el convencimiento de querer cambiar la narrativa hegemónica que invisibilizaba la acción femenina en la sociedad. Esa convicción de que se estaba realizando una intervención pública de toda seriedad e importancia fue desplegada performática y materialmente como en el uso de papel con membrete de la exposición para las cartas y la impresión de mil afiches del texto “La Mujer en la Vida Nacional”. Todo para mostrar aquello que aún no existía y que la exposición permitía crear como horizonte de posibilidad: mujeres con derechos plenos.

Según la descripción del diario La Nación, el espacio medible en metros –como define Rogers– se conformaba por una sucesión de salas temáticas: la sección enseñanza, presentación de las escuelas de Visitación Social y Enfermeras, sala de actividades políticas de la mujer, sala de las artes y las letras, sala de los deportes, un rincón destinado a las luchas por mejores condiciones económicas en el que se daban a conocer nombres de luchadoras sociales. Francisca Marticorena indica que la exposición contaba con:

 

la curaduría […] de Amanda Flores de Perotti […] las temáticas centrales fueron desarrolladas por Clara Williams de Yunge, ‘La mujer en la producción’; Felisa Vergara, ‘Organizaciones femeninas’; Olga Acevedo, ‘Sección literatura’ y Marta Elba Miranda, quien elabora biografías y realiza encuestas. (65)

 

Entre los papeles de la organización encontramos los apuntes de la planificación de esas salas, donde se consignaba la encargada de realizarla y sus contenidos.

Destaca la intención de mostrar los nombres de las primeras mujeres en la ocupación de cargos públicos, en las organizaciones de mujeres y feministas, en las profesiones, un ejercicio muy cercano a lo que se ha definido como historia compensatoria. Es decir, un enfoque historiográfico surgido en la década de 1970 que plantea corregir la invisibilidad de las mujeres en la narrativa histórica y que cuestiona los sesgos que las ignoraron como sujetos históricos. Cuarenta años antes en Chile y fuera del espacio académico, las notas manuscritas agregadas a las actas mecanografiadas del Memch sobre la organización de la exposición, reflejan lo que se tradujo en las operaciones históricas realizadas en ella. Esto se materializó en la inclusión de gráficos, números y otras evidencias que hacían irrefutable la acción de las mujeres en lo público. Acá unos apuntes de la mano de Caffarena:

 

Destacar las dificultades que han debido vencer las mujeres para obtener su título profesional. / Señalar los requisitos especiales que se ha exigido o se exige a las mujeres / Gráficos con el número de mujeres que han obtenido y destacar su aumento por décadas.[14]

 

En línea con enfatizar la acción de las mujeres en el espacio público, se ofreció un stand para la editorial Nascimento para vender el libro de Marta Elba Miranda Mujeres célebres de Chile. En carta de Elena Caffarena al editor, indicaba que “El Libro […] nos ayudará a nuestra labor de divulgación de las personalidades femeninas, y al mismo tiempo significará para la editorial una ventaja comercial pues seguramente será adquirido en gran número por la exposición”[15]. De la misma forma, se ofrecía espacio a la editorial Zig-Zag solicitando venta expresa de libros de autoría femenina, en la lógica de la ganancia mutua: beneficios por las ventas para la editorial y la promoción de la producción de mujeres para la organización, que apoyaba el mensaje de resaltar el aporte femenino en la sociedad.

La representación racional de textos e imágenes que conformaron un recorrido y que suponían un público objetivo, según lo planteado por Rogers, incluyó al ya mencionado montaje de salas temáticas, los materiales gráficos de datos objetivos sobre la condición de las mujeres en Chile, la disposición de mobiliario para transformar el vestíbulo del recinto en sala de concierto, una programación diaria que combinaba conferencias magistrales, charlas, números artísticos de poesía, baile, teatro y música, presentación de libros y homenajes.

El recorrido que se abría en el hall central con el mentado telón se acompañaba de una escultura de Rebeca Matte, bustos de Gabriela Mistral y otro de Amanda Labarca, con lo que se rendía homenaje a mujeres vivas aliadas del Memch. El recorrido además incluía un programa de actividades, donde, por ejemplo, se abría la jornada con la conferencia de Elena Caffarena “Por qué hemos presentado esta exposición”, seguía con “Danzas interpretativas de arte nacional y araucano” por Emilia Graham y música de Agustina Basualto de Olguín. Otro día se contó con la charla de la embajadora de Estados Unidos en Chile, Mrs. Bowers, dedicada a la mujer chilena, luego en el canto estuvo Graciela Matte de Magnare, poemas declamados por Teresa de León. Una charla íntima titulada “Recuerdos y experiencias de una mujer que superó y mejoró su medio social”, de una “distinguida escritora chilena” la que estaba reservada a mujeres, en lo que ahora definiríamos como una reunión “separatista” (“Programa” 6). Y finalizaba con un homenaje a Ernestina Pérez y Eloísa Díaz por la agrupación médica femenina de Chile (“Homenaje” 11). Entre las actividades del mes también dictaron conferencias Ana Mac Aulife “Madre y Niño”; Felisa Vergara con “El problema carcelario en Chile”, Salvador Allende (ministro de Salubridad del momento) con “Protección al niño y defensa de la raza”, Amanda Labarca con “Breve reseña de la evolución cultural de la mujer chilena” y la alcaldesa de Santiago Graciela Contreras (“La Exposición Femenina se inaugura” 14; “Amanda Labarca” 5; “La alcaldesa” 13).

 

Figura 2

Programa de la exposición publicado en La Nación (21 de diciembre 1939, p. 6).

 

 

La dimensión performática se desplegó de manera evidente el día de la inauguración. Las crónicas consignaron la presencia de las autoridades, desde el presidente de la República, sus ministros, cuerpo diplomático y autoridades de educación (figs. 3 y 4). Todos atendidos por la directiva del Memch con Caffarena a la cabeza, quienes actuaron según el rango que asumían tenía la exposición como reconocimiento a la acción de las mujeres en lo público: de la más alta importancia. El objetivo era dejar la marca de la presencia de las mujeres en la historia de Chile a partir de ese momento y nunca más retroceder hacia la invisibilización. Podemos ver la seriedad desplegada en trajes formales, el protocolar uso de sombreros, gestos de formalidad como el estrechamiento de manos. Esto último es especialmente decidor del cambio social hacia un reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos por parte de un gobierno de Frente Popular. Vemos a Caffarena con mucha seguridad reproduciendo la performance de los hombres de política: brazo firme y sonrisa frente al presidente de la República (fig. 4). Esto como símbolo de la devuelta de manos por el apoyo dado por el Memch en la campaña presidencial y la promesa de Aguirre Cerda de reconocer el voto a las mujeres (cosa que no llegó a suceder). De esta forma se puede entender la nota aparecida en la revista Frente Popular:

 

No es casual que esta Exposición no se haya realizado antes, y no es en el espíritu de hacer propaganda política que afirmamos que ella se inaugura justamente cuando en Chile adviene un régimen auténticamente democrático, que abre vastos campos a la actividad creadora de todos los grupos sociales, y muy especialmente a la mujer, relegada hasta ahora al oscuro destino de la mal organizada familia chilena. (“La mujer se ubica” 3)

 

Figura 3

Fotografía de la inauguración de la exposición en la revista Qué Hubo

(9 de diciembre de 1939, p. 11)

 

 

Figura 4

Fotografía de la inauguración de la exposición publicada en Frente Popular

(16 de diciembre de 1939, p. 5).

 

 

Una muestra del éxito del efecto que quería lograr el Memch se lee cuando un cronista escribe:

 

La tarde del sábado la dedicamos los hombres a aquellas actividades que no nos merecen una especial importancia. Así, con cierto excepticismo(sic), llegamos al hermoso salón clásico que reunirá la historia objetiva y clasificada de Chile […] Así reaccionamos con algo de vergüenza por nuestra ignorancia, al recorrer la exposición femenina […] Creemos que los hombres tienen la obligación de conocer cuanto ignoran de sus madres, hijas, hermanas, novias y amigas. Creemos que del hogar algo saben pero estamos ciertos de que ignoran todo o casi todo de ellas en sus actividades humanitarias, intelectuales, educativas, profesionales, administrativas, y aún artísticas: visiten entonces esta Exposición y comprenderán, en toda su intensidad, que ellas son tan grandes, tan capaces, tan nobles como ellos. Llegamos escépticos y salimos rabo antes de plenas ilusiones es el progreso de Chile que cuenta con tan excelsa capacidad femenina. (I. L. L. 5)

 

 

4.      Las operaciones históricas del Memch en su exposición

 

Como afirmamos en la introducción, el Memch realizó por lo menos tres operaciones históricas que fueron desplegadas en la medida que entendían que la exposición era una estrategia pedagógica parte de su propuesta de educación popular. El análisis historiográfico que confirmaba la invisibilización de las mujeres se articulaba con la demanda de derechos que se podía experienciar mediante el recorrido del montaje que planteaba la nueva narrativa histórica. En ese sentido, entendemos que es una operación histórica, ya que, si bien el planteamiento no tiene vocación historiográfica, es una acción que busca producir conocimiento histórico, a la vez que cambio social. Son gestos que recogen y proponen y que resuenan con los planteamientos de De Certeau sobre las operaciones historiográficas. El autor plantea que la historia necesariamente se hace desde un presente que refleja tensiones entre quien estudia el pasado y el pasado mismo. Y si bien lo hace para reflexionar sobre la historiografía en el contexto de su renovación en los años sesenta, no es menos cierto que en la historiografía chilena hacia 1939 ya se había producido una apertura con la emergencia de la historia marxista que visibilizaba a sujetos sociales excluidos como los obreros (Villar y Elgueda). Con ello se definía una condición de posibilidad en la disciplina para la proposición de nuevas narrativas históricas que reconocieran la acción de otros excluidas como las mujeres. De Certeau define tres dimensiones de estas operaciones: la práctica del lugar, las prácticas epistemológicas y la escritura narrativa para dar sentido al pasado. En ellas, se debe considerar el contexto social e institucional desde donde se produce la historia, los métodos y técnicas que se usan para construir las narrativas, y su escritura, que es la que configura el sentido del pasado (Zeitler), ideas cercanas a las operaciones que hizo el Memch.

La primera operación fue el cuestionamiento a la exclusión de las mujeres del relato historiográfico. Para el Memch esto formaba parte de su acción política, y tenía antecedentes, ya que “el oficio de la historia ha sido en Chile más campo de batalla que torre de marfil, más enfrentamiento político que mero ejercicio académico” (Pinto 7). De tal forma, el relato historiográfico hegemónico, influido por el positivismo y una idea de la historia de progreso basada en la política de los grandes hombres, no reconocía a las mujeres como sujetos históricos, cuestión que disputó el Memch:

 

Hay que reconocer que la historia de la mujer es algo, más o menos desconocido. El papel eminentemente doméstico que se le asignó hasta el pasado siglo solo hacía pensar en ella a través de los madrigales. Hoy la sociedad moderna la ha incorporado plenamente a todas sus actividades, es de elemental justicia que tenga entonces también el rango que le corresponde en nuestra historia nacional. (“Las enseñanzas” 6)

 

Uno de los gestos en esta operación fue nombrar a mujeres, tanto de la actualidad como de la historia, usando los diversos lenguajes presentes en el montaje: textual, plástico, teatral y musical. Por ejemplo, los nombres de las mujeres conocidas que participaron en la Independencia fueron insistentemente mencionados en las conferencias. También sus hazañas fueron representadas a través de acuarelas de autoría de dos niñas escolares, Carmen Badosa y Clementina Hernández, que la crítica dijo:

 

han logrado dar vida con propiedad y elegancia a los episodios que esas heroínas vivieron. Son finas de color, poseen el sentido de la composición y demuestran que podrían captar cuánto de bello tiene la Historia de Chile. Creo que nunca antes de ellas, esos temas se habían tratado con mayor acierto. (Acevedo de Hernández 5)

 

De la misma forma, se realizaron representaciones teatrales de escenas del período histórico, reconociendo a las grandes mujeres de la historia. Sin embargo, más allá de alimentar los mitos o jugar al empate levantando nombres para responder a una historiografía de carácter patriarcal, el Memch planteó la idea de reconocer la condición de la mujer como sujeto social y visibilizó al colectivo femenino en los diversos períodos:

 

Ahora, repasando hechos y períodos nos hemos preguntado: ¿cuál ha sido la característica social de la mujer chilena?, ¿ha luchado verdaderamente por su país, por sus derechos o por sus intereses? Y remontándonos a la Independencia, o sea, a los comienzos de nuestra historia nacional, nos hemos encontrado como respuesta, con acciones extraordinarias de un valor poco común: vemos que junto a la tímida niña detrás de la reja existió la patriota valiente y audaz, cuyos actos si bien aislados no fueron por eso menos importantes.

Más tarde, cuando llega la hora de luchar por algo solo de ella, también nos encontramos con acciones aisladas, con pequeños grupos clarovidentes, con mujeres de raro carácter que se esfuerzan por toda una generación, que recogen otros ejemplos de energía espiritual y enriquecen nuestro patrimonio de libertades y derechos. Existen evidentemente mayores esfuerzos femeninos organizados que los que se suman a la conquista de los derechos exclusivos de la mujer, pero estos se aplican a las luchas políticas de distintos bandos y sobre todo a la obra de caridad o religiosa.

En el pueblo la encontramos que, valiente hasta la heroicidad cuando se une a la lucha ofrece su vida y aun la de sus hijos, pero que también abnegada y humilde, acepta las tareas inferiores contribuyendo a la conquista de ventajas sociales en las que los beneficios del hombre y la mujer no están equiparados. La vemos batallar por ella y por los suyos, como si estuviese sola frente a su destino. Poco sabe unir su hombro al de otra mujer hasta formar un muro y de ahí esos gráficos que podrán contemplarse, y que representan cientos de miles de mujeres trabajando en situación cual si fuera de seres indefensos. (La Comisión Organizadora 7)

 

Se enfatiza la presencia de las mujeres en la historia en labores reproductivas y productivas, lo que se relaciona con la idea de reescribir la historia, cuestión planteada por Virginia Woolf en Un cuarto propio una década antes. Esta reescritura debería apuntar a reconocer la presencia de las mujeres en su estatus de sujeto social y no como un accesorio o como un estanco separado de la historia. Esto es especialmente sensible en momentos en que aún no se les reconocían los derechos plenos y que, sin embargo, se tematizó teóricamente hasta casi el fin del siglo XX, como lo hizo Joan Scott en los años ochenta.

Otro gesto de la operación histórica de cuestionar el relato historiográfico hegemónico fue plantear una periodización específica que incluyera a las mujeres. Lo hicieron en el montaje de la sala sobre Historia de la educación de las mujeres, que ordenaron en los períodos de Colonia y República, y esta última dividida en 1810-1842; 1842-1852; 1852-1879; 1880-1900; y 1900-1930. Los subperíodos que componían la etapa republicana fueron definidos en relación con procesos de la historia política y social de Chile, con la intención de pugnar por un espacio en ellos. La teoría contemporánea ha observado cómo las narrativas históricas seleccionan unos eventos por sobre otros, invisibilizando a ciertos sujetos históricos (Chartier), lo que es particularmente desarrollado a propósito de las mujeres desde la historia de género con autoras como Joan Scott. La apuesta de esta última es crear nuevas periodizaciones que cuestionen exclusiones y silenciamientos, además de visibilizar la experiencia de las mujeres[16], que fue lo que hizo el Memch cuarenta años antes de los planteamientos de la teoría de la historia contemporánea. El llamado a la crítica historiográfica estaba en sintonía con los cambios políticos y sociales del Chile de las primeras décadas del siglo XX que vio la emergencia de nuevos sujetos sociales entre ellos, las mujeres. Recordamos que el movimiento de mujeres comenzamos a verlo a partir de la década de 1870, todavía sancionado como legítima expresión política. Fue a partir de la primera década del siglo XX con la crisis del sistema político oligárquico, que se reconoce la acción de las mujeres en lo público, y a regañadientes. En entrevista en La Nación a María Marchant de González Vera, profesora de Liceo Manuel de Salas, declaraba:

 

Desde la mitad del último siglo, las mujeres tuvieron la fortuna de que hombres de gran visión y de gran poder –como Bulnes, Santa María, Balmaceda y Miguel Luis Amunátegui– se ocuparan de la educación femenina y le crearan una educación durable, propia de estadistas verdaderos. Desde entonces la mujer chilena, si se la quisiera comparar con las mujeres del centro y del sur del continente, ha tenido oportunidades de privilegio, no porque se lo conquistaran, sino por la excepcional circunstancia que he mencionado. Llamará la atención a que don Andrés Bello y don Diego Barros Arana no figuren en ella. Ello se debe a que no se ocuparon especialmente de la educación femenina. (“El 15 se inaugura” 13)

 

La ironía que se usa para evidenciar el silenciamiento por parte de grandes intelectuales que pensaron la historia de Chile, da cuenta de la rigurosidad al momento de plantear su lectura crítica. Esta incluyó una mirada que discriminó entre los grandes hombres aliados en el reconocimiento a los que no.

Por otra parte, se daba cuenta de la falta de trabajos que analizaran la historia de las mujeres en particular, reconociendo que no necesariamente se debía a la falta de fuentes, sino a que no concitaban interés por parte de estudiosos de matriz patriarcal. Sin embargo, se reconocía la necesidad de archivo, lo que se traducía en la muestra de documentos en lo que se podía reconocer la acción femenina. La miopía frente a las mujeres en la historia se hizo grito tanto en el montaje, como en la campaña comunicacional para difundirla. Un ejemplo de ello fue la conferencia de la primera alcaldesa de Santiago en funciones en ese mismo momento, Graciela Contreras, que pasó revista por la presencia de las mujeres en la historia de Chile desde la Independencia. Lo mismo hicieron conferencistas como Amanda Labarca con su trabajo “Breve reseña de la evolución cultural femenina en Chile”, y la embajadora de Estados Unidos en Chile, Mrs. Bowers. En la prensa se publicaron diversas notas generadas por la comisión organizadora como la del miércoles 13 de diciembre de 1939 en La Nación, titulada “La mujer en el progreso nacional”. Una cuestión que emerge es el énfasis en la historia de Chile a partir de la República, incluyendo la independencia, una valoración que puede dar luces de líneas de lectura historiográfica críticas a las lecturas conservadoras que rescataban la colonial como un valor nacional. El conjunto de presentaciones que reconocían el papel de las mujeres en la historia logró el objetivo de generar nuevos sentidos sociales para hacer una historia de las mujeres en el sentido contemporáneo de la disciplina.

La segunda operación fue entregar evidencia de la acción de las mujeres en la historia y en la vida nacional, este gesto se puede comparar con la historiografía de mujeres en su etapa reivindicativa. Esta implica la recuperación, reinterpretación y valorización de las contribuciones de las mujeres, entregando datos que permitan afirmar la participación de las mujeres de manera irrefutable (Queirolo), objetivo que se logró al leer críticas como la siguiente, que se valora aún más viniendo de El Mercurio:

 

Una vez más tendremos que inclinarnos respetuosos ante la laboriosidad femenina. Considerada esta Exposición con un criterio nuevo que tiende a presentar un panorama de las actividades femeninas, encerradas en los marcos de una estructuración científica y cronológica que permitía al espectador junto con apreciar una muestra magníficamente organizada, recibir una visión de conjunto del aporte femenino. (H. 3)

 

Se destaca la presentación de evidencia científica a través de gráficos, estadísticas, fotografías, recortes de periódicos, mapas, que componían las salas temáticas para generar el recorrido de la Exposición que daba vida a la experiencia pedagógica. Esta operación es consciente por parte de la organización, y así lo explicaron en sus comunicados:

 

Esta exposición […] ha de servir también de magnífica fuente de información sobre los aspectos más sobresalientes de la vida femenina en el país. En primer término, se ha recogido con admirable acierto un abundante material que refleja, en sus diversos aspectos, lo más notable y sobresaliente de la actuación de la mujer en Chile. Así, junto a secciones dedicadas a la historia, a la enseñanza y a la cultura, se exhiben elementos que revelan el valor intelectual y social de la mujer en todas las esferas del país. En este sentido, la exposición se coloca en un plano admirable de proyección pedagógica, ya que se ha orientado la preparación de una serie de gráficos, estadísticos y otros elementos de interés nacional. […] Se ha hecho algo que merece meditación profunda. Se ha señalado, con admirable acierto, a través de la historia educativa de la mujer, su cooperación en el campo de las ciencias sociales, médicas, artísticas y del magisterio, con lo cual se demuestra cómo las mujeres chilenas no se han quedado rezagadas en la lucha por la cultura y la educación. Además, se ha destacado también la importancia que ha tenido la mujer en los diversos sectores del trabajo, desde los comienzos de la época de la independencia nacional, y la importancia que tiene la educación en la preparación para la vida pública de la mujer chilena. Al respecto, cabe mencionar que en la exposición figuran valiosos documentos de gran interés histórico y social, los cuales han sido clasificados y analizados para ofrecer al visitante una idea precisa de los logros obtenidos por las mujeres en los últimos años en los más diversos campos de la actividad humana. Señalemos también, entre los elementos más importantes de la exposición, los gráficos relativos a la distribución geográfica de las mujeres en las diversas profesiones liberales. A este respecto, cabe decir que la exposición ha permitido demostrar que las mujeres chilenas han incursionado en casi todos los campos profesionales, desde la medicina hasta la abogacía, pasando por la enseñanza y la literatura. Por otra parte, es preciso hacer notar que la exposición cuenta con una valiosa sección dedicada a las primeras mujeres que han obtenido un título profesional en Chile. (H. 3)

 

Los hechos indiscutibles eran utilizados para cumplir un doble objetivo hacia adentro de la organización como dispositivo didáctico y hacia afuera como creadora de nuevos sentidos sociales sobre el rol de las mujeres. Se hacía evidente la intención de formar al colectivo político de mujeres con la entrega de datos que permitieran demandar derechos, ya que a la luz de la evidencia no se pudiera negar la participación de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida nacional. El Memch sabía que eran una minoría demandando derechos y que era necesario formar a las mujeres para ello. A la vez, querían contribuir a la generación y/o fortalecimiento de las políticas públicas, así lo expresaron en la prensa de la época:

 

abordar problemas como el analfabetismo, tomadas separadamente cada sexo; ausentismo de las escuelas primarias y secundarias, el auge de las escuelas, etcétera. Se presentará también un mapa educacional que permitirá apreciar cómo hay provincias bien atendidas en sentido escolar y otras casi abandonadas. (“El 15 se inaugura” 13)

 

Haciendo la separación estadística entre varones y mujeres se podían hacer análisis basados en la diferencia sexual para desarrollar programas específicos para mujeres. Han tenido que pasar casi noventa años para entender ese ejercicio realizado por el Memch.

Una vez montada la exposición, su efecto fue logrado cuando intelectuales como Lenka Franulic reconocían que:

 

esta Exposición ha constituido una verdadera revelación sobre la capacidad de organización de sus promotoras, al mismo tiempo que ha sido una sorpresa para las propias mujeres de Chile que en cierto modo ignoraban, por no haber tenido nunca antes la oportunidad de apreciar en la forma panorámica en que ha sido presentada esta vez, el alcance y trascendencia del progreso alcanzado por la mujer chilena desde las luchas por la independencia hasta las más recientes en favor de su emancipación. Estoy cierta de que al abandonar el Museo Histórico donde se efectuó dicha Exposición, cada mujer lo hacía, en cierto modo, consciente de su importancia dentro del desarrollo del país a la vez que con una nueva sensación de responsabilidad. (“Opinan las mujeres” 9)

 

A las referencias se sumaron intervenciones teatrales sobre escenas de mujeres en la historia, como fue el caso de la Independencia con Javiera Carrera, Ángela Monasterio y Paula Jaraquemada, entre otras. La diversidad de formas de probar la acción femenina formaba parte del programa para el cambio social que implicaba la educación popular y la consecuente formación del sujeto político para ese cambio, en este caso, las mujeres:

 

Por eso, esta exposición que presentará el conjunto de actividades aisladas y organizadas, los hechos heroicos popularizados y desconocidos, los sacrificios anónimos y glorificados en un siglo de vida nacional tenderá a ser un clamor y una alerta popular, ya que junto a las que han dado y no han pedido, habemos otras que conocemos esta necesidad de alzar la voz como un acicate del progreso. (La Comisión Organizadora 7)

 

Los recursos desplegados en la exposición continuaron usándose en los distintos dispositivos con que contaba el Memch para difundir su programa político, así en La Mujer Nueva, su órgano de difusión desde su fundación en 1935, se transcribió parte de los contenidos expuestos: “Hoy al aparecer de nuevo al público nuestro periódico queremos extraer de ella todavía beneficios, haciendo un recuento de sus secciones más importantes, sobre todo la educacional, para aquellas compañeras que, por vivir en las provincias u otros motivos, no la visitaron” (“Las enseñanzas” 6). Según Yocelyn Valdebenito el propio proceso de organización permitió la consolidación de la agrupación, ejemplo de ello fue el primer encuentro en medio de “ese hormigueo de mujeres” entre Olga Poblete y Elena Caffarena, dos de las más importantes feministas de Chile del siglo XX (Lo político 230). Por su parte, la propia organización declaró que fue “uno de los esfuerzos más interesantes que se han hecho en los últimos tiempos por enriquecer los conocimientos colectivos” (“Las enseñanzas de nuestra” 6).

La tercera operación fue poner de manera evidente a las mujeres en lo público. Esta era una estrategia conocida en la prensa de mujeres (Montero, Y también), y que el Memch desarrolló en su revista La Mujer Nueva, donde incluían fotografías de mujeres en diversas actividades en todos los números y se hacían reseñas de intervenciones de todo sentido: desde felicitaciones por titulaciones o crónicas de delegaciones a conferencias internacionales. Así, se entiende la serie de técnicas pedagógicas desplegadas como el telón de dimensiones monumentales con imágenes de mujeres chilenas, las conferencias realizadas por personalidades del momento con nombre y apellido, además de las intervenciones artísticas todas ejecutadas por personalidades femeninas. Vemos en este acontecimiento una participación de un amplio rango de mujeres en lo público que ocupaban una diversidad de lugares sociales y políticos, haciendo más evidente aún el gesto de marcar esa presencia. De este modo tenían sentido las preguntas que se planteaba el Memch para la exposición: “¿Por qué hemos luchado? ¿Qué hemos obtenido?” (“Nuestra independencia” 1). Al respecto, Yocelyn Valdebenito destaca la opinión de Elena Caffarena que afirmaba que el centro de la actividad era destacar el rol de la “lucha en contra de la ignorancia y los prejuicios. Contra las ventajas que sobre ella tiene el hombre en la pelea diaria por la vida” (Lo político 229). Para la autora, los énfasis de esta exhibición estaban alineados políticamente con los discursos feministas nacionales e internacionales de la época. Un ejemplo fue la cobertura de la exposición, sobre todo en los medios donde suponemos trabajaban simpatizantes o activistas del Memch: en La Nación, el día 12 de enero se anunció la charla de la alcaldesa de Santiago, Graciela Contreras, indicando que “se propone revelar por primera vez, en forma detallada los esfuerzos que ha tenido que desarrollar para vencer los prejuicios que se han opuesto al desempeño de su cargo por el solo hecho de ser mujer. Valiéndose de fotos y estadísticas”. El subtítulo remarcaba que “Por primera vez, revelará la lucha que ha debido sostener para vencer los prejuicios que se oponen a que funciones públicas sean servidas por la mujer” (“La alcaldesa” 13). Es evidente la crítica a la política excluyente en esa descripción, una suerte de desquite por ver a una mujer en el cargo por primera vez. En fin, al día siguiente, la crónica sobre el evento una vez acontecido dio cuenta que la alcaldesa, fiel a la dignidad de su rango no realizó una crítica descarnada a la política nacional, sino que echó mano a la operación histórica de revisar a las mujeres en la historia de Chile e hizo una cuenta pública de su gestión alcaldicia hasta ese momento (“Ante numerosa” 11).

Sin embargo, la exposición con las características y el mensaje del Memch solo pudo ejecutarse en el contexto en el que se dio. Si bien aún no se reconocía legalmente el voto de las mujeres y el Código Civil las seguía considerando dependientes de algún varón, ya existía una trayectoria del movimiento de mujeres que reconocía la incorporación de la fuerza de trabajo femenina en el sistema de producción capitalista y las consecuentes transformaciones en relación con la educación y relaciones familiares, entre otros aspectos:

 

Ha tenido lugar en un magnífico momento. Hoy día la mujer en Chile puede aspirar a todo. Tiene razón, desde ser útil a la sociedad… Además, la mujer cuenta con excelentes medios. Tiene hogar, tiene vida social… ¡Claro que existen lagunas! ¿Qué razones existen, pongo por caso, para que la mujer no pueda ser diputado? (“Opinan las mujeres” 9)

 

A ello se sumaba un gobierno progresista que había prometido devolver la mano por el apoyo recibido en campaña con el reconocimiento de los derechos políticos a las mujeres.

 

No es casual que esta Exposición no se haya realizado antes, y no es en el espíritu de hacer propaganda política que afirmamos que ella se inaugura justamente cuando en Chile adviene un régimen auténticamente democrático, que abre vastos campos a la actividad creadora de todos los grupos sociales, y muy especialmente a la mujer, relegada hasta ahora al oscuro destino de la mal organizada familia chilena. (“La mujer se ubica” 3)

 

5.      Para concluir

 

Recibimos los ecos de la exposición “La mujer en el progreso nacional” organizada por el Memch con las ansias de poder asistir ese 12 de diciembre de 1939 a la inauguración. Imaginamos la magnificencia del telón de Laura Rodig con el rostro de cincuenta mujeres chilenas, del que solo queda una fotografía reproducida en una de las portadas de La Mujer Nueva. Casi podemos sentir la efervescencia de la actividad para tener todo a tiempo, y sostenerla por un mes: no faltaba ninguna de las mujeres conocidas del momento, y podemos suponer una organización acuciosa con tareas y turnos asignados para cumplir labores en una tercera jornada extraordinaria de trabajo femenino.

Sin duda el esfuerzo de esta intervención fue coherente con el programa político del Memch, comprometido con el reconocimiento de los derechos de las mujeres en Chile con un cambio social real. La exposición fue una estrategia educativa para lograr ese objetivo y evidencia la perspectiva integral de la política que tenía la organización. Se trató de una acción que se transformó en una pedagogía antagónica a los discursos tradicionales, logrando formas novedosas y efectivas, considerando la realidad y diversidad del público que querían alcanzar. Buscaba así incorporar críticamente a las mujeres en la historia nacional, demandar derechos que se hacían evidentes a la luz de los datos, reconocer a las mujeres como sujetos políticos y cohesionar al colectivo en su lucha.

 

 

 

Bibliografía

 

Acevedo de Hernández, Antonio. “Justo homenaje a la mujer chilena se rinde en la exposición del Palacio de Bellas Artes”. Las Últimas Noticias, 1 en. 1940, p. 5.

“Amanda Labarca H. en la Exposición de Actividades Femeninas”. La Nación, 11 en. 1940, p. 5.

Anderson, Bonnie S., y Judith P. Zinsser. A History of Their Own: Women in Europe from Prehistory to the Present. Nueva York: Harper & Row, 1988.

“Ante numerosa concurrencia dictó ayer su charla la alcaldesa de Santiago”. La Nación, 13 en. 1940, p. 11.

Antezana-Pernet, Corinne A. El Memch hizo historia. Santiago: Imprenta SEIT, 1997.

“Archivos Mujeres y Géneros: Quiénes somos”. Archivo Nacional de Chile.
www.archivonacional.gob.cl.

Barrancos, Dora. “Primera recepción del término ‘feminismo’ en la Argentina”. Labrys: Estudos Feministas/ Études Féministes, n.º 8, 2005. www.labrys.net.br.

Boletín de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, n.º 5, nov. 1947. Archivo de Mujeres y Género del Archivo Nacional de Chile, fondo Elena Caffarena, caja 6, archivador 4, sobre 9.

Carvajal, Osvaldo. El rol de los textos periodísticos sobre mujeres en la trayectoria literaria de Marta Brunet. Tesis doctoral, Universidad de Chile, 2023.

Certeau, Michel de. La invención de lo cotidiano, I: Artes de hacer. Ciudad de México: Universidad Iberoamericana, 1999.

Chartier, Roger. El mundo como representación. Barcelona: Gedisa, 1992.

Cortés Aliaga, Gloria. Actividades femeninas: Women’s collective exhibitions in Chile between 1914 and 1939”. Artl@s Bulletin, vol. 8, n.º 1, 2019, pp. 124-136.

_.      “Laura Rodig: Lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo”. Laura Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo. Santiago: MNBA, 2020. 10-27.

_.      “Museos emancipadores: la acción colectiva feminista en el Museo Nacional de Bellas Artes (Chile)”. Revista Eletrônica da ANPHLAC, n.º 35, 2023, pp. 113-131. www.revista.anphlac.org.br.

Duby, Georges, y Michelle Perrot, eds. Historia de las mujeres: del Renacimiento a la Edad Moderna. Madrid: Taurus, 1991.

“En forma brillante fue inaugurada ayer tarde la Exposición La mujer en la vida nacional”. La Hora, 16 dic. 1939, p. 8.

“El Excmo. señor Aguirre Cerda inaugurará mañana la exposición femenina”. La Nación, 14 dic. 1939, p. 15.

“El 15 se inaugura exposición de la mujer en el progreso nacional”. La Nación, 12 dic. 1939, p. 13.

Errázuriz, Javiera. “Discursos en torno al sufragio femenino en Chile1865-1949”. Historia, vol. 2, n.º 38, 2005, pp. 257-286.

“Exposición de actividades femeninas en Chile”. El Comercial de Curicó, 16 nov. 1939, s.p.

H. “La mujer en el progreso nacional”. El Mercurio (Santiago), 13 di. 1939, p. 3.

Hernández, Carmen. “Chile a fines del siglo XIX: exposiciones, museos y la construcción del arte nacional”. Galerías del progreso: museos, exposiciones y cultura visual en América Latina. Editado por Beatriz González Stephan y Jens Andermann. Buenos Aires: Beatriz Viterbo, 2006. 261-290.

“Homenaje a doctoras Eloísa Díaz y Ernestina Pérez se rinde hoy”. La Nación, 16 dic. 1939, p. 11.

I. L. L. “La mujer en el progreso nacional”. La Nación, 19 dic. 1939, p. 5.

Käppeli, Anne-Marie. “Escenarios del feminismo”. Historia de las mujeres, tomo 4: El siglo XIX. Dirigido por George Duby y Michelle Perrot. Madrid: Taurus, 2020. 521-558.

“La alcaldesa de Santiago dará esta tarde una charla en la Exp. de Actividades Femeninas”. La Nación, 12 en. 1940, p. 13.

La Comisión Organizadora. “La mujer en el progreso nacional”. La Nación, 13 dic. 1939, p. 7.

“La Exposición Femenina se inaugura esta tarde”. La Nación, 15 dic. 1939, p. 14.

“La exposición femenina que se inaugura esta tarde”. La Hora, 15 dic. 1939, p. 12.

“Las enseñanzas de nuestra exposición femenina ‘La Mujer en el Progreso Nacional’”. La Mujer Nueva, sept. 1940, p. 6.

“La mujer se ubica socialmente”. Frente Popular, 16 dic. 1939, p. 3.

“Lo que no se exhibirá en Valparaíso”. La Mujer Nueva, n.º 8, jul. 1936, p. 1.

Marticorena, Francisca. “Más allá de un siglo llega hasta el presente: La expresión artística y política feminista de Laura Rodig”. Laura Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo. Santiago: MNBA, 2020. 61-66.

Memch: antología para una historia del movimiento femenino en Chile. Santiago: Minga, 1983. Fondo Olga Poblete, Archivo Mujeres y Género, Archivo Nacional de Chile.

Montero, Claudia. “La conformación de discurso feminista en diálogo con los discursos sociales: Las mujeres frente a los problemas sociales del 30”. Revista Universum, vol. 30, 2015, pp.153-171.

_.      Y también hicieron periódicos: cien años de prensa de mujeres en Chile 1850-1950. Hueders, 2018.

“Novedosa audición radial se hace hoy desde la Exposición Femenina”. Frente Popular, 8 en. 1940, p. 12.

“Nuestra independencia y nuestra paz”. La Mujer Nueva, sep. 1940, p. 1.

“Opinan las mujeres: la Exposición puso de relieve su capacidad y progreso”. Ercilla, en. 1940, p. 9.

Pinto, Julio. La historiografía chilena durante el siglo XX: cien años de propuestas y combates. Valparaíso: América en Movimiento, 2016.

“Programa de la exposición de Actividades femeninas”. La Nación, 21 dic. 1939, p. 6.

Puiggrós, Adriana. La educación popular en América Latina: orígenes, polémicas y perspectivas. Buenos Aires: Colihue, 2017.

Queirolo, Graciela. “Mujeres, historias y feminismos: Reflexiones desde Argentina y Chile”. Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas, vol. 22, 2020, pp. 1-10.

Rogers, Geraldine. “Las publicaciones periódicas como dispositivos de exposición”. Revistas, archivo y exposición: publicaciones periódicas argentinas del siglo XX. Coordinado por Verónica Delgado y Geraldine Rogers. La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2019. 11-27.

Rojas, Claudia y Ximena Jiles. “La extraordinaria acción política protagonizada por el Movimiento pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, (Memch): 1935-1949”. Izquierdas, n.º 49, 2020, pp. 3352-3372.

Rubio, Graciela y Claudia Montero. “El Movimiento pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (Memch): desarrollo de una política integral y formas de educación popular para el reconocimiento de los derechos de las mujeres, 1935-1941”. Trashumante, n.º 17, 2021, pp. 174-197.

Scott, Joan. Gender and the Politics of History. Nueva York: Columbia University Press, 1988.

_.      “Reverberaciones feministas”. Revista CS, n.º 10, 2012, pp. 339-369.

“Se inauguró la exposición femenina”. Diario Ilustrado, 16 dic. 1939, p. 4.

Trebisacce, Catalina. “Una historia crítica del concepto de experiencia de la epistemología feminista”. Cinta Moebio, n.º 57, 2016, pp. 285-295.

Uslenghi, Alejandra. Reseña de Argentina en exposición: Ferias y exhibiciones durante los siglos XIX y XX, Quinto Sol, n.º 14, 2010, pp. 223-225.

Valdebenito, Yocelyn. “Infancia, historia y museo: Laura Rodig Pizarro, pionera en el desarrollo de la educación en museos en Chile”. Laura Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo. Santiago: MNBA, 2020. 29-37.

_.      Lo político es un verbo: Laura Rodig Pizarro (1901-1972). Santiago: Cuarto Propio, 2023.

Villar Vásquez, Gorka y Guillermo Elgueda Labra. “Historia de la historiografía en Chile y su relación con la política (siglo XX)”. Sur y Tiempo, n.º 8, 2023, pp. 162-184.

Woolf, Virginia. Un cuarto propio. Santiago: Cuarto Propio, 2010.

Zeitler, Tomás Elías. “Cuarenta años de La escritura de la historia: reflexiones en torno a la operación historiográfica, de Michel de Certeau a Paul Ricoeur”. Historiografías, vol. 9, 2015, pp. 65-80.



[1]     Este artículo forma parte del proyecto Fondecyt regular 1210431, “Escrituras maestras: docentes en el campo cultural chileno (1880-1950)”.

 

[2]     Para un análisis más detallado sobre las prácticas de educación popular del Memch, véase el artículo de Graciela Rubio y Claudia Montero.

 

[3]     El concepto de operaciones históricas es analizado por Michel de Certeau en La invención de lo cotidiano, I: Artes de hacer.

 

[4]     El trabajo de archivo fue hecho por la doctora Andrea Robles y la licenciada Ángela Zamora.

 

[5]     Se revisaron los fondos de Elena Caffarena y Olga Poblete del Archivo Mujeres y Géneros del Archivo Nacional de Chile. Este trabajo estuvo a cargo de Ángela Zamora.

 

[6]     Los análisis sobre la exposición que se han hecho hasta ahora han sido desde la historia del arte, donde se reconoce el aporte de Gloria Cortés (“Actividades feministas”; “Museos emancipadores”), Yocelyn Valdebenito (“Infancia”; Lo político) y Francisca Marticorena.

 

[7]     La información puede ser revisada en Boletín de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, n.º 5 (nov. 1947) disponible en el Archivo Mujeres y Género, Fondo Elena Caffarena, caja 6, archivador 4, sobre 9.

 

[8]     El Memch se disolvió en 1942, luego de ello, varias de sus militantes continuaron su participación en política organizada en la Fechif.

 

[9]     Agradezco a Daniela Manzi que en conversación académica me dio estos datos de su investigación.

 

[10]    Para más detalles acerca de la lucha del Memch consulte la obra de Claudia Montero (“La conformación”).

 

[11]    En diversas cartas se menciona esta petición, por ejemplo, Carta a Esther H. de Irarrázaval (17 noviembre 1939), miembro del comité local Memch Antofagasta; Carta a Yolanda Moraga (22 noviembre 1939), miembro del comité local Memch Concepción. Ambas cartas disponibles en el fondo Elena Caffarena, Archivo Mujeres y Género del Archivo Nacional de Chile.

 

[12]    Jorge Jiles era el esposo de Elena Caffarena, por lo tanto, nos cabe la pregunta si estos fondos correspondían al señor Jiles, o pudieron ser de Elena que, según la ley de la época, el manejo de sus bienes estaba a cargo del marido.

 

[13]    Lamentablemente solo se conserva una reproducción de una fotografía del telón publicada por el periódico La Mujer Nueva (fig. 1). A propósito de la fragilidad de la conservación de la producción de Laura Rodig, Gloria Cortés ha realizado una reflexión crítica de la Exposición “Laura Rodig: lo que el alma hace al cuerpo, el artista hace al pueblo” del 2020.

 

[14]    Este documento puede ser consultado en el Archivo Mujeres y Género del Archivo Nacional, fondo Elena Caffarena, caja 7, documento sin número (manuscrito).

[15]    Archivo Mujeres y Género, Archivo Nacional de Chile. Fondo Elena Caffarena, caja 7, documento sin numeración (mecanografiado).

 

[16]    Revisar autoras como Joan Scott (Gender); Georges Duby y Michelle Perrot; Bonnie Anderson y Judith P. Zinsser.